Estrellita M. Fuentes Nava
Lenguaje y misoginia
Viernes 18 de Octubre de 2019
A- A A+

I. De las expresiones misóginas

La palabra misoginia deriva de la raíz griega miseo, que significa odiar, y gyne, mujer; por lo tanto es el odio, rechazo y desprecio hacia nosotras las mujeres. Y hoy en particular me gustaría referirme a las expresiones con esta connotación de misoginia que han dado de qué hablar en las noticias de la política en nuestro país.

Desde la “lavadora de dos patas” de Fox, o el "No soy la señora de la casa" del expresidente Enrique Peña Nieto en una entrevista con el diario español El País, al justificar su desconocimiento sobre los precios de productos de la canasta básica; hasta aterrizar en fechas recientes con el diputado local de Morelos José Casas quien dijo que “es lo malo de sacarlas de una cocina para darles una curul”; los deleznables comentarios del Dr. José Manuel Mireles con sus expresiones como “pirujas” y “nalguitas”, sumando los recientes dichos de Gerardo Fernández Noroña, legislador del Partido del Trabajo (PT) que llamó a la diputada Adriana Ávila más “bocona que la chingada” y pedir elementos para “ponerle una chinga la próxima vez que abra la boca”. Todas estas son claras expresiones cargadas de misoginia de las que desafortunadamente no ameritaron más que en un par casos las disculpas públicas como con Mireles y Noroña, pero de ahí no pasó a más.

En un país donde los feminicidios van a la alza, y en el que la violencia sexual hacia las mujeres cada vez es más recurrente y generalizada, este tipo de expresiones no deberían tomarse tan a la ligera.

II. Lenguaje y pensamiento

Si revisamos las teorías del lenguaje y los procesos cognitivos, encontraríamos estudios que afirman que hay que evaluar minuciosamente la capacidad de la persona para organizar sus ideas, utilizar un vocabulario amplio y su habilidad para llegar a otras personas y persuadirlas, logrando que otros hagan suyas sus propias ideas, como lo señala Elliot Jacques, psicoanalista y psicólogo organizacional canadiense (Understanding Organization, 1995). Sin embargo para él, la comunicación efectiva y el lenguaje evidencian algo mucho más: una persona que logra una capacidad de abstracción óptima y que refleja habilidades para solucionar problemas eficientemente, nos expresa que su procesamiento mental es apropiado.

De esta manera, en lo que refiere a los procesos para la evaluación y selección de personal, existen diversas herramientas para evaluar capacidades y habilidades; sin embargo, en el caso de las habilidades de comunicación, la forma en la que se expresa la persona durante la evaluación y entrevista, ya sea de manera verbal o escrita, nos permite explorar con mayor profundidad la organización del proceso de pensamiento. Así que una persona que relata con orden sus ideas, muestra orden en su pensamiento y expresará ese mismo orden a la hora de enfrentar diferentes tareas concretas. Por lo tanto, es imprescindible tomar en cuenta diferentes niveles en los que la persona se expresa, desde el vocabulario que utiliza hasta la sintaxis con la que construye sus oraciones.

Por lo anterior, si analizamos el discurso de estos personajes de la política mexicana que menciono, observaríamos cómo les aflora en primera, el esquema mental de cada uno de ellos (usted saque sus conclusiones sobre qué tan estructurados están), y en segunda, el machismo que les aflora y que se cuela a través de su lenguaje.

Feminicidios.
Feminicidios.
(Foto: Especial)

También hay un experimento muy bueno que me parece pertinente mencionar: en un video que circula en redes sociales se les pregunta un acertijo a varios entrevistados. Éste narra que un padre y un hijo viajaban en coche y tienen un accidente. El padre muere y al chico lo llevan al hospital porque necesita una compleja operación de emergencia. Llaman a una eminencia médica pero cuando llega y ve al paciente dice: -No puedo operarlo. Es mi hijo-. Al cuestionarles a las personas, la mayoría muestran confusión; dicen que ello no es posible o que probablemente se trata del padre biológico y del padre adoptivo. Pero ello siempre haciendo referencia a la figura del padre. Jamás consideraron la posibilidad de que se tratase de la madre, por el hecho de asociar “eminencia médica” sólo a la figura de un hombre. Eso se denomina “imparcialidad implícita”.

Así que mi punto es: como lenguaje es pensamiento, y pensamiento refiere a estructuras mentales con imparcialidad implícita y una fuerte dosis de misoginia, imagínese el nivel de avance en el que nos encontramos con respecto a la mitigación de la disparidad de género, si desde el esquema mental éste se encuentra descompuesto. Bajo qué lógica entonces podrían nuestros legisladores construir o formular políticas públicas que beneficien a las mujeres.

III. Más allá del discurso de género

La semana pasada fue el Día Internacional de la Niña (11 de octubre), y aquí en México estas son nuestras cifras: nueve millones 602 mil pequeñas viven en la pobreza; el 49 por ciento de las menores de 17 años se encuentran sin oportunidades para su desarrollo; el 32.8 por ciento de las adolescentes en el país han sufrido algún tipo de violencia sexual. Es cruel y desgarrador.

También valdría la pena recapitular que fue en diciembre del año 1993 cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la “Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer”, siendo el primer instrumento internacional de derechos humanos que aborda exclusivamente esta agenda. Estamos a 26 años de dicho reconocimiento, y aún y con todo ello, en México seguimos batallando con mentalidades retrógradas y misóginas.

En lo personal me gustaría ver sanciones más severas hacia los actores públicos que hagan este tipo de expresiones humillando públicamente a las mujeres, sin importar el cargo público que ostenten: desde inhabilitaciones, sanciones pecuniarias, pasando por evaluaciones y terapias psicológicas, servicio comunitario, y hasta cárcel (si hay prisión por conducir en estado de ebriedad, ¿por qué no en esos casos?). Así se la pensarían dos veces antes de agredir verbalmente a una mujer.

No puede ser que en México se denigre públicamente (y se mate, se violente, se degrade) a las mujeres y que simplemente no pase nada. Nuestro país tiene aún mucho camino por andar, por lo que no vendría mal que nuestros actores públicos reflexionen detenidamente sobre qué es lo primero que se les viene a la cabeza cuando piensan en la palabra “mujer”, y analicen objetivamente si no se les cuela un dejo de misoginia. Ello sería un buen punto de partida para empezar a pensar en política pública que sea más adecuada para nuestros tiempos.

Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

Buenos vecinos

En defensa de la vida

Apuntalar a la CEDH

25 de noviembre: Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

Redes sociales progresistas, ¿el partido alternativo a morena?

Marenostrum

Intuición y razón

Culiacán y el manejo de la comunicación en crisis

Lenguaje y misoginia

De la política a la práctica transversal de los Derechos Humanos en Michoacán

Líderes de papel

La dimensión social de la Iglesia según el Papa Francisco

Los valores en México, ¿cuáles? y ¿por quienes?

Mi mascota, mi maestra

Nuestros niños

El arca del gusto en Michoacán

El baile de Peña

5 de agosto: Día Mundial del Agua Potable

La famosa Lola

Mineras al acecho

¿Necesitamos nuevos partidos?

Generación Alpha

El ocaso de la clase media en México

La factura pendiente con el medio ambiente

Slow life

No sólo es prohibir las bolsas de plástico…

Escasez

Centennials

El valor de escuchar

Pastelito

Cultura chaira y fifí

Buenavista no es tierra de nadie: Gordiano Zepeda

Afortunadas mascotas

Los días sin coche

Apuntes sobre el PEF 2019

Nuevos tiempos, nuevos actores

Cuarta Transformación y Revolución 4.0

Adiós a peña

Pobreza y riqueza

El éxodo que se avecina

En defensa de la confianza

Bodas fifí

Vergüenza y herencia

Gestionar los desastres

Austeridad republicana y política exterior

El agua nos hermana

Cultura de revista

El amor en tiempos de internet

Viajando sola

De la misoginia en el ejercicio periodístico

La burbuja de la ilusión

El mito de la privatización por las reservas del agua en México

Votar como un acto de valentía

¿Gobernadores a reelección?

El mercadeo de los debates

Mar de información

Regresar a la violencia

De subjetivos y tristes nómadas el debate presidencial

La velocidad de la confianza

Adictos tecnológicos

Amarrando tigres

El universo es el límite

Mujeres desechables

No hay ni a quién irle

En México sí se prioriza

¡Chanfle! Y ahora… ¿quién podrá defendernos?

Generación X

Los límites del señor López

Una brújula para 2018

Cristo libertador

De entre los más pobres: Santa María Zaniza, Oaxaca

Un vistazo a los ciudadanos-clientes

Mi nombre es Estrellita

Lecciones desde la Revolución

Los millones del PEF 2018 ¿hacia dónde?

De la muerte y sus ironías

Ecos de Rusia de ayer y hoy

Los cuatro jinetes del Apocalipsis en la agenda ambiental

Del feng shui a los Atlas de Riesgos

Los dos Méxicos

El costo de no invertir en el agua en México

In the name of dog

El otro México

Controlar lo incontrolable: del reino de la TV al Smartphone

La doble cara de la minería en México

Una mirada al agua con ojos de mujer

Viejo PRI, ¿nuevo PRI?

El mito que se desmorona

Adiós a Barbie

Una vida entre perros

El valor de lo simple y ordinario

Fanta elecciones

El Inlakesh del agua

Voces de conciencia por el Lago de Cuitzeo

Movilidad social y discriminación en México

El reto de ser hoy municipio en México

El gran reto del agua desde lo local

Crisis del Estado y gobernanza

Más gorditos para 2030

La discriminación por el agua en México

De juniors, mirreyes y lords

#SiMeMatan

Planear sosteniblemente a México

Mundo millenial

La sonrisa de Duarte

¿Qué tienen en común United y Michoacán?

¿Un nuevo orden internacional?

De la mediumnidad al New Age en la clase política mexicana

¿Por qué desperdiciar agua?

¿Cómo medir la salud mental de los líderes políticos?

La vía de las mujeres en México y el mundo

El paradigma del gobierno del agua en México

El modelo de hidro-diplomacia entre México y Estados Unidos

La seguridad humana en el renglón de la democracia

Comida orgánica, ¿sólo para las élites?

Reset México

¿Reviven la Ley Korenfeld en San Lázaro?

Surfear la ola según Davos

En mis ideas mando yo

Compactémonos

El valor de la confianza

Agarrados por el cuello

Crecimiento de las exportaciones agrícolas en México, sí, pero no sin agua

Calidad democrática y crisis de legalidad en México

¿Aires de esperanza para la agenda ambiental?

Agua, pobreza y agricultura

Día Mundial de la Educación Ambiental

Pensar globalmente y actuar localmente en el agua

¿Quién es quién en el agua?

Agua y pueblos indígenas: una asignatura pendiente

La cooperación por el agua

Desastres naturales y pobreza

Cambio climático: una agenda de seguridad para Michoacán