Jueves 28 Agosto de 2014
¿Qué está pasando?
Carlos González Martínez
Domingo 21 de Abril de 2013 • Enviar nota    • Imprimir
Sólo hay algo peor que sentir angustia por lo que está pasando y es ¡no saber qué es lo que está pasando! Más aún si uno se siente desprotegido ante lo que percibe que está pasando. Y como si de un laberíntico juego de palabras se tratara, hoy, lamentablemente, puede decirse que eso nos está pasando en Michoacán.

Todos supimos lo que ocurrió el viernes en nuestro estado, pero nadie sabe qué es lo que pasó. Todos vimos la forma, pero desconocemos el fondo. Sufrimos la sabia diferencia que hacía Octavio Paz entre “la noticia” y “el acontecimiento”.

Los medios de comunicación, sobre todo en Internet y las redes sociales, nos dieron la noticia, dando cuenta cabal, puntual y hasta en tiempo real de la tensa paralización de Apatzingán y otras localidades de la región, del cierre de más de una veintena de palacios municipales y de escuelas en el territorio estatal, de los anuncios de violencia y hasta de bombas, de la movilización de contingentes con playeras blancas pero sin demandas claras, de la amenaza a personas y comercios y del sitio que vivió, una vez más, nuestra Morelia. Todo ello al mismo tiempo, como en una condensación apocalíptica.

La noticia fue clara pero el acontecimiento estuvo y está bajo una cortina de humo que nubla la vista e inquieta el ánimo colectivo y personal. Con esa combinación apareció la incertidumbre, la perplejidad y hasta cierta dosis de psicosis entre los michoacanos dentro y fuera del territorio. Morelia sitiada como en las viejas campañas militares donde el agresor encierra a su agredido dentro de su propia ciudad hasta asfixiarlo y rendirlo. Nadie sale y nadie entra hasta que el agresor lo permita o el agredido capitule. Todos lo supimos pero nadie nos ha explicado nada y lo necesitamos. Vinieron, vieron y vencieron… ¿y ahora qué?

Todo eso ocurrió, lo sabemos. ¿Pero qué pasó, qué está pasando? No sabemos, aunque todos lo suponemos. El rumor y la especulación comienzan a ganarle terreno a la certeza y la confianza. Mala idea. El estado tenso y el Estado terso: sin expresión. La sociedad preguntando, las instituciones callando. Es preciso que las autoridades nos expliquen, nos orienten y nos convoquen a enfrentar, entre todos, la situación.

No podemos hacer como si aquí no pasara nada, porque sí está pasando y en forma cada vez más grave. Si no nos hablan con claridad y se toman medidas pertinentes, la gente va a sacar sus propias conclusiones y va a organizarse como le venga y para lo que le venga en gana. Anarquía e indefensión, divide y vencerás, río revuelto y ganancia de pescadores. ¿Han oído hablar del famoso “Estado fallido”? Pues algo así.

Para colmo de males, todo lo que ocurrió pasó mientras el Congreso del Estado no lograba designar gobernador interino. Soy de los que está confiado en que una cosa (el desorden del viernes) no tiene que ver con la otra (la licencia del gobernador), pero no puede dejarse de advertir que la coincidencia en los tiempos y movimientos provocan una sensación de mayor incertidumbre.

El viernes fuimos sitiados. Todos y todas. Nos sometieron y no sabemos exactamente por qué o para qué. Seguramente alguien o algunos recibieron el mensaje que fue enviado, pero nosotros, que fuimos los mensajeros, nos quedamos con una inmensa zozobra. Necesitamos claridad, certeza y seguridad. Para eso se inventó hace algunos años al Estado. Lo necesitan los comerciantes, los transportistas, los empleados, los trabajadores, los empresarios, los estudiantes, las amas de casa, lo necesitamos todos.

En otras latitudes, la única manera de enfrentar con éxito situaciones como la que se manifestó el viernes ha sido con una actuación firme de las instituciones del Estado, basada en una estrategia precisa y una acción comunicativa clara y convocante, pero -sobre todo- con el respaldo y participación de la sociedad. La única forma de no perder el espacio público es recuperarlo.

No quiero evidenciar que veo demasiada televisión pero vean la reciente tragedia de Boston. Entre muchos otros factores, el episodio se resolvió rápido y relativamente bien gracias a la participación de la sociedad. De la angustia y zozobra se pasó a la confianza y la calma que da una palabra nada mágica y sí muy real: seguridad. Seguridad de saber qué pasa y cómo lo vamos a resolver. El estado pregunta, el Estado tiene la palabra.

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