Estrellita M. Fuentes Nava
La dimensión social de la Iglesia según el Papa Francisco
Viernes 20 de Septiembre de 2019
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Mi primera corriente de camino espiritual inició en el seno del catolicismo, para después emprender mi propia búsqueda por otras vertientes que por el momento no son el tema de este artículo. Sin embargo, resulta que hace pocos días llegó a mis manos la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium del Papa Francisco, y me pareció muy interesante porque pone en perspectiva la dimensión social de la iglesia católica, y más en estos tiempos tan convulsionados. Además aborda temas como la pobreza, la caridad verdadera y la justicia social. A continuación algunos de mis apuntes…

El Papa Francisco apunta que la evangelización conlleva una acción social que es la puesta en marcha del proyecto del Reino de Dios, y en el Evangelio se hace un llamado a la vida comunitaria y al compromiso con los otros, colocando en el epicentro el valor de la caridad, como enunció el Pontificio Consejo “Justicia y Paz”: “Dios, en Cristo, no redime solamente la persona individual, sino también las relaciones sociales entre los hombres”. Evoca que la invitación de Dios es a dejarse amar por Él, y ello provoca en la vida de la persona y en sus acciones una primera y fundamental reacción, que es la de desear, buscar y cuidar el bien de los demás. Las Sagradas Escrituras también expresan la “salida de sí hacia el hermano” como uno de los dos mandamientos principales que fundan toda norma moral; así, “el servicio de la caridad es también una dimensión constitutiva de la Iglesia y expresión irrenunciable de su propia esencia” como lo señala Benedicto XVI.

El llamado al reino de Dios trastoca todo cuanto existe, y por ende tiene consecuencias sociales, ya que estamos llamados a que los bienes de esta tierra puedan todos disfrutarlos. De ahí que la labor de la Iglesia no debe circunscribirse en un círculo privado, sino que tiene que alzar la voz en aras de construir un mundo mejor, en búsqueda de la justicia social, e incluso reconociendo al planeta como la casa de todos nosotros.

Para el Papa Francisco hay una condición sine qua non al interior de la iglesia católica que es la inclusión social de los pobres. Explica que en las escrituras ha quedado plasmado claramente la mirada de Dios hacia los pobres: “He visto la aflicción de mi pueblo e Egipto, he escuchado su clamor ante sus opresores y conozco sus sufrimientos. He bajado para librarlo |…| Ahora, pues, ve, yo te envío…” (Ex. 3, 7-8-10). Y también cuando el apóstol Juan nos pregunta: “Si alguno que posee bienes del mundo ve a su hermano que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios” (1 Jn. 3,17).

El Papa Francisco apunta que la evangelización conlleva una acción social que es la puesta en marcha del proyecto del Reino de Dios.
El Papa Francisco apunta que la evangelización conlleva una acción social que es la puesta en marcha del proyecto del Reino de Dios.
(Foto: Especial)

“La Iglesia, guiada por el Evangelio de la misericordia y por el amor al hombre, escucha el clamor de la justicia y quiere responder ante él con todas sus fuerzas” (Congregación para la Doctrina de la Fé, Instrucción Libertatis nuntius del 6 de agosto de 1984). De ahí que el mandato de Jesús a los discípulos “¡Dadles vosotros de comer!” (Mc. 6,37) se convierte en un mandato para todos. Es un llamado a la solidaridad, pero no como se ha desvirtuado ahora, sino para recrear una nueva mentalidad en la que pongamos en el centro el sentido de comunidad, de dar prioridad a la vida de todos por encima de la apropiación de los bienes por parte de algunos.

En este texto retoma el significado de la posesión privada de los bienes; señala que se justifica para cuidarlos y acrecentarlos, pero de tal manera que sirvan al bien común, asumiendo entonces la verdadera solidaridad como la decisión de devolverle al pobre lo que le corresponde. Ello se traduce como lo señala Pablo VI en su Carta Octogesima adveniens que “los más favorecidos deben renunciar a algunos de sus derechos para poner con mayor libertad sus bienes al servicio de los demás”.

Pero el sentido de la caridad implica también el respeto al otro en su propio contexto, y ayudarle a salir adelante por sí mismo. Como apunta también Pablo VI en su Carta Populorum Progressio, la solidaridad “debe permitir a todos los pueblos llegar a ser por sí mismos artífices de su destino”, así como “cada hombre está llamado a desarrollarse” (es decir que no refiere al asistencialismo tan desvirtuado por la clase política como vemos hoy en día).

También observa el Papa que en el mundo hay de sobra, pero está mal distribuido, y ello es motivo de escándalo, y que la caridad no se trata de poner un plato de sopa en la mesa del que no tiene, sino asegurar que tengan condiciones para prosperar, y ello incluye tener acceso a la educación, la salud; el trabajo libre, creativo y participativo que acreciente su dignidad; un salario justo.

Aterriza en los Evangelios, en donde Jesús da testimonio en su vida misma de la predilección de Dios por los más pobres, al nacer entre los pobres y trabajar con el sudor de su frente para ganarse el pan, así como al abrazar su misión de hablar y trabajar con los más desprotegidos anunciándoles el Reino de Dios. De ahí que el Santo Padre llama a que quiere una Iglesia pobre para los pobres a la luz del ejemplo de Jesús y de esa distinción que hace Dios con los más desprotegidos; pero viéndolos como sujetos activos, de quienes podemos aprender y como sujetos evangelizadores también. Dice el Papa Francisco que “estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos".

Por lo tanto el compromiso no es sólo a las acciones o programas de asistencia, sino a realmente colocar nuestra atención en el otro; una verdadera preocupación por la persona y el deseo ferviente de buscar su bien, y tenerlo en un valor alto, vacunando así esta acción para no colocar a los pobres al servicio de intereses personales o políticos. Como dice Juan Pablo II que sin la acción preferencial por los pobres, el anuncio del Evangelio será solo un “mar de palabras”.

Sin duda se trata de un texto muy actual y vigente para nuestros tiempos, y vale la pena leerlo, si no como un documento de tipo religioso, sí como una epístola que nos hace reflexionar sobre el deber de la caridad que tenemos con nuestros semejantes, así como la vía de la justicia social desde un ángulo novedoso y con un profundo sentido de trascendencia.

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