Julio Santoyo Guerrero
¿Diálogo o garrote?
Lunes 15 de Agosto de 2016
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En Michoacán los empresarios han declarado que la clave es desaparecer las escuelas normales ya que ahí los jóvenes «reciben entrenamientos de grupos guerrilleros»
En Michoacán los empresarios han declarado que la clave es desaparecer las escuelas normales ya que ahí los jóvenes «reciben entrenamientos de grupos guerrilleros»
(Foto: ACG)

Han crecido en los últimos días las exigencias de las cúpulas empresariales para que el gobierno haga uso de la fuerza pública en el caso de los maestros que se han inconformado. Pocas veces ha tenido verdadera independencia el empresariado, el que históricamente ha crecido bajo el amparo del Estado mexicano y ante el cual, dependiendo de las circunstancias, se ha mostrado subordinado y atento a los llamados para respaldar las políticas en turno, siempre, claro, a cambio de los beneficios económicos que también históricamente se le han prodigado.

El activismo empresarial de las últimas semanas y el discurso duro que ha esgrimido tiene una convergencia nada casual con el de algunos miembros del propio gobierno federal, quienes se han atascado en una negociación a la cual no le encuentran salida y que les está desgastando dramáticamente. No sería la primera vez que la cúpula empresarial del país atendiera los llamados del poder gubernamental para encarar una crisis política, así lo hizo en enero de 2004, en agosto del 68, y en Michoacán echando flores al camino del autoritario Comisionado Castillo, por citar sólo esos ejemplos.

La campaña ha llegado privilegiadamente a los medios de comunicación en los que algunos periodistas expresamente invocan al mandatario Peña para que "reprima ya, sin temor señor presidente", queriendo explicar en sus comunicaciones que es la manera de resolver el problema de fondo y en apego al estado de derecho. En Michoacán los empresarios han lanzado la peregrina idea de que la clave está en desaparecer las escuelas normales porque ahí los jóvenes "reciben entrenamiento de grupos guerrilleros".

Es evidente que con ello se busca colapsar el diálogo y los acuerdos que se están procesando en la Secretaría de Gobernación para dejar intocado el contenido de la Reforma Educativa, ello para sostener el discurso de Aurelio Nuño y su posición para bajar la presión sobre el presidenciable Osorio Chong y para beneplácito de la económicamente poderosa Mexicanos Primero. El gobierno federal está en un túnel sin salida configurado por los compromisos políticos contraídos desde el Pacto por México con partidos, empresarios y la OCDE por un lado, y la protesta social de los maestros que no fueron consultados para realizar la reforma que finalmente se hizo aprobar en el Congreso, por el otro.

Quienes desean por consigna que el diferendo se resuelva por la vía de la fuerza no realizan una mínima valoración de las circunstancias por las que atraviesa el país, ni siquiera de las propias fortalezas y debilidades del gobierno federal. Creen en su estrechez que de utilizar la fuerza pública para sofocar el descontento será como salir con la escoba y barrer la banqueta. Nada les dice que las acciones policiacas para aplicar la evaluación tuvieron un efecto totalmente contrario. Nada les dice que meses de tensión callejera entre maestros y fuerzas policiacas terminó incrementando a los opositores en lugar de disuadirlos.

El uso de la fuerza pública para reprimir la inconformidad incentivará la violencia en la protesta social y el endurecimiento autoritario del poder público creando nuevas banderas, más políticas y más consistentes. No veo dónde colocarán tantos presos para desarticular a los grupos dirigentes ni se ve cómo harán para impedir que el latigazo de la acción no atraiga las inconformidades sociales que hoy queman la piel de los mexicanos. No tiene, para nada, el gobierno federal la legitimidad para hablar en nombre del Estado de Derecho cuando el país ha sido cedido a las manos de los poderes del dinero.

La mejor salida que hoy por hoy debe seguir construyéndose para atender el problema derivado de la Reforma Educativa es el diálogo. Si la autoridad hizo aprobar una legislación sin la efectiva consulta a los maestros debe asumir autocríticamente el hecho y caminar hacia nuevos planteamientos que den satisfacción a los reclamantes. La salida del garrote no ayudará a nadie y muy probablemente quien más dañado salga sea el propio gobierno en su integridad política.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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