Alma Gloria Chávez
Maravillosamente: mujeres
Sábado 20 de Agosto de 2016

Ha sido largo el camino y el primer paso, igual para todas: no en el tiempo, sino en la dificultad para darlo.

Mujeres de la Diócesis de San Cristóbal.

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Algunas de las que menciono no lo saben, pero llegará el momento en que yo les exprese mi gratitud por cuanto sus experiencias y su hablar “desde el corazón” me han conmovido… e influido. Son maestras, comerciantes, promotoras, comunicadoras, artesanas, campesinas, profesionistas y curanderas. Unas son madres solteras, otras han optado por la soltería… todas, bastante solidarias.

Son amigas y conocidas mías que orgullosamente afirman su identidad cultural y de género contra toda corriente y con quienes hemos compartido, a través de distintas épocas, secretos, experiencias, sobresaltos y alegrías, descubriendo cada vez cuán cercana se encuentra mi vida de las suyas, a pesar del tiempo y del espacio.

Hace ya varias décadas, una amiga que participaba en las reuniones y asambleas realizadas en la Unión de Comuneros Emiliano Zapata me hizo ver cómo para alguien que se considera indígena es importante permanecer atento a las necesidades de los demás (a su comunidad), entendiendo “el poder” como la posibilidad de ofrecer servicio, respetando las costumbres, convocando y participando en asambleas para escuchar la opinión de todos y así encontrar los mejores acuerdos.

“La mujer que conoce, vive y se alimenta de la naturaleza es la salud para otras mujeres. Es una combinación del sentido común y el sentido del alma. La intuición que se logra al entrar en contacto con la naturaleza es como la oreja que escucha más allá del oído humano, es como el susurro que nos está diciendo por dónde ir. Nosotras lo conocemos muy bien, es el sentido que solamente nosotras tenemos. Por eso, cuando se viene perdiendo el contacto con esa naturaleza, vivimos en un estado próximo a la destrucción y dichas facultades no se pueden desarrollar. Eso nos enferma”, fue la reflexión que nos obsequió un grupo de mujeres durante un taller dedicado a “diagnosticar” la problemática social y ambiental en la región Lacustre.

Hay quienes trabajan en labores agrícolas, como Librada, y con ellas se percibe la visión que se tuvo de la tierra no como propiedad privada, sino como un organismo viviente y valioso con el que existe un vínculo estrecho que se cuida, agradece y tributa. Ellas me han transmitido secretos importantes como saber pedir y ofrecer dones especiales dependiendo de las fases de la Luna, o me han mostrado, con su ejemplo, que la identidad va más allá de hablar la lengua o portar la indumentaria.

Adelina, siendo joven, participó en una ceremonia que la comunidad realizaba “para recibir a la enfermedad” y este acontecimiento cambió radicalmente su manera de entender la salud: “El no comer no mata –dice convencida–, matan la ira, el miedo o la envidia”. Justina, Adelaida, Herminia, Odilia, Elisa, Alicia, Rafaela, Tomasa y Lupita caminan por la vida con dignidad y plena autonomía que implica “el derecho a ser dueñas de nosotras mismas, a capacitarnos, buscar los espacios y mecanismos para ser escuchadas en las reuniones y asambleas comunitarias y a tener cargos. Pero también implica enfrentarnos con valor a la toma de decisiones y a participar, a buscar independencia económica y en la familia y a informarnos, porque el conocimiento reafirma nuestro ser autónomas”.

Joaquina me dijo: “Todavía hace poco muchas mujeres de mi comunidad no pensábamos en nosotras. Nuestro corazón estaba triste mirando cómo nuestros hombres tomaban, nos maltrataban y nos abandonaban para irse a otro lado. Casi no hablábamos entre nosotras. Pero nos empezamos a organizar y a participar gracias a que algunas nos atrevimos y ahora están cambiando las cosas… Poco a poco pero van cambiando”.

Adela recuerda cuando, por la invasión y despojo que sufría su comunidad, las mujeres empezaron a reunirse para apoyar a los hombres: “Al principio la asistencia era bien poca, cualquiera podía llegar o irse, no había compromiso. Para muchas, que eran maltratadas en sus casas, resultaba muy difícil salir, y para quienes lo hacíamos no faltaban vecinos que empezaban a hacer chismes y provocarnos problemas. Cuando estuvimos en plantones o asistimos a reuniones, además de hablar de los problemas de la comunidad, empezamos a hablar de nosotras: de los hijos, de la falta de dinero, de la relación con la familia y de lo que sentíamos.

Entendimos que el aislamiento no permite ver que nuestras vidas son parecidas. Descubrimos que teníamos vidas bastante parecidas y ya no nos sentimos tan solas”.

“Hablamos mucho del corazón pero nos olvidamos de nuestro hígado… tenemos que quererlo y cuidarlo mucho pues por ahí se filtran todas nuestras emociones…”, nos dice Luz, quien desde hace varios años trabaja con las terapias florales del doctor Bach. Y las recomendaciones de Margarita siempre me acompañan: “Es necesario vivir la vida plenamente, practicando todos los días lo que consideremos necesario, sintiéndolo nuestro, sin esperar que alguien nos dé algo a cambio. Cuando se disfruta lo que se hace existe menos riesgo de enfermar. No es necesario acumular cuando se tiene tanto. Simplemente levantemos nuestra mirada al cielo y contemplemos las estrellas, un amanecer o el paso de las garzas hacia el lago. Demos gracias cada día por lo que somos, tenemos y compartimos”.

También recuerdo con cariño a quienes fueron compañeras de escuela y que siendo de comunidades indígenas me llegaron a confiar sus temores, tristezas y algunas alegrías, sintiéndose, las más de las veces, discriminadas en un lugar que no podían sentir propio. A algunas de ellas les he vuelto a encontrar y casi puedo asegurar cómo, al pasar el tiempo, han logrado sanar heridas.

“La mujer que conoce, vive y se alimenta de la naturaleza es la salud para otras mujeres
“La mujer que conoce, vive y se alimenta de la naturaleza es la salud para otras mujeres"
(Foto: TAVO)

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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