Rafael Calderón
La voz solitaria de Tranströmer
Martes 31 de Diciembre de 2019
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En La antología del primer festival internacional de poesía Morelia 1981 se encuentran voces imponentes de una pléyade de poetas mexicanos y extranjeros que concurrieron a leer parte de sus poemas en el Teatro Morelos de la Ciudad de Morelia allá por el año del `81 del siglo pasado. De entre estos, figura uno casi nada o poco conocido, pero con el curso de los años se convierte en una voz clara, de gran inspiración lírica. Ese autor celebre y celebrado representa un gran impacto para la poesía mexicana y la tradición por su voz que llega a través de traducciones memorables. Me refiero a Tomás Tranströmer. Sus poemas hay que leerlos en la antología del festival y recordar que son traducciones de Homero Aridjis y con la colaboración de Pierre Zekeli. Hasta aquí nada que sobresalte, pero si volvemos la mirada a Versiones y diversiones de Octavio Paz, se recuerda la traducción de cuatro poetas suecos, entre estos, Artur Lundkvist –que traduce en colaboración con Pierre Zekeli). Asimismo, se sabe hoy día que Aridjis traduce poemas de éste, pero se encuentran inéditos, que se conservan en el archivo histórico del Taller Martín Pescador de Juan Pascoe, ubicado en el Ex Molino de Santa Rosa, de Tacámbaro, Michoacán.

Sin embargo, podemos leer un puñado de poemas de este poeta sueco en español. Por ahora basta ir a las páginas de la antología del festival y recrear esa lectura que por lo mismo resulta ser con su voz clara y reconocer que es dueño de un eco lejano, al adentrarnos en sus versos se percibe que disolvieron aquel idioma, que se vierten magistralmente al nuestro, para convertirlo en eco de nuestro territorio lingüístico. Sus versos parecen cuadros del tiempo: impactan por su visibilidad entre las fechas postradas y reconocer o ir al encuentro de pájaros o recordar la presencia de casas suecas y solitarias.

Es autor de una escritura sencilla y directa; de una limpidez que destaca por la fuerza de sus metáforas, mismas que son arropadas por temas de la vida cotidiana para consolidar un estilo introspectivo: “místico, versátil y triste”.

Tomás Tranströmer.
Tomás Tranströmer.
(Foto: Especial)

A los 23 años publicó el primer título de poesía: Diecisiete poemas, y por lo menos, hasta 1981, había publicado: A lo largo del camino, El cielo sin terminar, Sonidos y trayectos, Visión nocturna, Sendas, Bálticos, La barrera de verdad. Para entonces, seis de estos títulos han sido traducidos al inglés, dos al alemán y uno al húngaro. Su editor dice: “la poesía de Tranströmer es un análisis permanente de enigma de la identidad individual frente a la diversidad laberíntica del mundo”. Estas palabras son una identidad que se reconoce por su alance de formas y estilos: ya sea porque asombran, hacen vibrar su lenguaje, otorga vida a las maneras de percibir la vida, o porque habla con ese plural de imágenes, termina por estar presente, describe el misterio de una casa, el campo, las vías del tren. Estos elementos son un punto de encuentro como lo dice la Academia Sueca al concedérsele el nobel de Literatura: “Porque a través de sus imágenes condensadas y traslucidas nos permite el acceso a la realidad”.

Como resumen, ante los poemas traducidos por Aridjis, incluidos en la antología del festival, se puede hacer notar que, por aquel encuentro, es un poeta que convivió con otros autores participantes y con el curso de los años, tanto Seamus Heaney, Gunter Grass y Tranströmer son los que definieron el rumbo en la poesía para destacar el fin de siglo y celebrar la evolución de voces tan personales de la poesía contemporánea, como decir que Tranströmer es un hombre visible: su vida fue parte esencial de la cotidianidad. Y es como dicen sus versos: un hombre modesto y sencillo, por su memoria prodigiosa vive y dejar registro de su pasión lírica. No le incomoda la existencia de las iglesias, ni el efecto de las religiones, y recuerda que dentro de los tempos hay un “santo de madera” sonriente.

Es un poeta que por sus versos habla de los lentes de sol, la canción de las aves, el hombre caminando, o el viajero en tren. Estos elementos oscurecen o brillan por su tono, revelan la presencia del idioma de la misma poesía; observa la resonancia del lenguaje: “Otro hombre compra un periódico” en la estación de trenes, pero la huella de su escritura es capaz de registrar esto mismo porque sucede sin importancia entre hombres y mujeres. Tomas Tranströmer es capaz de convertir su vida misma en la esencia de su poesía. “El tren está completamente parado. /A las dos: luz fuerte de luna, pocas estrellas”.

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