Julio Santoyo Guerrero
Pintaron su raya
Lunes 11 de Julio de 2016
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Penalizar a los jóvenes que grafitean; ese es un tema destacado y merece invertir el tiempo de los legisladores.
Penalizar a los jóvenes que grafitean; ese es un tema destacado y merece invertir el tiempo de los legisladores.
(Foto: Carmen Hernández )

Hay de problemas a problemas. Algunos lastiman profundamente a Michoacán y merecen toda la atención del legislativo. Pero pareciera que puestos en el lugar de los legisladores desde ahí se mira una realidad muy diferente a la que ven la mayoría de los ciudadanos de la entidad. A los ciudadanos nos interesa, por ejemplo, que quienes quebraron y siguen quebrando las finanzas públicas deban ser juzgados, y que si las leyes que hoy se tienen son limitadas debe entonces legislarse para atender esta urgencia. Para los legisladores esa realidad no es relevante, son más relevantes otras realidades, por ejemplo, penalizar a los jóvenes que grafitean; ese es un tema destacado y merece invertir el tiempo de los legisladores.

Ciertamente es molesto y oneroso para los dueños de inmuebles que se ven afectados por el grafiti, vivir reiteradamente la experiencia de este fenómeno. Sin embargo, es un asunto que no puede atenderse con la superficialidad con la que se abordó. Existe una pereza ya arraigada en muchos de nuestros políticos y legisladores que los lleva a descuidar el origen social de los problemas sobre los que desean legislar. Pareciera que su principio económico es, todo lo que parezca fuera del "orden social" debe castigarse, es decir penalizarse para que se corrija o para que se inhiba.

Vamos de mal en peor, otras administraciones estatales y hasta municipales llegaron a promover políticas públicas más sensibles social y culturalmente, que buscaban la interlocución con estos jóvenes, trataban de comprender su motivación cultural, política y artística para darles un cauce. Desafortunadamente la pésima tradición narcisista de romper con las políticas públicas de los predecesores ha ocasionado que se pierdan esfuerzos, reflexiones y logros que podrían ser al menos un punto de referencia para abordar con seriedad el problema.

Ciertos legisladores parecen convencidos de que criminalizar la contracultura, las rebeldías gregarias de las minorías o de los sin voz es el camino para hacer que el mundo –su mundo– funcione mejor. Pero no aciertan y la legislación está condenada al fracaso. La punibilidad de la actividad grafitera de los jóvenes se constituirá en el acicate que esta actividad necesitaba para activarse retadoramente. No alcanzará la policía para atender el crecimiento de una actividad que nace justamente del reto a lo que representa autoridad y como cuestionamiento a ciertos valores sociales, nos gusten o no.

No habría sido algo más serio ir al fondo del problema social. Entender qué es lo que está pasando en sus creencias, sus frustraciones, sus decepciones, sus aspiraciones, sus certezas, sus hogares, sus escuelas, de los que se dedican a esta actividad y diseñar una política pública que nos posibilite a sociedad y gobierno encausar sus voluntades.

¿Esta legislación no es acaso el reconocimiento expreso del fracaso de las instituciones no carcelarias para atender un asunto por los medios del trabajo, la educación, la cultura y la convivencia social? ¡Es el fracaso de las políticas de solidaridad humana que debieran promover las instituciones tanto federales y estatales como municipales?

Los legisladores que aprobaron esta ley han pintado su raya claramente con un segmento de los jóvenes a quienes han encajonado obtusamente del lado de la delincuencia y les han construido el mejor puente para transitar hacia una delictividad mayor. Justamente en un estado donde los políticos suelen rasgarse las vestiduras en aras del restablecimiento del tejido social y en el que diariamente reiteran su interés en crear las mejores políticas para que los jóvenes no presenten condiciones para ser reclutados por la delincuencia organizada.

Pero como lo dice el tema, ya clásico, de Los Cadetes de Linares, "aquí no hay novedad", porque en Michoacán los malos gobernantes pueden desaparecer miles de millones de pesos del erario público y seguir tan campantes, pero en cambio comenzaremos a ver jóvenes grafiteros detenidos con eficacia y llevados puntualmente a la cárcel para que escarmienten su delito de rayar o pintar una pared.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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