Hugo Rangel Vargas
Política ficción.
Viernes 16 de Noviembre de 2018
A- A A+

En mayo del 2006, la periodista Denisse Maerker entrevistó al ex presidente Carlos Salinas de Gortari. A preguntas incomodas, que partían de supuestos no corroborados pero que se esgrimen en la vox populi, el ex mandatario respondía con un lugar común pero lleno de una carga simbólica: “eso es política ficción”. Ese ritornelo, no negaba sus actuaciones políticas, pero sí evitaba dar explicaciones sobre su relación con el empresario Carlos Ahumada y la participación que tuvo en los famosos video-escándalos de aquellos años, entre otras cuestiones.

Caricatura de Carlos Salinas de Gortari
Caricatura de Carlos Salinas de Gortari
(Foto: Gustavo Aguado)

Desde antes de esa entrevista, y por años, se ha rumorado sobre el papel político de Salinas posterior a la conclusión de su administración, su alejamiento de los reflectores durante el sexenio de Ernesto Zedillo y su participación en el sexenio de Fox, en contubernio con otros personajes de la vida pública del país como Diego Fernández de Ceballos, en escaramuzas tristemente recordadas de la historia reciente de México. Aunque en otros momentos del más reciente proceso electoral hizo apariciones públicas, con la cercanía de la toma de protesta del nuevo gobierno, reaparece el activismo del ex mandatario.

Un ejercicio de lucubraciones fantasiosas, de búsqueda exhaustiva y quizá forzada de coincidencias nos llevaría a cuestionarnos sobre la correlación entre las apariciones públicas en días recientes de Carlos Salinas, Vicente Fox y Felipe Calderón. Y es que si bien la extinción del antiguo régimen priista sepultó la regla no escrita del silencio de los ex mandatarios, la concurrencia de lugares retóricos de los tres personajes -aunque cada uno con sus folclores y refinamientos- es digna de las suspicacias de la “política ficción”.

Salinas, doctor en Harvard, acudió a un elegante auditorio académico e invocó las elaboradas ideas del florentino Nicolás Maquiavelo para decir que “la República está ante un gran riesgo”. Esa declaración expresada el 6 de noviembre, fue secundada por el llamado, a su estilo vernáculo, del guanajuatense Vicente Fox quien pidió detener a la pandilla de López Obrador, y -siguiendo nuestro juego de ficciones políticas- la jugada fue ultimada con un remate de primera intención de parte de Felipe Calderón, quien ha anunciado la fundación de un nuevo partido que sea “contrapeso al gobierno entrante”.

No se trata de abundar en demostraciones acerca de la existencia de lo que AMLO ha llamado la mafia del poder; pero ahora sus opositores han dado una brillante muestra de actuación en el terreno de la política ficción, una faena con suertes al alimón digna de los mejores matadores, un canto a tres voces en el que nadie desafina; la motivación detrás de esta acción sincronizada, o al menos correlacionada podría encontrarse en la convicción que esta camarilla tiene acerca del actuar del futuro presidente: López Obrador buscará la reelección.

Pretendiendo echar a ese fantasma que, en su dogmática letanía, se cierne sobre el país, los ex presidentes exponen a la opinión pública las miserias de su calidad moral, la lengua bífida de los monstros que han dejado lastimando al país, la piel podrida y apestosa de la corrupción en la que envolvieron a sus gobiernos. No bastaron ni unas cuantas horas para que su brillante y limpia sincronización fuera manchada desde Brooklyn por la acusación de sobornos hecha desde la voz de Joaquín Guzmán hacia Felipe Calderón. Es ahí, donde la política ficción, encuentra su ancla a la realidad: los demonios exorcizados regresan para hacerla concreción.


Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

El coletazo electoral de los Estado Unidos

La derrota moral de la oposición

Los efectos “anti expectativas” de los programas del bienestar

El cambio que aún no llega

El fin del neoliberalismo

El tiempo perdido de Trump en Venezuela

Perspectivas económicas

Sanders: Running Again

Al diablo con sus instituciones

Turismo y Cuarta Transformación

Los ecos del desabasto

Una nueva carrera tributaria

2019: Presupuesto base cero

Roma y la capacidad de asombro

Soberanos magistrados

Instrucciones para la cuarta transformación

Minería leonina en la mira

Política ficción.

El efecto Neymar

El día que AMLO ganó

Autismo perredista

NAIM: El triunfo de la consulta

¿Combatir la riqueza?

Juntos reescribiremos la Historia

La “bancarrota” social.

45 años y contando

Velasco y la razón de Estado

TLCAN: ¿qué celebrar?

Los retos de los ayuntamientos

Permítanos soñar

Regulación alimentaria urgente

Burocracia vacante

Las réplicas del tsunami

Cambio de libreto

Pátzcuaro, lo que está en juego

Pejenomics

2018: La historia que podrá escribirse

Cuba: reanimando la esperanza

Todo sucede en Michoacán

El único que se divierte

A 100 días

La preocupación de los banqueros

Anayagate

Costa Rica: el paraíso del cooperativismo

Morelia, la oportunidad para la izquierda

Tuxpan: la flor del Colibrí

AMLO el sorpresivo

Andresmanuelovich y el efecto teflón

Y la inflación estaba ahí

El tortillazo de la ignominia

El país de la frivolidad

Ligereza a la Calderón

De la paz a la seguridad interior

AMLO: la ruta de la paz

Meade: el eje del olvido

UMSNH y salario mínimo: dos caras del sistema

100 años, sólo un Pedro

Fidel, a un año de tu ausencia

Ayuntamientos en crisis

Uber en Michoacán

En defensa de la política

Michoacán: presidentes vulnerables

La ilusión del Frente Ciudadano

Imposturas en medio de tragedias

La tierra cruje

Por qué López Obrador

No mentir, no robar, no traicionar

Se llama Harvey

El expulsionismo militante

El “casting” del FAD

El ejemplo de Rafa y Julión

México, Venezuela y el TLCAN

El dinosaurio se niega a morir

A la altura de la maestra

El socavón de la corrupción

El origen de la vanidad

PRD: La impericia de la codicia

2018: Comienza el juego de imposturas

Las opciones de Mireles

Después del 4 de junio

Correa: La reivindicación de la esperanza

Burguesía a la mexicana

PRD: El discurso “definicionista”

Carmen Aristegui: La nueva patzcuarense

Yarrington, Duarte y la capacidad de asombro

Todo está en la mente

Cárdenas y la mayoría necesaria

La turbulenta izquierda y el enturbiado país

Patria antes que partido

¿Nueva?, ¿izquierda?

Michoacán, hacia un nuevo interinato

Autodefensas: cuatro años de afrentas

La diáspora perredista

#NoEsTrumpEsPeña

AMLO: ¿El triunfo irreversible?

El contrasentido del acuerdo peñista

Gasolinazo y crisis de confianza

Chávez, el parto pendiente

Postdata: Sobre los buenos fines

Casi al fin del mundo

Casi al fin del mundo

El Buen Fin

Trump: El villano favorito

Estados Unidos: lo que está en juego

De “salvador” a “jodedor”

El caso López Obrador

Tras los recortes

El falaz `paralelismo´ Clinton-Zavala

Los pendientes de los Calderón

Los diez minutos de El Tuca

Movimiento al 18

Las redes y Juanga

Peña Nieto: por si faltara poco

Políticas públicas sin medición

Peña Nieto: entre amistades, disculpas y rechazos

Election day

Inauguration Day

Inegi, acribillado

Una mayoría política, para una mayoría electoral

PRD: Un momento para aprovechar

2018:El tiempo de honrar a Heberto

¿Por qué no le creo a Jesús Ortega?

Después del 5 de junio

Muy al sur de Morelia

Mireles: Sin derecho a la rebelión

Trump: La amenaza de la estulticia

Del “ya me cansé” al “mal humor”

AMLO y EPN, dos caras de la misma moneda

Pedro Infante vive

Al diablo con sus instituciones

Legisladores bizantinos

La cumbre de la usura

Legislativo: Desequilibrio de poderes

Un Eco a la eternidad

Bernie Sanders: La esperanza de lo imposible

Febrero: Episodios de colonialismo y de libertad

Acciones afirmativas: El debate continúa

Participación ciudadana y construcción de gobernanza

Bautista, la alternativa perredista

Temixco: La vulnerabilidad revelada

La crisis que se asoma

Sudamérica: ¿Una golondrina que hace primavera?

Autodefensas y fibrosis social

PRD: Las alianzas posibles

Reformas fracasadas

Basave: Por la redención de los intelectuales

Canarios: la resistencia

Por México Hoy

PRI: La guardia al Maximato

Pátzcuaro: La ciudad de la utopía