Julio Santoyo Guerrero
Actualidad de la oposición
Lunes 13 de Junio de 2016
A- A A+

El Pacto por México representó la última gran convergencia de las élites políticas que aún profesaban la creencia en que el interés de todos los mexicanos podía ser representado en las diversas reformas estructurales
El Pacto por México representó la última gran convergencia de las élites políticas que aún profesaban la creencia en que el interés de todos los mexicanos podía ser representado en las diversas reformas estructurales
(Foto: Especial)

Es tiempo de la acción política opositora. Hubo un tiempo en la vida política del país, con la emergencia de la llamada transición democrática y la realización de la alternancia, en el que el discurso político de líderes y partidos tendía a la convergencia y a edulcorar o simular la oposición. Una convergencia auspiciada por la novedad descubierta en varios de los valores implicados en la democracia que colocaban como necesario y muy productivo el discurso de los intereses comunes, los cuales se lograrían más allá de la discrepancia ideológica y pertenencia partidaria. La eficacia y la eficiencia en el ejercicio del gobierno se colocaban en el centro de la disputa para ser contrastados durante los procesos electorales para que los mexicanos eligieran a los mejores en un contexto en el que se creía que el país avanzaba hacia la solución de sus grandes problemas.

En los últimos años y particularmente durante el gobierno peñista, que ha llevado al país a la profundización de las distintas crisis que venimos arrastrando históricamente, se ha hecho añicos la ilusión de un país en donde no hacían falta los altos contrastes porque se podía argumentar el discurso del progreso. El Pacto por México fue el respiro final de esta condición. El Pacto representó la última gran convergencia de las élites políticas que aún profesaban la creencia en que el interés de todos los mexicanos podía ser representado en las diversas reformas estructurales y que éstas habrían de derramar sus bienes sobre todos los habitantes del país.

La indignación, la decepción, la incredulidad, el enojo, “el mal humor”, el rechazo de la sociedad al desempeño de sus gobiernos ya no es un asunto de minorías. El enfado no proviene ni de las élites ni esencialmente de la militancia de las agrupaciones políticas, proviene de afuera, de la ciudadanía, de las clases medias y lo que queda de ellas, de generaciones de jóvenes sin oportunidades, de los trabajadores y del México profundo que fue y ha sido ignorado por quienes creyeron que trazaban el mejor proyecto de México desde el gabinete.

Lo que está en ruinas es el modelo excluyente que se pensó desde las élites a partir del advenimiento de la transición democrática y la alternancia en el poder. Es evidente que la convergencia que se creyó posible entre los poderes fácticos y el resto de la sociedad terminó convirtiéndose en la subordinación de la sociedad a los poderes fácticos. La ilusión de que sólo la transición democrática, y más aún la sola alternancia en los gobiernos, implicaría una transformación esencial para beneficio de todos se ha derrumbado. Ni la transición –simulada y regresiva– ha mejorado notablemente la calidad de nuestra democracia ni la alternancia –sin oposición de proyecto– ha mejorado la calidad de nuestros gobiernos. El autoritarismo y la negación a la participación de la ciudadanía son pan de todos los días; la corrupción, la opacidad, la ineficacia y la frivolidad siguen marcando a los gobiernos uno tras otro.

La sociedad está en la búsqueda de oposiciones porque ella misma tiene ya un alto sentido de oposición. Su indignación es un sentimiento elemental de objeción porque no aprueba la degradación de la política y la pulverización de su calidad de vida. No busca más el discurso de la convergencia y del pactismo, ese está agotado, sus resultados son desastrosos.

La tendencia al discurso opositor y a la acción opositora representan con claridad el ánimo de los mexicanos en el momento actual. La construcción de proyectos por México desde la oposición que demarca diferencias y argumenta lo discrepante cae en terreno fértil. La respuesta firme, abierta y consecuentemente opositora al modelo en quiebra, que ofrezca caminos viables y maduros para ejercer el poder en beneficio de las mayorías o considerando las particularidades locales de los grupos sociales olvidados, es el camino que marca la condición contemporánea.

La oposición abierta, de alto contraste, debe iniciar la construcción de otro modelo del ejercicio del poder y promover con urgencia el reemplazo generacional y la recuperación de la ética para el ejercicio de la política.

Lo actual, pues, es la oposición, desde ahí se construirá el nuevo México. La razón es que los mexicanos no queremos la continuidad de la ignominia.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
Comentarios
Columnas recientes

De la abdicación a la imprudencia

No avivemos la hoguera

¡No puede ser de otra manera!

Simplismo y eficacia

El gobierno de Fuente Ovejuna.

El sindicato de Elba Esther.

Protagonistas de piedra

Carta al gobernador Silvano Aureoles

La relatividad del cambio

¡Pero si ya son gobierno¡

La reforma educativa es con Gordillo

¿Derogación educativa o moderada reforma?

Matando la lluvia a cañonazos

Electricidad, el olvido de los pioneros.

El nuevo consenso

También son dueños del cielo

La familia y el árbol

El impulso

Que prevalezca la paz

La alianza que no fue.

Encuestas: falibles o simple manipulación

Alemán y los límites de la libertad

El olvido electoral del medio ambiente

Manual para vencer la credulidad y la falsedad electoral

El obsequio michoacano para AMLO

La prioridad

Democracia dinástica

El agua, ¿asunto de seguridad nacional?

A quien corresponda: SOS, prevaricación ambiental

Elecciones limpias o ganar a toda costa

El arte del engaño y el caso Anaya

Los trabajos de los justificadores

Desdén suicida

Ni ven ni escuchan

¿La peor elección?

El rito de la fantasía del cambio

Época de oportunismo, demagogia y espejismos

Votos y nada más

La mayoría imposible

¿Ya en serio... cómo le van a hacer?

Nos quedan los atajos de la política mágica

La tierra es plana, el cambio climático es una mentira

Una Presidencia desierta

Entonces, ¿otra vez se perdió la guerra?

¡El agua se teñirá de rojo!

No se pierde lo que no se tiene

Estas nuevas independencias

Sí, ¿pero cuál es la fórmula?

El boom de los independientes

Nieves y Umécuaro, donde vale más un aguacate que la vida de una familia

Desbordados de fraternidad

Desde Madero, construyendo un Área Natural Protegida

La política que tenemos... y que somos.

Inseguridad, esa letal costumbre

El precio político del proteccionismo de Trump

Juegos de fuerza

Cada loco con su guerra

Acuerdo para recuperar los bosques

Gratitud a los maderenses

Líderes "ejemplares"

Escépticos, desconfiados e indignados

Contrarreforma ambiental

Los ecocidas son genocidas

¿Ganaron los aguacateros talamontes?

Justicia en obra negra

Hoy comienza

Creer en la democracia

El aguacate del narco

Desafío al Estado

Piromanía y codicia

Los padrinos del ecocidio

¡Que se jodan los bosques y las aguas de los michoacanos!

La espléndida guerra de Trump

El consenso antisistémico

La carcajada del aguacate ilegal

El poder de los ciudadanos

Sin concesión al ecocidio

Delincuencia ambiental... ¡organizada!

La sucesión presidencial y de cultura cívica

No cualquier unidad nacional

La defensa de México

El futuro está en el pasado

Dios salve de Trump a Estados Unidos y al mundo

Y sin embargo cambiamos

Furia sin cabeza

2017, el año del enojo social

Candidez de los buenos

La sucesión de la incertidumbre

La política del neoproteccionismo

La caja de Pandora que abre Trump

Beneficios de la debilidad institucional

Cuestión de confianza

¿Y después del repudio a la política y los políticos, qué?

Lobos del planeta

La ordinaria inseguridad

Gobierno de consenso para lo que falta

El arrogante Trump y el pequeño Peña

Dos largos años aún

Decreto para la popularidad

¿Diálogo o garrote?

¡Siguen ahí!

El discreto gasolinazo del débil presidente

¿Es que nuestros bosques morirán?

¿Como caballeros o como lo que somos?

Pintaron su raya

No es el conflicto en turno, es la ruta del país

No es la flama, es que todo está seco

La sacrosanta corrupción

Actualidad de la oposición

Atraco a los bosques

La trampa

Bagatelas en lugar del oro

Que arda la corrupción, no los bosques

Ceguera antilaboral

No había entrado a un lugar parecido

La sorpresa

El que da y quita

El arte de inducir olvido y confusión

Crónica de 3 desacatos o el reto a las instituciones ambientales

Sierra de Madero: deforestó, robó, se burló de juez federal y está libre

¿Otra vez perdiendo, otra vez el infierno?

No es la envidia, es la fragilidad

¿Qué esperaban?

Julio Santoyo Guerrero

Mireles, la venganza de un sistema omiso

¿Quién quemó Roma?, ¿acaso Kate del Castillo?

Por una jodida placa

Reconsideración

Pagar y castigar

El tino de Arnaldo

Silvano y Nuño

El traje del gobernador

Voluntarismo y gobernabilidad

Los vulnerables municipios

El bono de confianza

Silvano y el recurso de la política

Días de mea máxima culpa

El paso decisivo

Libres y cortesanos

Informe oficial de la realidad

Silvano y el minotauro de papel

No debe pasar

Sembradores de lumbre

Los hombres del presidente

Ojalá sólo fuera el organigrama del gobierno

\"Inteligencia, honestidad y huevos, si no va a valer madres\"

De resultados y de oficio político debe ser

El respiro del 7 de junio

La era del nuevo comienzo

¡Votamos por la democracia!