Alma Gloria Chávez
Maiz, grano sagrado
Jueves 3 de Octubre de 2019

Sin olvidar que desde hace cinco años nos faltan 43 jóvenes normalistas

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Hace ocho años, en compañía de mi buena amiga Esperanza Pérez Agís, quien como agrónoma especializada se encontraba colaborando con autoridades municipales de Coxcatlán, Puebla, tuve la fortuna de recorrer parte del Valle de Tehuacán, lugar que, en palabras de la propia Esperanza, puede ser comparable a la antigua Mesopotamia: aquella región del viejo mundo rodeada de ríos; la nuestra, flanqueada por océanos. Ambas, puntos confluyentes de diversas y ricas culturas.

Coxcatlán se encuentra al sureste del estado de Puebla y colinda al norte con el municipio de Ajalpan; al sur, con el estado de Oaxaca; al este con el municipio de Zoquitlán y Coyomeapan y al oeste con Zinacatepec y Miahuatlán. Entre los 5,200 y 3,400 años antes de Cristo, etapa en que el hombre nómada se sedentariza en la región, se comienza a practicar una agricultura basada en plantas y hortalizas, entre las que figuraba el maíz silvestre (teotl-zintle), siendo éste el más antiguo que se propagó.

Por estudios arqueológicos realizados entre los años 1960-1964, fueron encontrados restos de maíz cultivado con una edad máxima calculada en siete mil años, en diferentes cuevas del cerro rocoso agujereado, ubicado al sureste de la cabecera municipal de Coxcatlán. En base a los estudios hechos a los restos del maíz encontrados en esta zona, se concluyó que el lugar fue la cuna del maíz en el territorio entonces habitado.

En ese territorio poblano podemos entender cómo el desarrollo del maíz estuvo vinculado estrechamente con la evolución de los pueblos prehispánicos, siendo el cultivo de esta planta lo que permitió, primero, el asentamiento del hombre prehistórico en aldeas; luego, el surgimiento de grandes civilizaciones en nuestra América, como la cultura andina, que daría lugar, al sur del continente, al imperio inca y a las bien llamadas “civilizaciones del maíz” en el México antiguo.

“El maíz es de origen americano y fue introducido al Viejo Mundo sólo a partir del descubrimiento de la hoy llamada América”, cita A. Candolle en 1886, y las evidencias encontradas desde entonces, hacen de tal afirmación una verdad incuestionable.

El afamado antropólogo mexicano Guillermo Bonfil Batalla dedicó muchos de sus estudios a la relación del hombre con el maíz, que desde épocas remotas fué considerada planta sagrada. “El maíz -dice Bonfil- es una creación del pueblo; el maíz es un instrumento de la cultura del pueblo; el maíz es un derecho del pueblo. La única forma de conservar esas tres características, que expresan el contenido de un proyecto de vida, es logrando que los campesinos recuperen realmente lo que han perdido a manos de los latifundistas, antes, y las trasnacionales, ahora: la posibilidad de definir su vida y su muerte, su trabajo y sus costumbres, sus ritos y sus fiestas”.

El prestigiado León Portilla, ha sido referente en la defensa de nuestro maíz criollo.
El prestigiado León Portilla, ha sido referente en la defensa de nuestro maíz criollo.
(Foto: Especial)

Y para festejar a nuestro maíz, se ha elegido el día 29 de septiembre, que en el calendario litúrgico, se recuerda a los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, actualmente, aunque hace algunos lustros sólo era fecha para festejar al Arcángel Miguel, quien según la doctrina cristiana, fué quien derrotó al mismísimo demonio, enviándolo al fondo del averno. Seguramente por ello San Miguel representa, para quienes cultivan la tierra, el protector de todo lo que se siembra: el que mantiene protegidos los cultivos del mal temporal y todo lo que pueda dañarles.

El día 29 de septiembre también se recuerda, en territorio mexicano, los 23 años de lucha emprendida contra el maíz genéticamente manipulado (el transgénico), acción organizada por campesinos, indígenas, grupos de agrónomos y ambientalistas, denominada “Sin Maíz no hay País”, y que por esta oposición que interfiere en los planes de algunas autoridades y empresarios que buscan crear mayor dependencia hacia las empresas trasnacionales, enfrentan más de 90 acciones jurídicas (entre amparos y apelaciones) interpuestas por empresas promotoras de la biotecnología agrícola.

La batalla por conservar la siembra del maíz criollo en el país, es por la suspensión definitiva de los cultivos genéticamente manipulados y el caso se encuentra en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, cuyo Tribunal Permanente de los Pueblos (Capítulo México) pidió en un dictamen, a la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, defender a México como centro de origen del maíz y los derechos de los campesinos a su cultivo y resguardo de semillas, como tradicionalmente se ha hecho durante centurias.

Aunque las empresas que promueven la siembra de semillas transgénicas en el mundo hablen de su “interés” por ayudar a la humanidad a obtener alimentos libres de contaminantes y de manera abundante, no pueden ocultar la ambición que les alienta al obtener a cambio una mayor dependencia no sólo económica, sino también alimentaria, pues en sus manos se encontrará la posibilidad de la especulación y el control característicos del comercio sin escrúpulos.

En Michoacán existen por lo menos ocho razas y veinte variedades de maíz en las cuencas de Pátzcuaro y Zirahuén. Destaca entre ellas la “raza purépecha” con sus variantes, identificadas morfológica y genéticamente en 2005. Y un dato importante, que nos trajo a la memoria el doctor Víctor Toledo recientemente, testimonia la presencia humana en esta Cuenca lacustre, de hace 3,500 años, por vestigios fosilizados de maíz encontrados en el fondo del lago.

Otro Miguel… el prestigiado León Portilla, ha sido referente en la defensa de nuestro maíz criollo. Ha dicho que nos encontramos en un momento de gran responsabilidad para impedir que el maíz transgénico altere la variedad enorme de nuestro “tonacáyotl”, nuestra planta sagrada, a la que debemos nuestra riqueza cultural. Gracias por su ejemplo y aliento, don Miguel.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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