Rafael Calderón
Elegía del Destino
El turno y la presencia, una introducción
Lunes 1 de Agosto de 2016
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Los autores que he ido enumerando en este espacio tienen como referencia directa e indirecta la ciudad de Morelia, ya sea porque llegan de otras partes del país, como Avilés, que se instala después de 1980 y aquí cierra el ciclo de su poesía. Otros que son de aquí y se trasladan a la capital mexicana y generan reconocimiento, como Benjamín Fernández Valenzuela, traductor de Diego José Abad, quien por su entonación y melodía vislumbra una poesía que se nutre de los clásicos griegos y latinos; algo semejante sucede con Alfonso Rubio y Rubio en su condición de poeta y traductor, y sin dejar de lado que la mayor parte de su vida la vivió en Monterrey. En ésta coincide otro michoacano, el crítico literario y de arte don Porfirio Martínez Peñaloza, con quien publicará la revista Trivium.

Y están los que nunca viven en Morelia pero la hacen parte de su materia poética, como Carlos Eduardo Turón, que nutre de recuerdos su poesía y la escribe en la capital mexicana. Mientras que su geografía lírica es Uruapan, pocas veces estuvo en Morelia, aunque la ciudad lo nutre con profunda revelación al participar en el II Encuentro Internacional de Poesía Morelia 1983 para confirmar el alto lugar que representa en sus inquietudes literarias por sus imágenes poéticas que bebe de esas dos aguas que transcurren por sus edificios y avenidas, templos y jardines: la tradición liberal, que es abierta al diálogo y en movimiento con el arte y la cultura, y la otra, moralista, la religiosa y conservadora, aunque abierta al diálogo generacional; ésta es la que aquí destacamos con el ejemplo de poetas y autores de Michoacán.

Y están los que nunca viven en Morelia pero la hacen parte de su materia poética, como Carlos Eduardo Turón
Y están los que nunca viven en Morelia pero la hacen parte de su materia poética, como Carlos Eduardo Turón
(Foto: Especial)

Esta convivencia radica como epicentro en la ciudad de Morelia con sus dos grupos: los de la tradición religiosa y los laicos. Ambos grupos escriben poesía, se nutren de la influencia directa del modernismo y de ese romanticismo tardío que nunca se cierra del todo y que más bien se extiende a lo largo de la historia de la ciudad. Por eso vale la pena decir que existe un tercer grupo que se nutre de estas dos rupturas y tienen como punto de coincidencia una y otra expresión estética y son parte de ese diálogo que sucede por autores con Alfonso Rubio y Rubio, Francisco Elizalde García, Alejandro Avilés y esa orquídea en el desierto llamada Concha Urquiza, y recordar que ella escribe con un eco de la entonación más que religiosa y del sabor de lo místico, trasciende por esa huella tan original en la tradición moreliana dejando un hondo eco de perdurabilidad con temas que asume con originalidad desde su erotismo que en sí es el que encadena su madurez.

La ciudad de Morelia tiene su propia historia para nombrarla o recordar que se deriva su nombre directamente del insurgente Morelos: el que revela la existencia de su nombre reacia e inmediata con la Independencia del país o que surge por la exaltación de los sentimientos patrióticos y en su quehacer cultural tiene a la lírica como su biografía poética que es la que termina por enlazarse a lo largo de su historia con la figura de varios poetas que le prodigan distintos himnos, elegías y canciones. Por ambos lados se observa que estos poetas se nutren de los clásicos castellanos, griegos y latinos, así como de la esencia tradicional de la métrica: destaca por su influencia categórica el soneto. Casi todo en algún momento escribe bajo el predominio de éste. Son notables los casos de Manuel Ponce, Concha Urquiza, Turón, Rico Cano y los hermanos Méndez Plancarte, que lo practican como parte de una renovación que se refleja en su poesía. Es parte de un reconocimiento que sobre la mesa dejar sentir temas de distinta índole (el amor, la muerte, la soledad, esa angustia para nombrar a Dios, algo más del conjunto de su espíritu literario) y expresare con claridad y por su nobleza lírica.

Con fuerza sobresale la pluma diestra entre la poesía y el ensayo de los hermanos Méndez Plancarte. Por esto he decidido agruparlos por igual como “clásicos del siglo XX”. Unos más visibles que otros pero situados en la ciudad de Morelia, y otros como parte de la tradición lírica de Michoacán trascienden el territorio estatal y algunos de éstos son figuras fundamentales de la poesía mexicana. Cada autor ocupa individualmente un lugar en el jardín de poesía mística-religiosa que es de interés perenne y como parte del turno y la presencia de la poesía michoacana de autores nacidos en la primera mitad del siglo XX.

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