Alma Gloria Chávez
El trabajo del hogar
Sábado 23 de Julio de 2016
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Quienes estudian las relaciones y el comportamiento de los seres humanos en sociedad no dejan de asombrarse por el hecho de que aún
en culturas económicamente privilegiadas, las labores realizadas al interior del hogar sean consideradas en una escala de inferioridad tal que con frecuencia ni siquiera merecen mención.

“Resabios del esclavismo y de la colonización. Sentimientos de superioridad… desigualdad social asumida como normal. Cultura social centrada en servicios, asistencia, intercambios… pero no en derechos. Machismo, misoginia, racismo y otras formas de desprecio a lo indígena, a lo diferente. Profundo clasismo. Abusos laborales legalizados y sin regulación. Estas son algunas de las cargas sociales que viven en México las y los trabajadoras del hogar, en relación con sus empleadores y con el entorno… son dos mundos diferentes que conviven bajo un mismo techo. Coexistiendo, interdependiendo, conviviendo. Unidos, pero siempre diferentes”, escribe Ricardo Bucio Mújica en el libro editado por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación Dos mundos bajo un mismo techo. Trabajo del hogar y no discriminación.

Fue durante la Década de la Mujer (1975-1985), convocada por Naciones Unidas, que se dedicó el 22 de julio como día para visibilizar el trabajo del hogar, y en este contexto se conocieron los siguientes datos: “Globalmente, las mujeres contribuyen con dos tercios de cada hora de trabajo realizado en el mundo, por los cuales ganan sólo una décima parte de lo que ganan los hombres y poseen sólo una centésima parte de las propiedades que ellos poseen.

“El trabajo del hogar es invisible pero necesario, si no, sólo imagínese que no se limpiara la casa, que no hubiera comida, ropa limpia, que las camas estuvieran sin tender y sin hacer las múltiples tareas que se requieren para que una casa esté ordenada y cuente con un ambiente de bienestar para la familia. Sólo imagínese un día sin su trabajadora: un verdadero caos. Pues este trabajo sólo se ve cuando se deja de hacer y sólo se valora a una trabajadora cuando falta en casa”, dice en entrevista Marcelina Bautista, de origen mixteco, que empezó a trabajar en casas de la ciudad capital desde los catorce años y que ha llegado a ser secretaria general de la Red Internacional de Trabajadoras del Hogar gracias a su empeño e interés de superación.

Labor doméstica
Labor doméstica
(Foto: TAVO)

La Red a la que pertenece Marcelina desde el año 2000 ha encaminado sus esfuerzos promoviendo la defensa de los derechos laborales de las empleadas del hogar y está afiliada a la Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadoras del Hogar, con sede en México, donde se encuentra la Secretaría General. Esta organización a su vez está integrada a la Red Internacional de Trabajadoras del Hogar, conformada por organizaciones de Asia, África, Europa, América Latina y el Caribe, cuya sede se encuentra en Ginebra, Suiza. En años recientes, la Red lleva a cabo la Campaña Regional por un Trabajo Digno “Nuestros derechos no tienen fronteras”, que busca la ratificación del Convenio 189 aprobado en la C Conferencia Internacional del Trabajo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en junio de 2011.

Haciendo historia, recordamos que la noción de que los servicios reproductivos y productivos de las mujeres son propiedad masculina fue impuesta, primero, mediante sutilezas como las religiones, las leyes, la economía, la política, la educación y las costumbres. Y a tal grado llegó todo esto a influirnos que las propias mujeres llegamos a considerar esta situación no sólo inevitable, sino deseable. Así, mediante la fuerza y la persuasión, las mujeres empezamos a asumir como obligatorias (no compartidas, cual debe ser) las tareas del hogar y aprendimos a desvalorizar ese trabajo, permitiendo el control de dinero y otros recursos a los hombres.

La especialista en derecho laboral (y en este caso de trabajo en el hogar) Claudia Anaya, que ha formado parte del grupo parlamentario del Partido de la Revolución Democrática y coordina al equipo legislativo del estado de Zacatecas, reconoce que sobre todo en Europa se ha dado la pauta para reconocer la labor doméstica como un trabajo más. Las luchas que se han dado por los derechos están rindiendo hoy sus primeros frutos. La Organización Internacional del Trabajo ha acordado considerar la adopción de una convención internacional para la protección de los derechos de las empleadas domésticas, y afirma que de manera general se puede hablar en femenino por ser mayor el porcentaje de mujeres que se dedican a estas labores.

Según la Organización Internacional del Trabajo hay más de 100 millones de trabajadores domésticos en todo el mundo. El número de trabajadoras domésticas en Europa occidental procedentes del este del continente creció en la última década, cuando la Unión Europea se amplió, y en coincidencia con la privatización de los servicios de acompañantes en los países europeos occidentales, de acuerdo con investigaciones de especialistas. Algunos gobiernos europeos están dando pasos para regularizar el trabajo doméstico y el de acompañantes, pero muchos otros quedan rezagados, sobre todo por el problema de la inmigración.

La última Encuesta Nacional de Empleo en México señala que a nivel nacional hay más de un millón 700 mil trabajadores del hogar, y aunque también hay hombres empleados en estas tareas, más de 90 por ciento son mujeres. Muchas de ellas provienen de zonas indígenas o campesinas, o en el caso de las ciudades, de colonias populares.

Este 22 de julio debemos tomar en cuenta el hecho de que, cuando en una familia se reconoce el valor del trabajo del hogar y se comparte de manera equitativa, las relaciones entre sus miembros (padres e hijos/as) resultan más solidarias y respetuosas. Así se aprende también a no despreciar “esas labores que por cotidianas llegan a ser monótonas”. Al revalorar y visibilizar nuestro trabajo en el hogar, al darle su justo aprecio, contribuimos a transformar una sociedad bastante inequitativa… para bien de todos y de todas.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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