Estrellita M. Fuentes Nava
¿Cuál es tu agenda?
Viernes 27 de Diciembre de 2019
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Hace tiempo volví a leer a Stephen M. R. Covey (“La Velocidad de la Confianza”) quien refería que para poder generar confianza entre las personas había cuatro pilares fundamentales: la integridad, la intención, la capacidad y los resultados. La integridad emana partir de la armonía entre el pensar, el decir y el actuar; la intención, que parte de la agenda interna que nos mueve y que determina la manera como interactuamos con los demás; la capacidad, como las habilidades y las competencias que nos hacen ser buenos en algo en específico; y los resultados o el historial personal por el que los demás nos identifican (¿qué es lo que nuestra historia cuenta acerca de nosotros?).

Cuando lo leí me sacudió especialmente el tema de la agenda porque es algo profundo y que a veces perdemos de vista: ¿qué es lo que nos motiva? ¿Qué es lo que nos mueve? ¿Qué es lo que nos hace buscar interactuar con las personas? ¿Qué es lo que realmente nos dice la voz interior cuando están tratando de disuadir a alguien? Tal vez creemos que eso sólo lo sabemos nosotros, pero en realidad al final esa agenda escondida se cuela por alguna parte.

Así por ejemplo hay vendedores que quizás son muy hábiles para envolver a los clientes de tal manera que no se perciba una venta como tal, y poder colocarla (de hecho las nuevas tendencias del marketing refieren a que es mejor establecer relaciones duraderas con quienes a la larga puedas venderles). Y es que en cuestión de segundos las personas podemos empezar a percibir reacciones en nuestro cuerpo cuando alguien nos aborda y nos habla: entusiasmo o apatía, confianza o desconfianza, atracción o repulsión. Se dice que el lenguaje no verbal devela mediante pequeñas señales lo que en realidad buscamos de los demás cuando les hablamos, convirtiéndose en metaseñales que son difíciles de ocultar.

Quienes se especializan en el lenguaje no verbal nos dicen por ejemplo cómo descifrar cuando alguien nos miente: se frota la nariz, esquiva la mirada, finge la sonrisa y enseña sólo parte de los dientes, esconde las manos, puede tener un tic en el ojo… Por ello cuando nos empezamos a sentir incómodos ante la presencia de alguien en realidad es nuestro cuerpo el que nos está enviando las señales para avisarnos de que algo anda mal. Al respecto, Lillian Glass en su libro “Sé Lo Que Estás Pensando” (Paidós, 2003) narra historias terroríficas de personas que no le hicieron caso a sus instintos: desde mujeres u hombres timados por sus parejas, entrevistas de trabajo hostiles y desastrosas, matrimonios que no debieron ser, hasta personas que fueron agredidas y lastimadas.

Todo se sabe. Todo se devela. Las personas somos muy listas para percibir las intenciones de los demás; solo que a veces o hay mentirosos muy hábiles o no nos queremos desengañar a nosotros mismos.

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(Foto: Especial)

De esta manera la agenda se vuelve crucial en las relaciones humanas y empieza por el diálogo con uno mismo. ¿Cuál es el verdadero interés en vincularnos con alguien? ¿Es un interés genuino o es solo para nuestro provecho personal ya sea en términos de dinero, favores, sexo, o cualquier otro tipo de conveniencia? Una persona que se dice amiga, que siempre está pidiéndonos ayuda y que cuando uno está enfermo o necesitamos algo ni se aparece, con esa actitud ya sabemos qué tipo de amistad se trata. O la persona que nunca llama y la única vez que lo hace es porque necesita algo de para su beneficio. También están las personas que se dicen amigas y cuando se busca empleo ni lo voltean a uno a ver. Y están los peores que nos mandan por delante en un proyecto o trabajo por meses a base de engaños, para después no pagar, hacerse los occisos y hasta los ofendidos. En su agenda no estamos nosotros en realidad.

Este tipo de reflexiones aplican mucho para la clase política de hoy en día, porque ¿para qué quiere un político el poder? ¿Para servir verdaderamente o porque en ello encontró su modus vivendi y busca la manera de permanecer en forma sempiterna? ¿Para qué se saca la foto con una viejita en una casita pobre? ¿Porque realmente le interesa o porque es parte del plan de marketing que le hace lucir bien? Y así podríamos irnos más allá. ¿Cuál es la agenda de los grupos parlamentarios en un congreso? ¿Legislar en pro de la gente o negociar y cabildear con sus antagónicos conforme lo dictan los intereses de grupo? ¿La de un partido político? ¿Cultivar ciudadanía o regatear votos? ¿La de una empresa? ¿Venderle al cliente sin importar que sean productos o servicios de mala calidad o asegurarse de generar vínculos incluso afectivos con las marcas por su calidad?

Así nosotros también nos deberíamos preguntar: ¿me acerco con alguien por conveniencia o porque realmente la aprecio? ¿Es su amistad lo que busco o es otra cosa? Porque no está mal ser honestos y decir francamente cuando el interés es de negocios o de una transacción; lo deshonesto es mentir y aparentar solo para la búsqueda de los fines personales.

De esta manera, hay dos agendas vitales que nos definen como personas: buscar siempre el bienestar personal por encima de los demás sin importar el cómo, o algo diametralmente opuesto como lo es buscar el interés público por encima del interés personal. El problema es que hoy la agenda pública está atorada en la balanza del individualismo y está instalada en mi derecho personal a exigir, a protestar, a demandar, a pintarrajear, a gritonear, a golpear, pero no en el proponer, construir, ayudar, ceder, cooperar. Como vemos a partir de estas dos agendas se desprenden verbos que ilustran acciones totalmente diferentes, y la segunda implica definitivamente mucho más trabajo y tener que salirse de la esfera del confort.

Hay asesores de marketing que les cobran a los políticos millones por campañas en las que los hacen lucir impecables y hasta cultos, pero siempre hay un pequeño detalle que devela la realidad ante los ojos del ciudadano y puede romper hasta con el plan más costoso: por descuido un reloj que vale millones y que se asoma debajo de la manga de la camisa en una foto, una pequeña mueca cuando abraza a una persona pobre, una palabra que revela el léxico original, o una expresión misógina de manera pública que desnuda al macho interior. No hay millones que puedan sustituir a las personas de una sola pieza, aquellas que trabajan en pro de la gente porque les nace del corazón; un funcionario que no acepta mordidas ni asociaciones delictuosas para hacerse de millones; los líderes de sociedad civil que denuncian las tropelías y lo que está mal pero que si les buscas encontrarás sólo un perfil intachable. Ellos no necesitan pagar para hacer las cosas con naturalidad y espontaneidad, ganando adeptos.

De esta manera, ante el cierre del 2019 y el inicio del 2020 se antoja un tiempo propicio para reflexionar ¿Cuál es mi agenda personal? En un mundo caótico y mezquino, donde el cambio climático nos fríe hasta los sesos y los gobiernos están quebrando por la falta de credibilidad, ¿de qué lado estamos? ¿Del lado del bien personal o del colectivo? La pregunta, esa sí es individual…

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