Rafael Calderón
Esbozo y acercamiento
Lunes 20 de Junio de 2016
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¿Cómo celebrar al poeta Ramón López Velarde? Infiero que esta posibilidad se centra en la poesía y su prosa y a partir de ésta se puede ir a los dos libros que en vida publicó: La sangre devota y Zozobra. El resto, tanto poemas como la prosa, se editó y compiló póstumamente. Dónde detenerse: ¿en el primer libro, en el segundo? Si sucede lo primero, definitivamente hoy día hay que ir a la edición de Obras preparada por José Luis Martínez; si es por el segundo, debo decir que afortunadamente existe una edición crítica en la colección Clásicos mexicanos de la Universidad Veracruzana, preparada por Carlomagno Sol Tachi. Aunque habrá que apelar al juicio crítico de Octavio Paz: “Poemas como “El mendigo”, “Todo…”, “Hormigas”, “Tierra mojada…”, “El candil”, “La última odalisca”, “La lágrima…” y otros cuantos más –en verso y en prosa– lo hacen un poeta moderno, lo que no podía decirse, en 1916 o 1917, de casi ninguno de sus contemporáneos en lengua española”. Valdría la pena saber cuáles corresponden a Zozobra y luego terminar la lectura con uno de estos poemas. Por esto he creído que el elegido es “Hormigas”, según Carlomagno Sol, escribió su autor el año 1917 y aquí nuevamente salta un dato adicional y coincide con lo dicho por Paz: se puede afirmar que en lengua española por aquellos días no se podía estar ante un poeta moderno en el sentido que finalmente alcanzó la obra del zacatecano y más bien tuvieron que pasar años para que finalmente fuera reconocido.

De los dos libros que en vida publicó López Velarde, ya dicho por la crítica y por sus lectores, lo mejor y más granado se centra en los poemas de Zozobra. La diferencia radica en la forma de lectura y los juicios emitidos. Resalta en este orden por su importancia la lectura acuciosa de José Emilio Pacheco: “Margarita es la protagonista de Zozobra y del enigma de amor más intenso y más indescifrable de toda la poesía mexicana. La frustración de esta idolatría engendró sus mejores poemas y lo llevó a aferrase de nuevo ya no a Fuensanta, sino a su recuerdo espectral. Dejó de ser adolescente y su sistema poético se transformó en sistema crítico”. Esto lleva a poner la mano sobre el libro como lector no sólo de su autor sino de ciertos poemas y recordar que fue publicado dos años antes de la muerte del poeta. Ahí confirma la identidad de Margarita Quijano y se reconoce que en los poemas dedicados indirectamente a ésta por su autor manifiesta el amor, el erotismo, el sarcasmo, la conciencia moral y un etcétera interminable; sobresalen imágenes muy gozosas y por lo mismo es un libro de poemas insólito tanto en temas como por la fuerza de su léxico, ya señalado por algunos estudiosos.

Cuando un poeta sobresale por un puñado de poemas o por el conjunto de su obra poética es, por lo mismo, un clásico. Ejemplos, muchos, y en realidad algunos son los que sobreviven al juicio crítico. Por eso, creo, una síntesis afortunada en el caso de López Velarde se resume por el poema “Hormigas”, que acomete ese brillo de la elegancia y la presencia de su metáfora y recordar que tiene la resonancia única de su propio lenguaje. Es parte de esa tradición de la modernidad tan vigente como recordar la fecha de su escritura. Dice: “A la cálida vida que transcurre canora/ con garbo de mujer sin letras ni antifaces,/ a la invicta belleza que salva y que enamora,/ responde, en la embriaguez de la encantadora hora,/ un encono de hormigas en mis venas voraces.// Fustigan el desmán del perenne hormigueo/ el pozo del silencio y el enjambre del ruido,/ la harina rebana como doble trofeo/ en los fértiles bustos, el Infierno en que creo,/ el estertor final y el preludio del nido.// Mas luego mis hormigas me negarán su abrazo/ y han de huir de mis pobres y trabajados dedos/ cual se olvida en la arena un gélido bagazo;/ y tu boca, que es cifra de eróticos denuedos,/ tu boca, que es mi rúbrica, mi manjar y mi adorno,/ tu boca, en que la lengua vibra asomada al mundo/ como réproba llama saliéndose de un horno,/ en una turbia fecha de cierzo gemebundo/ en que ronde la luna porque robarte quiera,/ ha de oler a sudario y a hierba machacada,/ a droga y a responso, a pábilo y a cera.// Antes de que deserten mis hormigas, Amada,/ déjalas caminar camino de tu boca/ a que apuren los viáticos del sanguinario fruto/ que desde sarracenos oasis me provoca.// Antes de que tus labios mueran, para mi luto,/ dámelos en el crítico umbral del cementerio/ como perfume y pan y tósigo y cauterio”.

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