Alma Gloria Chávez
Fiesta de los Oficios
Martes 2 de Agosto de 2016

Las fiestas guardan la memoria de rituales y ceremonias que establecen pactos entre los hombres y la Naturaleza… o Kuerauáperi.

Maestro Higinio Serrano.

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“Música, danzas, pastorelas y procesiones son ingredientes esenciales de las costumbres de mi pueblo y reflejan la mayor expresión de su cultura. Son herencia de nuestros ancestros perdurable en cualquier celebración…”
“Música, danzas, pastorelas y procesiones son ingredientes esenciales de las costumbres de mi pueblo y reflejan la mayor expresión de su cultura. Son herencia de nuestros ancestros perdurable en cualquier celebración…”
(Foto: TAVO)

Primeramente, en esta ocasión deseo manifestar mi agradecimiento a quienes, desde mi infancia, me enseñaron a querer y respetar la esencia de mi pueblo: don Salvador Solchaga, don Antonio Salas León, el maestro Melchor Ramos Montes de Oca, la maestra Alicia Coria, Teresita Dávalos, doña Carolina Escudero, Elpidio Domínguez y otros personajes que han pasado a “otro plano de existencia”, como mi madre, originaria del bellísimo Cuetzalan, Puebla. Obviamente, muchas otras personas han influido en mis querencias, en el aprecio a mis raíces y también en el disfrute de todo lo que cada día incorporo a mis conocimientos y saberes: amistades como don Enrique Soto, Lupita Hernández Dimas, Adelaida Huerta, Paulina Odilia Molina; maestros como don Higinio Serrano, Demetrio Nicolás o Hilda González, entre otros/as muchos/as.

Siendo ya abuela, ahora me parece indiscutible, como lo afirman muchos estudiosos del pueblo purépecha, que las fiestas tradicionales en la región, que integran un conjunto de significados culturales y se constituyen en modeladores de la identidad, han servido y sirven para resguardar la raíz de un pueblo ancestral que hoy convive con el mundo de la modernidad, sin llegar a perder su esencia.

“Música, danzas, pastorelas y procesiones son ingredientes esenciales de las costumbres de mi pueblo y reflejan la mayor expresión de su cultura. Son herencia de nuestros ancestros perdurable en cualquier celebración…”, escribe el maestro Melchor Ramos en su libro La vuelta a Pátzcuaro en 36 fiestas. Y refiriéndose al Corpus, o Fiesta de los Oficios, menciona: “Es una celebración que los pobladores practicaban desde tiempos remotos, arrojando a los suyos pétalos de flores silvestres y así agradecer al Padre Sol –Curicaueri– el envío de sus rayos bienhechores; ahí se originó la costumbre de lanzar al aire objetos diversos; ése fue el precedente histórico que influyó para que los indígenas aceptaran esta celebración”.

Y efectivamente, en las fiestas de la región purépecha (como en tantas otras regiones del país), de tanto significado y riqueza cultural, encontramos también múltiples elementos de origen europeo (con influencias árabes y africanas) que los pobladores de estas tierras han adaptado a sus costumbres, dotándolos de significados propios y diferentes y revistiéndolos de valores con los cuales se han sentido profundamente identificados a través de generaciones.

Para la organización de una fiesta resulta indispensable la participación de la comunidad mediante un sistema de cargos, por medio de los cuales se otorga respeto, compromiso y solemnidad a diversas personas que asumen de manera individual la responsabilidad del cargo, sabiendo que siempre estarán acompañadas, ya que el aceptar implica la participación de toda la comunidad (parientes, compadres, amistades, vecinos). “Ayudanza”, se les llama a todas las personas que están dispuestas a ayudar con el cumplimiento del cargo y pueden o no vivir en la misma comunidad.

Existe una gran diversidad de fiestas durante todo el año, pero para el pueblo “porhé” el desarrollo de cada una de ellas es marcado claramente por cuatro tiempos: la víspera, el día central de la fiesta, la despedida y la octava. Las hay para recibir el año (la del Fuego Nuevo o de La Candelaria), para Carnaval y la Cuaresma, las fiestas relacionadas con los ciclos agrícolas, las de espera de las Ánimas y las de Navidad y fin de año. Todas, con múltiples variantes dependiendo del sitio o región en que se celebren: en la Ciénega, en la región Lacustre, en la Meseta o en la Cañada de los Once Pueblos.

Pero es la fiesta del Corpus (o de los Oficios) la que está claramente relacionada con el ciclo agrícola, porque tiene mucho que ver con las actividades de subsistencia de los pueblos y con la organización de los integrantes de la comunidad, de acuerdo con sus actividades productivas (sus oficios). Es una celebración movible (entre los meses de mayo, junio y julio) y en ella se conmemora, para el catolicismo, la institución de la Eucaristía (el Cuerpo de Cristo), llevándose a cabo el jueves de la novena semana contando a partir del Domingo de Resurrección.

El Corpus en las poblaciones purépechas se celebra el mismo Jueves de Corpus, el domingo siguiente, o bien el día en que se festeja al santo patrono o patrona: San Juan, San Isidro, Santa Ana, Santa Clara, etcétera. La organización intercomunitaria ha definido una alternancia siguiendo circuitos específicos, de manera tal que la fiesta no se celebre el mismo día en comunidades cercanas, “para que todos podamos participar, recibiendo como invitados a los pueblos vecinos”.

El significado más profundo de la celebración es la representación de las diferentes fases de los trabajos agrícolas, como son las “subidas al cerro”, la preparación de la tierra, la siembra, la cosecha y el reparto de excedentes entre la comunidad, quien participa casi en su totalidad al costear los pagos a las bandas de música y los ingredientes para la comida que se prepara para todos, además de cohetes y castillo.

El “rejuego” o Chanantskua constituye en sí mismo un ritual: todos juegan a representar su oficio, por eso se hacen panecitos, morralitos, ollitas, sombreritos, etcétera, que luego de ser aventados hacia el cielo para ofrendar a Dios son “regresados” a la gente que los recibe ya bendecidos.

Recientemente, en uno de los sábados dedicados a los talleres “Enséñame tu oficio”, desarrollados en el Museo de Artes e Industrias Populares de Pátzcuaro, gracias al respaldo obtenido por parte del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMyC), tuvimos oportunidad de observar diferentes celebraciones del Corpus en la región purépecha gracias a las imágenes que el historiador Eugenio Calderón Orozco ha captado en los últimos años, recorriendo poblaciones poco visitadas por el turismo. En el mismo museo damos cuenta del valor que estos oficios (por modestos que sean) representa para una cultura que a través del tiempo conserva la esencia de una raíz que se fortalece a pesar de los vaivenes sociales en que se encuentra inmersa.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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