Rafael Calderón
Elegía del Destino
El turno y la presencia. Una introducción
Lunes 25 de Julio de 2016
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Para continuar el tema de la poesía en la ciudad de Morelia y su dimensión estatal debo decir que tiene continuidad por el caso específico del poeta Francisco Elizalde García. Es un autor que escribe con el sutilísimo tema de los ángeles y sobre la muerte y con el eficaz sentido de la particularidad. Escribe al margen del Seminario de Zamora, pero aquí es donde aprendió el dominio de la métrica, y estudia las raíces griegas y latinas y son éstas las que lo llevan a escribir con el tiempo con un dominio de propiedad extraordinaria que refleja en poemas como Ángeles de la Muerte, al que le dedica comentarios elogiosos Alfonso Méndez Plancarte en su columna del periódico Novedades, o recordar que antes recibe un comentario más que interesante de Gabriela Mistral, cuando le dice que sigue la lectura reiterada del Poema del rebozo, aunque termina haciéndole saber que se entristece al saber que no tiene discípulos ni continuadores.

En otro orden surge un grupo de poetas opuesto al de los religiosos con el tema de la poesía por delante. Inmediatamente sobresale por la promoción que realiza Marco Antonio Millán -primer editor de los cuentos de Juan Rulfo- con la edición de revistas estudiantiles, difunden los primeros versos de su autoría y de otros jóvenes como el poeta Tomás Rico Cano, Enrique González Vázquez y de toda esa generación conocida como Magallanes, aclarando que son los mismos que difunden su presencia acompañados del Popeye mayor Ezequiel Calderón Gómez y en general aclarar que es una coincidencia generacional que sucedió, primero, como estudiantes en las aulas del Colegio de San Nicolás y, más tarde vislumbran su obra con ediciones de otras revistas celebradas: Pliego, Voces y sobre todo La espiga y El laurel. Es una generación literaria de la que se puede llevar a cabo una lectura más que novedosa y por ahora sólo hay que aclarar que es dueña en un primer momento de un realismo lírico y de experimentación textual, y reconoce un claro de identidad que ilumina la ciudad y por sus poemas trascienden más allá de las fronteras y se inscriben en la tradición de la poesía del siglo XX.

Es importante reconocer que en el orden de la poesía, en 1955, Alejandro Avilés consagra su nombre dentro del influyente Grupo de los ocho al alcanzar reconocimiento con una amplia colección de poemas en la antología Ocho poetas mexicanos que publica en un sobretiro la revista la Ábside, bajo la dirección de Alfonso Méndez Plancarte, que sale en una edición mítica en 1955.

Son los años que Enrique González Vázquez está dando a conocer el primer volumen de los dos únicos títulos que en vida publicó de su poesía, Desnudo viento, bajo el sello de la Universidad Michoacana con un grabado en la portada de Alfredo Zalce, la edición fue preparada en el taller de la editorial Cantera de Raúl Arreola Cortés, autor que más tarde publica la indiscutible muestra Poesía en Michoacán que marcará un antes y un después en el terreno de la poesía, no sólo de autores de la ciudad, sino de todo el estado de Michoacán. Por esos años, en 1949, Tomás Rico Cano publica el título central de su poesía bajo el nombre de Diástole sin regreso.

Y el lugar influyente, tanto por su condición de poeta como ensayista, lo ocupa Ezequiel Calderón Gómez quien escribe poemas con discreción y a veces se olvida de su estremecimiento lírico; la lectura se enfoca más bien en el reconocimiento unánime a La espiga y EL laurel, que mantuvo como la mejor carta de presentación para toda su generación y que sucedió incluso más allá de la ciudad de Morelia, si se quiere hablar de su osadía literaria. Lo mejor será decir que se ocupa ir a las fuentes de su escritura, por lo mismo, sus poemas son una huella poderosa para reconocer la fuerza del lenguaje de sus exploraciones literarias. Ya sea porque escriba soneto, por poemas en verso irregular o por expresiones de sus textos en prosa y por terminar por ubicar su lugar en la poesía como parte de un descubrimiento de sorpresas alegres y felices previstas en imágenes que lo nutren de lecturas de la Generación del 98 o por sus juicios críticos que son parte de su condición de poeta y ensayista excepcional; Calderón Gómez es un escritor que no se ha vuelto a repetir ni se puede decir exactamente que tenga continuadores. El poeta está presente por poemas y ensayos y por su crítica literaria, y confirma que está vivo por su poesía, y ésta será su mejor carta de presentación.

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