Julio Santoyo Guerrero
El discreto gasolinazo del débil presidente
Lunes 1 de Agosto de 2016
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Sin querer hacer mucho ruido, se ha dado a conocer el incremento a las gasolinas y al diésel
Sin querer hacer mucho ruido, se ha dado a conocer el incremento a las gasolinas y al diésel
(Foto: TAVO)

De puntitas, sin querer hacer mucho ruido, se ha dado a conocer el incremento a las gasolinas y al diésel. En la mayoría de los diarios impresos y digitales y medios electrónicos la nota ha sido mandada a un segundo plano. Han tenido mucho trabajo las oficinas de Comunicación Social del gabinete federal y están logrando el propósito: el menor ruido posible.

Y aunque se ha justificado la medida explicando que el nuevo precio se mueve dentro de los parámetros previstos por la Secretaría de Hacienda para 2016, lo crudo es que la noticia –la segunda de este tipo en menos de dos meses, contradice los objetivos que se pretenden con la Reforma Energética: que el precio de estos productos tienda a disminuir paulatinamente con el ingreso a la competencia de capitales privados.

De nueva cuenta la reforma en materia de energía resulta comprometida y ante los ojos de la mayoría de los mexicanos aparece como una decisión que en nada ayuda a sus bolsillos. Muy difícil será persuadir a la sociedad para que prodigue aplausos a una reforma que merma sus ingresos en lugar de mejorarlos. ¿Dónde quedaron las justificaciones pomposas de que la única salida para mejorar la productividad de Pemex y reducir sus costos dependía de la intervención privada, la que gracias al "milagro" del libre marcado generaría la caída de los precios?

Desde el ingenuo sueño algunos dirán que se llegó tarde, que la reforma se ha operado indebidamente por los funcionarios responsables, pero desde el crudo cálculo de los dueños del dinero solamente impondrán la lógica de la mayor ganancia en una nación donde lo real es que el poder político ha estado subordinado a los millones y no a los votos y donde, en consecuencia, los acotamientos debidos son líneas que se diluyen y se mudan con gran facilidad.

Y no se mira que el gobierno del presidente Peña pretenda modificar las tendencias que se están imponiendo, al contrario, son su orgullo, son los dogmas de su escuela. ¿Cambiar?, ¡ni pensarlo! Él es de creencias absolutas. Hace tiempo, por ejemplo, es evidente –ante los malos resultados– el desempeño de su secretario de Hacienda, y parece dispuesto a ir al naufragio con ese capitán. Pero no es sólo el caso del secretario de Hacienda, Videgaray; hay más, es también el caso del secretario de Educación, Aurelio Nuño, que con su obstinada estrategia de no diálogo le ha ocasionado una crisis de gobernabilidad que está arrastrando torpemente a su secretario de Gobernación. El presidente Peña, o bien parece creer que no existen más mexicanos capaces para reorientar el trabajo en áreas tan vitales para el país y para su propio futuro o da la impresión de que es un presidente sumamente débil, incapaz de cambiar de gabinete.

La incapacidad del presidente Peña para decirle no a esta parte de su gabinete que lo está colocando en una situación complicada lo hace aparecer como un presidente atado de manos y supeditado a las políticas de sus secretarios, que lo meten un día sí y otro también en todo tipo de problemas, como si no bastaran los que él mismo se propicia. Manda el mensaje de que no hay más hombres y mujeres en los que pueda confiar para generar su sucesión y de que el delfín saldrá de entre los miembros de un gabinete claramente ineficaz y sin cualidades para un buen gobierno.

El incremento al precio de las gasolinas y al diésel tendrá un costo político inmediato en las clases medias del país. Uno de los símbolos más destacados que marcan la condición de nuestras clases medias tiene que ver con el automóvil y la disponibilidad de movilidad y confort individual que le confiere. El acceso a un automóvil es una puerta de entrada a la clase media y a la esperanza de una mejor condición de vida y confort. El encarecimiento de la gasolina golpeará este símbolo y deteriorará la esperanza de mejoría de este sector, que a su vez es un referente para las mayorías empobrecidas.

Se entiende la discreción con la que el gobierno busca asumir el gasolinazo. Realmente tendrá múltiples consecuencias que lo achicarán más de lo que ya se le percibe.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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