Rogelio Macías Sánchez
Algo de música
De Gonzalo Curiel y la música mexicana
Martes 22 de Septiembre de 2015
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Es costumbre en este mes de septiembre y en este país que las orquestas de música clásica con actividad regular presenten programas con música mexicana; los aniversarios del inicio y la consumación de la Independencia son buenos pretextos. Así fue con la Orquesta Filarmónica de la UNAM (OFUNAM) el 12 y 13 de septiembre pasados en la Sala Nezahualcóyotl de la Ciudad de México. Bajo la dirección del maestro Iván López Reynoso, que fue alumno del Conservatorio de las Rosas y ahora es el director asistente de esa orquesta, presentaron un programa con algunos de los grandes caballitos de batalla de la música sinfónica mexicana, como Sensemayá; de Silvestre Revueltas, la Sinfonía india, de Carlos Chávez, y el “Huapango”, de José Pablo Moncayo. Pero también hubo música de José Rolón, Armando Luna y Gonzalo Curiel; de éste, el Concierto para piano y orquesta Número 2, llevando como solista al maestro mexicano Rodolfo Ritter. De esto último trata esta entrega.
Gonzalo Curiel (1904-1958), de Jalisco, es conocido y muy reconocido por su música popular, de corte romántico y gran lirismo. ¿Quién, de apenas dos generaciones anteriores a la actual, no recuerda con cariño y emoción “Vereda tropical”, “Noche de luna”, “Traicionera”, “Caminos de ayer” y muchas otras de las que hizo letra y música?
Desde muy niño aprendió a tocar piano, guitarra y violín, pero a pesar de su clara vocación musical, su padre nunca quiso que fuera músico y estudió hasta el cuarto año de Medicina en su natal Guadalajara. Pero a los 23 años de edad se rebeló, renunció a la universidad y se fue a la Ciudad de México. Trabajó como pianista, pianista acompañante, creador y director de orquestas populares y, desde luego, como prolífico compositor. Otras de sus bellas canciones son “Morena linda”, “Incertidumbre”, “Un gran amor”, “Son tus ojos verde mar”.
Otra vena musical notable de Gonzalo Curiel fue su música para el cine. Hizo la de 180 películas mexicanas y también compuso para cintas estadounidenses y francesas. En 1954 recibió el Premio Ariel por su música para el filme Eugenia Grandet. Indudablemente fue en este género donde aprendió y se entrenó para abordar, con enorme calidad, la música sinfónica. Sus tres conciertos para piano y orquesta, de tres movimientos cada uno, dan fe de esta afirmación.
Ese domingo 13 de septiembre vi y escuché el programa de la OFUNAM por televisión. Repito que el Concierto número 2 para piano y orquesta de Gonzalo Curiel fue con el maestro Rodolfo Ritter como solista y la dirección de Iván López Reynoso. Estupendas la obra y la interpretación.
El concierto es un manifiesto de la sólida preparación musical de Gonzalo Curiel. Es claramente moderno y tonal, de sentimiento romántico muy lírico en el primer movimiento, donde utiliza motivos de “Vereda tropical”, de armonías modernas y complejas, una notable dinámica en el tiempo y en el volumen y una orquestación muy llena, muy propia de Gonzalo Curiel. Este concierto tiene mucha más calidad que muchos otros, antiguos y modernos, que andan por ahí circulando, con más pena que gloria y dando tumbos, en el ámbito de la música sinfónica de todo el mundo. Es mi opinión.
Hasta la próxima.

Sobre el autor
Rogelio Macías Sánchez Médico cirujano por la UNAM, Especialidades de Neurología y Neurocirugía. Con ellas, ha ejercido en instituciones oficiales y en la práctica privada. Catedrático de la Universidad Michoacana Amante de la música clásica desde sus primeros años por inducción familiar, se desarrolló como melómano cultivado por iniciativa propia. Por confluencia de circunstancias se ha desarrollado como periodista aficionado en el ámbito cultural en la crónica y crítica de música clásica. También, y auténticamente por amor al arte, ha sido promotor de eventos magníficos de música clásica en Morelia.
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