Julio Santoyo Guerrero
¿Como caballeros o como lo que somos?
Lunes 18 de Julio de 2016
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México no puede seguir por el camino económico que concentra la riqueza en pocas manos y extiende la pobreza en las mayorías
México no puede seguir por el camino económico que concentra la riqueza en pocas manos y extiende la pobreza en las mayorías
(Foto: Cuartoscuro)

En una peculiar escena de una de las películas de Mario Moreno Cantinflas, el desgarbado personaje les reclama a sus adversarios de juego de dominó, como advertencia: “¿Vamos a jugar como caballeros o como lo que somos?”.

La oportuna pregunta del personaje que interroga a sus interlocutores, que devela el cinismo con el que se suele actuar en la vida ordinaria, que motiva comportamientos dobles que se ajustan a las circunstancias, siempre con el propósito de obtener la mayor ventaja, indaga sobre el terreno en el que se va a actuar y sobre los valores supuestos. El deber ser es la posibilidad, la excepción, la que ocurre si quienes están en el juego asumen el compromiso con comportamientos dignos, pero lo que somos es la vida misma con todas las torceduras que en sí mismas son reglas de vida.

Cuando en los días que corren toma actualidad la preocupación por la sucesión presidencial de 2018 y se aventuran infinidad de escenarios, y se analizan las posibles trayectorias de aspirantes y partidos y se tratan de medir distintos contextos: que si la importancia de las alianzas y con quién, que si la figura presidencial no genera sumas sino restas, que si las reformas estructurales no apuntalan presidenciables, que si la partidocracia terminará reduciendo toda esperanza de cambio en 2018 a un simple eslogan vacío, me abraza la certeza de que la pregunta cándida de Cantinflas tiene aquí plena vigencia porque todo parece que se reduce a eso, "¿cómo vamos a jugar?, ¿como caballeros o como lo que somos?".

A muchos mexicanos nos queda claro que la esperanza para 2018 debe soportarse en la ruptura de la continuidad. México no puede seguir, por ejemplo, por el camino económico que concentra la riqueza en muy pocas manos y extiende la pobreza en las mayorías, no debe seguir el camino que sólo privilegia los procesos globales, desde arriba, sin la presencia de la abigarrada raigambre local; no puede seguir por la ruta de gobiernos que sólo tienen oídos generosos para los grandes poderes económicos y mano policiaca para los que poco o nada poseen, no puede seguir por la senda de la corrupción como valor supremo para el ejercicio del poder público, no puede seguir cuajando la gobernabilidad con dogmas autoritarios y menospreciando la discrepancia, no se puede seguir con los fueros reales y de facto de quienes ejercen los poderes público y económico de la nación, no se puede seguir con un sistema de justicia que atento voltea para resolver en el acto los reclamos de los amos del dinero y se cubre los ojos y los oídos ante las exigencias de justicia de los ciudadanos ordinarios, no se puede seguir con un sistema que permite –porque su diseño así está hecho– la rutinaria muerte de hombres y mujeres por todo el territorio nacional a causa del crimen organizado y de la corrupción o ineficacia de los cuerpos policiacos.

2018 debe ser pensado, centralmente, no a través de los personajes que puedan despuntar entre los partidos políticos y las propuestas ciudadanas. El problema no es, en esencia, de personas, el problema es de contrastar ideas y proyectos. Para que 2018 sea pensado por los mexicanos en el horizonte de la esperanza debe destacar conceptos cruciales: ruptura, discontinuidad, fin de un modelo, nuevo proyecto, castigo a corruptos, fin de fueros, justicia social, democracia efectiva.
De nada sirve la discusión sobre los personajes de 2018 si antes no se discute la crisis de México y no se habla sobre la urgencia de la ruptura con lo que se ha venido haciendo hasta ahora y que ha ocasionado la tragedia mexicana. Si 2018 va a servir para refrendar lo que hemos sido hasta ahora, entonces no hablemos de esperanza, hablemos del México convulsionado que continuará y que en cualquier momento puede rebasar a nuestra democracia electoral y a las instituciones atrofiadas.

Por eso es actual Cantinflas, “¿cómo vamos a jugar?, ¿como caballeros o como lo que somos?” ¿O queremos que este país cambie o queremos la continuidad que tanto nos daña?

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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