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El campo, pobreza y soluciones posibles |
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Marx Aguirre Ochoa |
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Existen diferentes tipos de pobreza y en consecuencia, diferentes tipos de soluciones. Las causas de la pobreza que existen en los países son diferentes y las soluciones son distintas para cada caso, toda vez que las que sirven en uno, no son útiles en otro.
Con motivo de los trabajos en torno al estudio “Cambio climático y desarrollo rural”, que conjuntamente están realizando el gobierno del estado, el Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural, Rimisp y el Banco Mundial, puede percibirse además del deterioro ambiental y sus efectos como consecuencia del cambio en el clima, puede descubrirse también a los cientos de casos de agricultores y sus familias que siguen viviendo en condiciones de miseria y pobreza, en un campo incosteable e improductivo. Todo indicaría que el campo sigue siendo sólo un negocio para unos cuantos.
En México cada persona que participa en la producción cuenta en promedio con 2.5 hectáreas para su trabajo. En comparación, en Estados Unidos la cifra es equivalente a 44.4 hectáreas, casi 20 veces más. Pese a que parece enorme, esta cifra esconde la magnitud real de la diferencia. En Estados Unidos el sujeto agropecuario típico es un asalariado que labora en una gran granja comercial. En México es un campesino, comunero, ejidatario o minifundista particular, que debe arrancarle la autosubsistencia a un minúsculo pedazo de tierra, sin asistencia técnica, sin tecnología y sin recursos.
Sin embargo, en México, alrededor del 40 por ciento de la población sigue en la pobreza, y aproximadamente el 50 por ciento de los hogares en México tienen ingresos menores a 100 pesos diarios, según datos del Inegi. Según el Banco Mundial el campo mexicano perdió una cuarta parte de sus habitantes en una década, y entre 1988 y 1996, los trabajadores agrícolas restantes perdieron un 30 por ciento de su poder adquisitivo, déficit que todavía no han recuperado.
Por otro lado, conviene analizar un componente determinante de la pobreza, que es el factor cultural, y que se dimensiona con mucho peso, entre otros componentes que interactúan para reproducir la pobreza. El patrón cultural se forma alrededor del concepto central que genera y vincula a un conjunto de creencias, ideas y valores que fundamentan hábitos, actitudes, conductas y estructuras sociales.
El patrón cultural es un modo de pensar, de percibir el mundo y de pensarse a sí mismo, que hace que las personas acepten con tranquilidad el estado en el que viven. Todo ello se convierte en un hábito de vida apoyado en soportes de estructuras sociales y políticas, que son el resultado de los condicionantes en que opera la pobreza como patrón cultural.
Los intentos para transformar las condiciones en el medio rural podría suponerse, han fracasado, porque en el fondo sigue perdurando en la población el mismo patrón cultural: la pobreza como falta de motivación, con mentalidad y habilidades adecuadas para producir riqueza. Las sociedades pobres se presentan en un equilibrio estable resistente al cambio.
Sin embargo, si bien el problema posee un componente educativo, de cambio de mentalidades y actitudes, la solución exige que a la labor educativa se sumen acciones que promuevan organizaciones y mejoras económicas, que aporten nuevos patrones de convivencia y nuevos aprendizajes, para que los campesinos practiquen relaciones en la vida socioeconómica con nuevos enfoques. Es necesario proponer como elemento central de una nueva estrategia la realización de programas en los cuales la educación, la organización y la actividad productiva se mezclen para alcanzar la sinergia que es la esencia misma del desarrollo.
Hay muchos ejemplos de países y regiones donde la existencia de la desigualdad regional ha sido resuelta. Es el caso de la Unión Europea donde resolvieron los problemas de desigualdad entre los países miembros. Como es el caso de España, Alemania, y muchos otros, que han salido adelante en el combate a la pobreza. Claro, no se podrían comparar las circunstancias y los tiempos de cada país, sin embargo, puede poner de manifiesto, si otros lo han logrado, por qué México no podría hacerlo.
Realizar investigación de campo representa una oportunidad de diagnóstico, de redescubrimiento de las dificultades y obstáculos, de conocimiento de las fortalezas y debilidades, de lo hecho y lo no hecho, de lo mal hecho y de los aciertos. Pero lo más importante del contacto directo con la realidad, consiste en la posibilidad del diseño de soluciones, en la identificación de nuevos caminos, frente a una realidad de pobreza histórica.
¿Puede terminarse con la pobreza?, ¿es posible lograr que no haya campesinos pobres, con recursos deteriorados, sin más oportunidad que la resignación, la migración, la siembra de maíz por costumbre, con la esperanza de que “este año sea bueno y a ver si se da”? Las respuestas de coyuntura no son iguales a las soluciones definitivas. A pesar de tantos años, pareciera que el campo y la gente del campo todavía no son suficientemente comprendidas.
Soluciones grandes para grandes males, ¿cuántos años se necesitan para acabar o disminuir la pobreza rural, 10, 20, 30 años?, ¿qué se necesita para alcanzarlo? La conclusión pudiera ser simple: se puede.
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