Julio Santoyo Guerrero
No es el conflicto en turno, es la ruta del país
Lunes 4 de Julio de 2016
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Nada resuelven los gobiernos cuando demonizan los conflictos sociales y se empeñan en explicarlos a través de la simplicidad, culpando de ellos a la mala intencionalidad de actores ocultos y a la ignorancia de las multitudes. Suelen lograr con su versión interesada levantar una densa cortina de humo para que los ciudadanos no identifiquen el origen profundo del conflicto ni a los responsables históricos del mismo. Es una forma de evadir una crisis y recetar aspirinas para un cáncer.

El gobierno ha tenido que acordar políticas públicas cuidando más que nada el interés de los grandes capitales y escuchando a los gerentes de las poderosas empresas globales mientras desoye la preocupación de los que poco poseen y muy poco están representados en el sistema político mexicano. Durante las últimas décadas han construido un nuevo orden económico regional y local y derivado de él un renovado orden jurídico, que no necesariamente supone el ejercicio de la justicia social.
Lo que se ha venido construyendo en aras de conceptos como el de globalización, desarrollo, progreso, libre mercado, competitividad, no ha generado más que mayor desigualdad, nuevos rezagos y un estado de permanente injusticia social. La riqueza ha seguido el camino de la mayor concentración en menos manos y la pobreza se ha extendido hasta sectores clasemedieros que antes no habían sido tocados o que esperaban algún beneficio del nuevo orden.

El gobierno mexicano, desde hace algunos años, le ha apostado a este modelo excluyente para impulsar el “crecimiento” y ha creído, con fe ciega por la subordinación, que los dogmas económicos del libre mercado terminarán imponiendo una realidad generosa: que el mercado, con su magia, eliminará la pobreza; que su virtud reguladora hará mejor las cosas que el “Estado benefactor”.

No ha sido así, y el obstáculo no ha sido sólo el bajo crecimiento económico, el problema es el modelo completito. Para los poderosos capitales es un excelente modelo, han crecido sus ganancias como nunca en las historia; la manera mexicana de hacerlo incluso ha permitido la acumulación meteórica de riquezas gracias a la especulación política que ha regalado a inversionistas las empresas y mercados que manejaba el Estado mexicano. Para las mayorías (trabajadores, campesinos, pequeños empresarios) el modelo ha sido su peor pesadilla: pérdida de empleos, caída de salarios y prestaciones, eliminación de derechos laborales, arrasamiento en los mercados y agotamiento de expectativas.

El modelo está propiciando un país ácidamente dividido que va a paso veloz a la confrontación, una confrontación que va de menos a más y que difícilmente encontrará una adecuada salida con un gobierno deslegitimiado, marcado por la corrupción, la desconfianza y la entrega a rajatabla con el poder económico. Es un modelo que trae de origen la exclusión social del beneficio económico, que ha colocado a la mayoría de los actores sociales sólo en calidad de peones de la dinámica concentradora de la riqueza.

No es pues el conflicto “de” los maestros, o “de” los doctores, o como lo ha sido “de” los pensionados, “de” los campesinos, “de” los indígenas, “de” los estudiantes. No son ellos causa u origen, son el efecto de un modelo que está demostrando su inutilidad para asegurar la justicia social. Un modelo que choca con los valores de la democracia, que los niega necesariamente para poder reproducirse; que antes que el consenso o la gobernanza, opta presuroso por el autoritarismo para que se ejerza el poder público.

De nada valdrá el cambio en los procesos electorales cuando sólo se muda de administradores del modelo, lo decisivo es cambiar ese modelo y todos sus supuestos económicos y políticos; es decir, tenemos que cambiar la ruta que sigue el país.

Este es el cambio que necesitamos, es el más importante porque el primero es sólo una ilusión. No es pues el conflicto de los maestros en curso, es la nación misma.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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