Alma Gloria Chávez
El pensamiento del doctor Bach
Sábado 6 de Agosto de 2016

Las enfermedades son libros abiertos, cuyas páginas permiten buscar formas de vida y relación distintas a las anteriores.

Doctor Arnoldo Kraus.

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Mi interés por los temas de salud no es reciente, seguramente comenzó cuando fui capaz de entender cómo algún médico sin escrúpulos practicó cesáreas a mi madre, valiéndose de la juventud e inexperiencia de mis progenitores y, sobre todo, cuando posteriormente algún otro profesionista en el campo de la medicina atendió el parto del menor de mis hermanos de manera natural. Años después, trabajando ya en el Museo de Pátzcuaro y por una rinofaringitis recurrente, fui sometida a tratamientos tan agresivos que literalmente “caí en la lona”.

Doctor Edward Bach
Doctor Edward Bach
(Foto: Especial)

Sorprendentemente fue un médico familiar quien me sugirió acudir con algún especialista en alergias y, para mi disgusto, luego de los estudios conducentes, pudo diagnosticar que mi problema era sólo de tipo alérgico, pero que tanto antibiótico en mi organismo me había provocado una sensible baja de defensas y una severa intoxicación. Ya comprenderá usted, amable lector/a, conociendo esta parte de mi historia, por qué me atrevo incluso a promover actividades (y actitudes) que nos permiten disfrutar mejor la vida.

Seguramente uno de los médicos del siglo XX que más ha llamado mi atención por su propuesta integral de salud es el doctor Edward Bach, quien nació a finales del siglo XIX, llegando a ser un pensador y terapeuta que revolucionó la práctica curativa después de transitar destacadamente por el campo de la bacteriología y luego por la homeopatía. En los años 30 del siglo XX creó un sistema natural, eficaz y sencillo para combatir el dolor, el sufrimiento y la enfermedad, partiendo del principio de que “la enfermedad no es material en su origen y las razones de su aparición deben buscarse en el complejo mundo emocional del sujeto”.

Actualmente muchas personas en todo el mundo conocen o han tenido referencia de las Flores de Bach o las terapias florales, cuya autoría se debe, precisamente, al doctor Edward Bach. Una amiga y compañera de aventuras muy querida practica desde hace varios lustros este método curativo, que complementa con orientaciones sobre higiene y alimentación, obteniendo óptimos resultados con varios pacientes que presentaban problemas de salud crónicos.

Por ella, que además vive en un pequeño poblado lacustre rodeada de bellos parajes aún cubiertos de la flora característica de la región, tuve por primera vez un acercamiento a los 38 remedios provenientes de flores que son utilizados para los estados de ánimo que pueda experimentar un paciente: temor, incertidumbre, desinterés, soledad, hipersensibilidad, desaliento o excesiva preocupación por el bienestar ajeno. Lo interesante de esta terapia es que todas las flores y plantas utilizadas para remedios son absolutamente no tóxicas, no existe contraindicación alguna en tomarlas en exceso o con demasiada frecuencia. Ninguno de los remedios puede causar daño.

Luego, al leer las Obras completas del doctor Bach, quien además de profundizar en la ciencia lo hizo también en el terreno filosófico y social, comprendí por qué quienes proponen terapias naturales no son aceptados dentro del mundo de la medicina institucional o privada, que se encuentra, mayoritariamente, en franco contubernio con las industrias farmacéuticas.

Algo de lo que afirmaba el doctor Bach, que llamó poderosamente mi atención es lo siguiente: “El estado de aburrimiento es el responsable de desencadenar en nuestros organismos la aparición de muchas más enfermedades de lo que generalmente se piensa, y dado que la tendencia actual es que el aburrimiento aparezca cada vez más temprano en la vida, lo mismo ocurre con las dolencias que provoca. El antídoto contra el aburrimiento consiste en interesarnos activamente por todo lo que nos rodea, estudiar la vida constantemente, aprender, aprender y aprender, tanto de nuestros semejantes como de los sucesos de la vida, abstraernos en el arte de obtener conocimiento y experiencia y acechar las oportunidades que podamos usar en beneficio de algún compañero de este viaje que es la vida”.

La acción de los remedios florales del doctor Bach es elevar nuestras vibraciones energéticas y abrir los canales para la recepción del ser espiritual para inundar nuestra naturaleza con la virtud particular que necesitamos y borrar los defectos que causan dolor o malestar. Curan, no atacando la enfermedad, sino “inundando nuestros cuerpos con las vibraciones de nuestra naturaleza superior”, en presencia de la cual “la enfermedad se disipa como la nieve al sol”. Pero el doctor Bach también afirmaba que “no hay curación real, a menos que haya un cambio en la perspectiva con la cual el hombre ve al mundo, que da el logro de la paz y de la felicidad interna”.

Arnoldo Kraus, otro médico al que mucho admiro, menciona en su libro Una receta para no morir: “Enfermar es un asunto siempre inacabado, siempre esperanzador, con frecuencia doloroso y que deviene modificaciones en nuestro ser; al enfermar se vive distinto, se escucha de otra forma, se inquiere en otras cosas, se contempla lo propio y lo diferente como si lo ajeno fuera propio y lo propio más propio. Dentro del cuerpo y del alma se nace otra vez. Podríamos decir que el conflicto entre el alma y la personalidad es la causa de la enfermedad, y el diálogo entre ambas es la salud”.

Hace algunos años, una faringitis aguda y una afonía, consecuencia tal vez de algún virus, de la humedad del medio donde laboro… una baja de defensas, o ¿por qué no?, algo de ira acumulada, me provocó un estado de malestar que también me dio la oportunidad de hablar menos y leer más. Así llegué al doctor Bach, a Arnoldo Kraus, a Jean Shinoda Bolen, al maestro y buen amigo Benjamín, o al doctor Félix Trigo, quienes junto a otras valiosas amistades van señalándome la ruta a seguir… en caso de cualquier mal-estar.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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