Estrellita M. Fuentes Nava
Recordando a don Álvaro Nava
Viernes 17 de Enero de 2020
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Tengo el honor y el privilegio de poder utilizar en casa el escritorio que fuera de mi abuelo Don Álvaro Nava Miranda. Es un escritorio antiguo, de roble fuerte y en perfectas condiciones. Y debajo del vidrio que protege la superficie está la foto de mi familia materna donde aparece él con una expresión muy adusta, rodeado de su esposa y sus hijos, mis tíos y mi mamá.

Recuerdo de pequeña verlo en este mismo escritorio leyendo los domingos cuando lo venía a visitar a su casa, ya sea hojeando el periódico Excélsior, la revista Siempre!, o las novelas históricas de la Revolución Mexicana. Siempre yo lo veía muy serio, pero él me hacía señas para decirme que me acercara y regalarme la sección de “monitos” del periódico donde venía Mafalda, El Príncipe Valiente, y más caricaturas. Me sentía feliz cuando yo extendía mis manitas y me daba esa sección.

El murió cuando yo tenía 15 años, después de una larga enfermedad cardiovascular por lo que ya en sus últimos tiempos estaba imposibilitado para hablar. Así que la construcción que yo tengo de él y de su historia ha sido a la luz de la narrativa que mi propia familia me ha compartido, ya sea a través de mi abuela en su momento (que ya falleció también), mis tíos, mi mamá, y los buenos amigos que lo conocieron. Es así como a través de pedacitos de historia he absorbido sus anécdotas y sus frases célebres.

De acuerdo a la historia, nació en Contepec, Michoacán un 12 de enero de 1913, hijo de Doña María Morales (así como reza la famosa frase de las películas mexicanas “Hijos de María Morales”), quien quedó viuda a muy corta edad. Y en aquellos tiempos de la Revolución Mexicana se quedaron sin nada de la noche a la mañana porque la tienda de comestibles que tenían se las compraron un día unos “revolucionarios” que traían su propio billete en circulación, y que al paso de los días ya no valía nada. Por eso, con tan solo tercero de primaria tuvo que comenzar a trabajar para ayudarle a su madre y a sus hermanos.

Empezó de chiquillo a hacer recados en la Presidencia Municipal, y así comenzó su carrera en el ámbito público, hasta llegar a convertirse años después en el alcalde de Contepec, diputado local por el distrito de Maravatío, y funcionario en Banrural en distintas ciudades del país. Quienes platican de su experiencia en el banco hablan de que él no ocupaba de las maquinotas contables de antes con las que se hacían cuentas, puesto que con sólo su cálculo mental revisaba las cuentas, y nunca le fallaban.

Fue muy amigo de los hermanos Cárdenas, especialmente de Don Dámaso, hermano del General Lázaro Cárdenas, y en casa conservamos aún fotografías y cartas de ello, así como también todo lo que documenta la carrera política de mi abuelo.

Y como padre de sus ocho hijos fue muy visionario y muy equilibrado entre la disciplina y la flexibilidad que se necesitaba para conducirlos cuando fueron jóvenes en los años 60’s. Con su sueldo de funcionario público y de clase media (jamás tomó lo que no era suyo, y la única casa que compró fue con un crédito hipotecario), pagó escuelas y a todos les dio carrera universitaria; así salieron contadores, abogados, químicos, profesores e ingenieros entre ellos. Los domingos era de misa obligada de todos a primera hora y en latín, para después ir al mercado con sendas canastas y comprar los víveres de toda la semana. Después mi abuelita Esperancita quien siempre fue una chef consumada se daba a la tarea de cocinar, y en las tardes disfrutaban de un festín, así como de los discos de rock and roll, valses o tríos que ponían en el tocadiscos con la radio de bulbos tamaño descomunal que aún conservamos en casa y que ahora se conserva como un mueble.

Cuando se ausentaba en las semanas por el trabajo, porque estaba comisionado en La Barca, Jalisco como receptor de rentas, en Huetamo, en Papantla, Veracruz y más, al regreso el fin de semana pasaba lista para repasar con cada uno de mis tíos y mi mamá los temas de la disciplina. Así que todos marchaban derechito, aunque él no estuviera por algunos días.

De joven y soltero fue muy alegre. Después de que salió de su natal Contepec se fue a vivir a la CDMX donde trabajó incluso de guardaespaldas de políticos (antes de hacer su propia carrera), y cuando regresaba al pueblo le gustaba organizar comilonas con todo y la banda de música. También hay quienes recuerdan sus bromas y sus risas, y de que le gustaba la cacería montando su caballo El Perico. De hecho, así lo tenemos retratado también en el estudio, en una gran fotografía donde está con su caballo, escoltado por dos litografías de Zapata y Pancho Villa a quienes siempre profesó una gran admiración.

Don Álvaro Nava Morales padre de ocho hijos
Don Álvaro Nava Morales padre de ocho hijos
(Foto: Especial)

Siendo alcalde de aquel municipio cuando visitaban las autoridades nacionales, la casa anfitriona era la de mis abuelos, así que su esposa Esperancita quien se casó muy jovencita tuvo que aprender enseguida a guisar desde faisanes, patos, jabalí o lo que hubiese de la cacería, así como todo acerca de los buenos modales para ser una excelente anfitriona y saber montar una mesa, algo que se convirtió en su pasión a lo largo de su vida.

Ella también me narraba que cuando mi abuelo era diputado del entonces Partido Nacional Revolucionario (hoy PRI), y caminaban en las calles, se le acercaban a él desconocidos para pedirle ayuda ya sea para una medicina, un ataúd, o lo que fuese, y aunque no los conociera, a todos les daba por igual. Mi abuela le preguntaba: -Álvaro, ¿y ese quién es?- a lo que él contestaba – No lo sé, pero es un compañero que está en apuros-.
Fundó la Vieja Guardia Agrarista del PRI, y ya en su retiro era común verlo en las tardes en la plaza Melchor Ocampo leyendo su periódico o platicando con su compadre el Sr. Cardona.
Murió tranquilo, sereno, con su mirada fija en un cuadro de la Virgen María junto a su cama, de quien siempre fue muy devoto.

Ahora, a veces cuando estoy en una encrucijada, me pregunto qué habría hecho mi abuelo, o qué me aconsejaría. Su vida es una inspiración para mí, y cada que me narran una anécdota o me encuentro algún objeto suyo que me refiere a una parte de su historia de vida, me hace enorgullecerme del linaje que me heredó.

Así todos los días veo su retrato junto a mi computadora, y de alguna manera sé que en espíritu está presente. Pocos políticos como él, de convicción y de pura cepa, por lo que teniéndolo a él como referente, pocas cosas de la clase política de hoy podrían sorprenderme…

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