Julio Santoyo Guerrero
No es la flama, es que todo está seco
Lunes 27 de Junio de 2016
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Hay otro México donde decenas de millones de clasemedieros, han visto colapsar sus negocios y sus ingresos, cuya condición se esta corriendo hacia la subsistencia
Hay otro México donde decenas de millones de clasemedieros, han visto colapsar sus negocios y sus ingresos, cuya condición se esta corriendo hacia la subsistencia
(Foto: Cuartoscuro)

Hay quienes piensan que el estallido social que se ha vivido en ciertas regiones del país tiene su causa en grupos de complotistas, que basta arrestar a los incendiarios para retornar a la paz y continuar con la vida, no se quieren detener a reflexionar en torno a las causas de la inconformidad que hacen posible la expresión de las resistencias. Para algunos, desde su óptica, en México no pasa nada, hay progreso, hay paz, hay seguridad, hay empleos, el futuro es halagüeño, y seguramente tienen derecho a pensar de eso modo si forman parte de las familias de los 125 mil millonarios que tiene este país, y para quienes todo es miel sobre hojuelas, las políticas públicas los protegen bien, la cárcel no está hecha para ellos, el futuro está asegurado, la justicia está al alcance de su cartera y su participación en la vida política decide el destino y compromiso de los políticos electos, los que terminan en su mayoría velando por sus intereses.

Pero hay otro México, inmensamente mayor, de decenas de millones de clasemedieros que han visto colapsar sus negocios y sus ingresos cuya condición se está corriendo hacia la subsistencia y hay otras más decenas de millones que abiertamente están en la pobreza y para quienes el futuro son sólo pinceladas negras. Para este abrumador segmento de la sociedad mexicana las políticas públicas del gobierno sólo han significado sacrificio, para ellos los políticos están distantes, ajenos y en muchos casos adversos; para ellos el gobierno no representa un aliento sino una amenaza para su incierto futuro.

Cuando en semanas previas a la elección del 5 de junio algunos analistas eufemísticamente decían que había un generalizado mal humor entre los mexicanos, para referirse al descontento por el mal desempeño del gobierno, trataban de edulcorar lo que realmente estaba y está pasando: repudio y hartazgo contra el gobierno y sus políticas. Así que cuando vino la debacle priista de esa elección todo se quiso reducir a un solo tema, el desacuerdo por la corrupción en el país, con la intención de darle un tratamiento mediático y obsequiarle al Ejecutivo federal la cancha para que tomara la iniciativa en torno a la Ley 3 de 3. Desdeñaron las inconformidades y no previeron lo que ocurriría a pocos días en el marco de las protestas contra la Reforma Educativa. Fueron absolutamente rebasados y el problema de la Reforma Educativa se transformó en un problema de crisis de gobierno.

La protesta pública en el país no creció por la operación de buenos complotistas, creció porque la inconformidad está ahí acrisolándose, desdeñada por el gobierno, que la ha alimentado con políticas públicas que asfixian y afectan a la mayoría de los mexicanos. Si alguien ha sido un excelente agente subversivo ese es el mismo gobierno y sus operarios mal presentados que hace años decidieron divorciarse de las mayorías para entregarse a los brazos de los poderes económicos.

Hasta hace poco casi era herejía hablar del fracaso de las reformas estructurales que acordaron los firmantes del Pacto por México. Todo el discurso del gobierno federal se estructuraba en torno al inminente éxito de esas reformas, éxito que a estas alturas no se mira por ningún lugar en los hogares de la inmensa mayoría de los mexicanos. Después de la elección del 5 de junio comienzan ya algunos actores políticos a reconocer que las cosas no han salido como se pensaron, que deben pensarse nuevas acciones. Incluso, de la reforma predilecta del peñismo, la educativa, se ha dicho desde el Senado que es susceptible de revisarse para hacer modificaciones.

No es pues un problema la flama, el problema es que toda la yerba está seca. El problema no es la "subversión", los "complotistas", o como quieran llamarle, el problema es que este país está en condiciones de arder. Y el mayor problema es que el gobierno y los políticos aún siguen desdeñando esta realidad a pesar de que recurrentemente les ocasiona tropezones. El problema es que no quieren cambiar las pésimas políticas públicas que irritan y han empobrecido a los mexicanos y que han cancelado el futuro esperanzador al que todo ciudadano tiene derecho de aspirar. ¿Esperan ver al país incendiado para cambiar de compromiso?

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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