Rafael Calderón
El turno y la presencia de Gabriel Méndez Plancarte
Lunes 8 de Agosto de 2016
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Poeta, traductor de Horacio y humanista mexicano. Nació en Zamora, Michoacán, el 24 de enero de 1905, y murió en la capital del país el 16 de diciembre de 1949 aquejado de dolencia cardiaca. Estudió la carrera sacerdotal –para vivir después un sacerdocio digno, fecundo y ejemplar– en el Seminario Conciliar de México y en Pío-latino de Roma; se graduó de doctor en Filosofía y Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana. De regreso de Bélgica, donde sigue algunos cursos de la Universidad de Loviana, ocupa distintas cátedras en el Seminario Conciliar de México y dicta conferencias en numerosas ciudades dentro y fuera del país; desempeña activa labor como presidente del Seminario de Cultura Mexicana y la Academia de la Lengua lo recibe en su seno como miembro numerario. Funda y dirige con acierto la revista Ábside (1937), que tan eminentes servicios prestó a la cultura nacional. Colabora con regularidad en la prensa nacional con temas de muy diversa índole y escribe y deja numerosas obras inéditas.

El diálogo fructífero entre Gabriel Méndez Plancarte y Alfonso Reyes inicia en 1937, el año que inicia la publicación de Ábside, que es cuando el michoacano publica su obra fundamental, Horacio en México. Lo que le dice a Reyes y la invitación que le extiende es para que colabore en la revista y esto tendrá sus consecuencias afortunadas para la recta final de la vida del humanista, ya que un pie de edición de la revista son los sonetos que se titulan Homero en Cuernavaca, de Reyes, y estos días serán los más tristes para el humanismo mexicano por la muerte inesperada de Méndez Plancarte (1949).

El poeta Gabriel Méndez Plancarte está reducido a su prosa hoy en día y son muy pocos los que invocan sus primicias y salmos y los nuevos escritos bajo ese modelo de la antigüedad, pero la fuerza de su lenguaje y el ritmo de su música y la sonoridad de la palabra vibran con la intensidad del día como lo nombra justamente Alfonso Reyes: “Sacro pastor de pueblos, que en florida/ edad, pastor, gobiernas tu ganado/ mas con el silbo que con el cayado,/ y más que con el silbo, con la vida”. Por eso la poesía fue para él una segunda naturaleza. Esto se puede constatar cuando se observa su estudio del humanismo mexicano y sobre Miguel Hidalgo y su exacta valoración de la obra de Concha Urquiza y por lo mismo Gabriela Mistral escribió: “Fue lo suyo vivir la poesía como un estado y no como un mero ejercicio sensual y ocioso. Sabíamos por él que la poesía puede, a pesar de la friolera que parece, saturar por sí sola una vida en todos sus órdenes. La poesía en él, como en muy pocos, le asistía el día entero”. Pero es necesario seguir la senda reflexiva de González Salas cuando afirma que “las letras mexicanas guardarán siempre la memoria de Gabriel Méndez Plancarte como uno de los más laboriosos y emprendedores artesanos de la palabra y la cultura”.

Se ha dicho –González Salas también lo señala– que la influencia temprana en su poesía ha sido el modernismo como traslucido entusiasmo de Rubén Darío que caracteriza el primer rumbo de su poesía, donde el tema religioso, por su primera colección de poemas que llama Primicias, canta con marcada preferencia hacia intimidades espirituales y las huellas de amor al Señor que claramente se estampan. Afirma el autor de la Antología religiosa mexicana la influencia de una ruta claudeliana con el sello personal y ciñéndose con más rigor a la forma salmística que, posiblemente escribe al modo de José Santos Chacono, y por su vocación religiosa, canta a la virgen de México en su inspirada Oda secular guadalupana, y que Gabriel Méndez Plancarte aprovecha para convertir en un himno lírico a nuestra más excelsa gloria nacional.

Hay que retomar la suerte de lectura propuesta por González Salas cuando afirma que nuestro poeta, “impregnado profundamente de esencias bíblicas y reminiscencias romanas”, tiene en éstos los mejores frutos que haya logrado para confirmar que resurgen frutos modernistas y algunos salmos sobre todo de tema sagrado y como parte de esa huella de su poética. Con “justicia puede declarársele descubridor de varias vocaciones poéticas y renovador del espíritu, la forma y aún los temas de nuestra poesía religiosa moderna”. La sentencia poética la prodiga Tarsicio Herrera Zapién al recordar que a Horacio dedicó un “áureo volumen” con los pasos del apolíneo coro que surge con el título Horacio en México como “obra de investigación iluminada por la poesía”.

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