Alma Gloria Chávez
Metalurgia en Michoacán
Jueves 15 de Febrero de 2018
A- A A+

Reforzados por descubrimientos arqueológicos, los estudios que se han hecho sobre las artes y los oficios que desarrollaron los pueblos asentados en lo que actualmente es Michoacán, documentan que los purépechas “son hábiles orfebres, y su arte ya era famoso en tiempos precolombinos”.

“La metalurgia en Michoacán –documenta la antropóloga Sonia Iglesias y Cabrera en su libro Tradiciones populares mexicanas–, data del postclásico (1000-1521 d.C.) y fue el cobre el primer metal que se utilizó… En la zona del Infiernillo se han encontrado minas de cobre que estuvieron en explotación durante el periodo del último Cazonci…”. Esto corrobora lo que muchos estudiosos afirman: que los purépechas, en la administración política de sus dominios, recibían una gran variedad de productos a manera de tributo. El tributo de Tierra Caliente incluía oro y cobre, que los orfebres sabían trabajar con destreza y maestría.

La metalurgia es una ciencia que se remonta a una época prehistórica tan lejana como el período calcolítico o Edad del Cobre, fase intermedia entre el Neolítico y la Edad del Bronce, que duró de 18 mil a 300 años antes de la era cristiana
La metalurgia es una ciencia que se remonta a una época prehistórica tan lejana como el período calcolítico o Edad del Cobre, fase intermedia entre el Neolítico y la Edad del Bronce, que duró de 18 mil a 300 años antes de la era cristiana
(Foto: TAVO)

Al arribar a la zona central los españoles se dieron cuenta de la existencia de minas en la región y de la habilidad y gran calidad de los nativos purépechas y mazahuas para trabajar los metales, descubriendo que “en determinadas áreas ocupadas hoy por los municipios de Churumuco, La Huacana, Nuevo Urecho, Paracho, Tacámbaro, Taretan, Turicato y otros más lejanos, abundaba el cobre”, y su uso y aplicación eran múltiples, dándose cuenta también de la existencia en el subsuelo de abundantes y variados minerales que de inmediato se explotaron, abriendo minas como las de Morcillo, Tlalpujahua, Angangueo, Inguarán y Huetamo, registrando el varón Von Humboldt, para el año de 1803, 27 “reales mineros” existentes en territorio michoacano.

Dos testimonios de primer orden que dan fe del trabajo de la metalurgia en la región, se encuentran en la Relación de Michoacán, donde en la lámina XXIX es clara la referencia de la técnica del fundido, y el otro se encuentra en el Lienzo de Jucutacato, que registra el conocimiento del trabajo de los metales, resultando notable la imagen de la utilización de “cañutos” o tubos como carrizos, por medio de los cuales se soplaba para lograr la fundición.

Dentro de la metalurgia se usaron varias técnicas, una de ellas era la “cera perdida” o “fundición”. Con ésta se producían las piezas más complicadas y más delicadas que se obtenían con el siguiente proceso: “El orfebre hacía primero una base de carbón pulverizado mezclado con barro, la cual se dejaba secar hasta que se endurecía y después se tallaba dándole la forma deseada con una pequeña navaja de metal; más tarde el joyero usaba cera purificada de abeja, mezclada con resina (la cual actuaba como agente endurecedor), la extendía al tamaño deseado y la colocaba sobre la base. Cualquier corrección del modelo de cera se hacía durante esta etapa, antes de colocar el molde exterior…”. Obviamente el pueblo purépecha fabricó sus armas de guerra con metales, siendo el único reino en Mesoamérica que lo hizo, logrando con ello la expansión de su territorio. Y de metal también se hacían instrumentos utilizados para la caza, la pesca y la agricultura.

La presencia de los españoles trajo consigo varios acontecimientos que transformaron la naciente sociedad colonial: un fuerte impulso a la extracción de los metales, incorporando a los antiguos pobladores a estas nuevas formas de explotación de minerales e influencias de plateros y artífices especializados, con técnicas de la Península Ibérica, que combinados con la excelencia del trabajo autóctono, la profunda tradición, la simbología y cosmovisión de los indígenas, ha acompañado el proceso histórico artesanal.

La joyería en Michoacán está representada por finos trabajos que elaboran los grupos de origen mazahua, asentados en el Oriente michoacano: Tlalpujahua y Zitácuaro, sobre todo, y los pirindas en Huetamo. Los primeros utilizan plata, y los segundos, oro de bajo kilataje. Pátzcuaro y Cherán, actualmente; Ihuatzio y Cuanajo hasta hace poco, se distinguen por sus trabajos de alto contenido ceremonial, donde sus collares identifican, a quien los usa, en su concepción mítico-religiosa ante la vida.

En Cherán trabajan la plata en la elaboración de arracadas planas y planas cinceladas –en forma de media luna–, de reminiscencia indígena. En Cuanajo se elaboraban bellísimos collares con esferas de plata labrada y lisa. En Ihuatzio, se elaboraba joyería de oro. En Uruapan se trabaja todavía el oro de diferentes kilates que da forma a arracadas planas y cinceladas, “caricias” y cadenas.

De Pátzcuaro es conocido el finísimo trabajo de collares con esferas de plata labrada, combinado con gotas huecas de bellos diseños, con corales y preciosos medallones; alambres de plata escarchado, cincelado y rematados con pescaditos bellamente elaborados. Y todavía a principios del siglo XX, tuvo importancia la “milagrería” (exvotos) trabajada en plata.

Don Jesús Cázarez Solorio, quien hizo escuela en Pátzcuaro, declaró en entrevista realizada por Casa de Artesanías en el año 1986: “Aprendí este trabajo por herencia, iniciándome desde la infancia. Hago collares, anillos, aretes, arras, coronas para santos y objetos para los cuales utilizo plata, esmalte, ópalos, rubíes, perlas, coral y otros; utilizo las técnicas del vaciado, laminado y soldado. Me gusta de corazón el trabajo de la platería, desde el día que nací, en 1915”.

Rosarios de plata calados con cuentas rojas, collares, medallas, aretes, arracadas con cuentas y colgantes; collares con pescaditos y cuentas de vidrio reemplazando las de coral, forman parte del caudal de diseños creados por artífices de la plata, siendo el trabajo de don Jesús García (muerto 2009) representativo de Pátzcuaro y que actualmente continúan don Nicolás (hermano del señor García), uno de sus sobrinos: don Salvador Farfán y un hijo de éste.

Termino con otra cita de la maestra Iglesias y Cabrera: “Tres fueron los metales preferidos por los purépechas: el oro, tirípiti o excremento del dios Sol; la teyácata, proveniente de las excrecencias de la diosa lunar Xaratanga, y el cobre, llamado tiyahu charápeti. Cuando no había mucho oro las piezas deseadas se hacían de cobre, al que luego bañaban en oro; a este proceso lo llamaron tumbaga. De ahí debe provenir el famoso dicho de “sacar a relucir el cobre”.

Interesante por demás está saber que la metalurgia es una ciencia que se remonta a una época prehistórica tan lejana como el período calcolítico o Edad del Cobre, fase intermedia entre el Neolítico y la Edad del Bronce, que duró de 18 mil a 300 años antes de la era cristiana, dando inicio a una nueva etapa evolutiva del ser humano, en tanto constructor de cultura. Y la cultura purépecha tiene esa valiosa herencia.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
Comentarios
Columnas recientes

66 años del voto femenino en México

Recordada doña Caro

Maiz, grano sagrado

Emergencia Climática

Daños colaterales

Día de la Mujer Indígena

Adultos mayores

Radiaciones ionizantes sin control

Recordando al Gran Cronopio

Sembrador de ideales

Fiestas en la región purépecha

Madurez emocional

Gobernar en la inclusión

Árbol, bosque, vida

La fiesta de los oficios

El trabajo infantil

Medio ambiente: medidas emergentes

En el Día de Acción por la Salud de la Mujer

Para recordar a don Enrique Soto

Diversidad Cultural

Maternidad: fecha para reflexionar

En deuda con muestra niñez

El planeta que compartimos

Día panamericano del indio

Recordando al general Zapata

En torno a un manantial

Empleadas del hogar

Ofrendando a Itsï (Agua).

La visión educativa de Vasco de Quiroga.

Cristos negros en América

Carnaval y tauromaquia

Responsabilidad de todos

Dos conmemoraciones purépecha

La Biblioteca del Libro Ilustrado

Crónica y cronistas

Pueblos indígenas y medio ambiente

A todas luces conocido

Cuando del dolor se habla

Nueva cuenta en el tercer planeta del Sol

En aumento la Alerta de Género

LXX Aniversario de la Declaración de Derechos Humanos

Fiesta religiosa en Pátzcuaro

Mahatma Gandhi y la no violencia

Por una vida sin violencia

16 de noviembre. Día de la tolerancia

Días de ánimas, días de ofrenda

Ética para médicos

Un hombre de principios

La invención de América

Laudato sí, mi signore.

Pátzcuaro y su legado patrimonial

Día internacional de la paz

Mujeres disidentes

De las crónicas del lago

Fecha para adultos mayores

Proyectos contra la vida

La cultura: un derecho esencial

Turismo y cuidado del entorno

Contando y recordando

Entre costuras

A ejercer ciudadanía con responsabilidad

Apuntes para una historia

Construir la democracia

El maque y su decoración

Soy el museo de Pátzcuaro

Maternidad: desde adentro

La cruz: símbolo a través del tiempo

Festejo por los libros, sus autores y lectores

Un 19 de abril de 1940

Cuando se siembran ideales

Rituales de la Semana Mayor

Ofrenda para Itsii (agua)

La utopía quiroguiana

Buscadoras de vida

Dos maestros reflexionan

Violencia entre adolescentes

Metalurgia en Michoacán

Envejecer con dignidad

Dar sentido a la vida y a la muerte

Cuidar o atender a otros

Festejos de tradición

Atentar contra la seguridad

Los diarios de María Luisa Puga

Nombrar es crear

Sida, cuando el diagnóstico es tardío

25 de noviembre: ¿por qué esta conmemoración?

Mis recuerdos de Teresita

Un guardián del lago

Defensa de la Madre Tierra

Un panteon peculiar

Hambre en el mundo

Recuerdos de un 2 de octubre

Hablemos de un hombre honrado

Cuando la naturaleza grita

La Coalición Nacional de Jubilados Pensionados

Desapariciones forzadas en México

Ejemplos sindicales

Cuando de educación se habla

Pueblos originarios

Ejercitar la ciudadanía

Violencia colectiva

Seguridad ambiental

Sobrevivir la adolescencia

La medicina de la naturaleza

Medio ambiente: nueva visión

Nuestra salud, nuestro derecho

Por el día de los museos

Maternidad desinformada

Por la cruz, a la luz

Hablar de “indianidades”

Altares para La Dolorosa

Trabajadoras del hogar

Aqua sum, agua soy

Ecología integral

Mujeres, pequeños testimonios

Francisco J. Múgica: un documental

Con perspectiva de género

Los toritos en tierra purépecha

Una auténtica “bolsa de valores”

LXXVIII Aniversario del INAH

Por el camino de la ética

Quien ama al árbol respeta al bosque

Pastorelas en Michoacán

El tiempo: medida de hombres

Nana Iurixe

Día Internacional de Lucha contra el Sida

Nombrar es crear

El respeto a las diferencias

Morir por mano propia

Celebración a nuestros difuntos

Nivel educativo, a la baja

De alta peligrosidad

ISSSTE de Pátzcuaro: Un día especial

Día del Maíz

Nuestro derecho a la cultura

Infamias globalizadas

Educacion para la paz

Esfuerzo, disciplina y amor

Maravillosamente: mujeres

Aprendiendo de los oficios

El pensamiento del doctor Bach

Fiesta de los Oficios

El trabajo del hogar

Jornadas de Peritaje Antropológico

Alerta de Género: consideraciones

Defender la educación

Gastronomía

Feminicidio

Día Mundial del Medio Ambiente

La salud de la mujer