Julio Santoyo Guerrero
Atraco a los bosques
Lunes 6 de Junio de 2016
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Los incendios forestales arrasaron con cientos de hectáreas de bosque
Los incendios forestales arrasaron con cientos de hectáreas de bosque
(Foto: Archivo)

Hay combinaciones poco auspiciantes para la gobernabilidad. La pobreza, la inseguridad, la falta de justicia y la debilidad institucional son componentes de un coctel peligroso. Pero hay un factor que tiene la posibilidad de alterar la rutina del conflicto: la intervención de los liderazgos desde el Estado y la sociedad civil. Ellos pueden hacer la diferencia.

Hace semanas, al calor de los incendios forestales que arrasaron cientos de hectáreas de bosques, desde la sociedad se planteó con crudeza la causal económica del arrasamiento de estos bosques y se urgió a que las instituciones competentes intervinieran para sancionar. La respuesta fue afirmativa, reconocieron el origen, la causal y el daño irremediable que se le está ocasionando a la ecología y las consecuencias para la sostenibilidad humana.

Sin embargo no pasó de eso, del reconocimiento y la declaración pública, que la prensa replicó en sus titulares en un momento en que las quemazones eran la nota y preocupación de la sociedad porque el humo de los incendios los miraba medio Michoacán. Después el silenció, la impunidad, la permisividad. Es decir, por omisión la autorización simbólica para que quienes desean hacer cambio de uso de suelo procedan con sigilo e impunidad al fin que no hay consecuencias.

En aquellos días, en este sitio, auguramos que las anunciadas órdenes de aprehensión y sanciones terminarían archivadas. No nos equivocamos, y no porque tengamos la facultad del augurio, sino porque es evidente que ciertas instituciones no cumplen con las normativas legales para las que fueron constituidas. Son más una especie de instituciones testimoniales con un funcionamiento burocrático que tienden a justificarse más por su publicidad en los medios que por las acciones efectivas que realizan.

Por ejemplo, hace más de diez meses, la comunidad de San Pedro, en Villa Madero, denunció y procedió legalmente contra unos truhanes que se pretendían apropiar de 35 hectáreas propiedad de la nación, predio forestal no explotado en más de 110 años y que está bajo el resguardo de la Comisión Federal de Electricidad, que tiene en operación una hidroeléctrica en la región; logró, por su cuenta la comunidad, obtener un amparo y luego presionando a la CFE echar abajo la autorización que dichos ladrones habían obtenido de la Semarnat para talar el lugar; pero a pesar de que los delincuentes deben ser procesados por fraude, despojo, tala, cambio de uso de suelo, destrucción del ecosistema y ocupación ilegal de una finca propiedad federal, siguen gozando la impunidad.

En el caso la Semarnat procedió, sin embargo los truhanes siguieron tumbando y robando madera y fueron sorprendidos en flagrancia del delito, detenidos por la autoridad y miembros de la comunidad como lo aprueba el artículo 16 de la Constitución y entregados al director de Seguridad Pública de Villa Madero, el cual se opuso a consignarlos y a los pocos días incluso les entregó los vehículos retenidos con la madera ilegal. Es decir, la impunidad y la corrupción de las instituciones que allanan el camino a los delincuentes para que sigan violando la ley.

Es paradójico que una empresa como CFE, que se califica como de "clase mundial" y que tiene en el área decenas de hectáreas forestales bajo su resguardo, literalmente esté cruzada de brazos permitiendo el ecocidio que la comunidad ha denunciado desde hace diez meses. Paradójico también porque la muerte de los bosques supone la disminución de los caudales de agua y a la larga el fin de una hidroeléctrica que genera energía limpia.

La gobernabilidad, entonces, supone el funcionamiento efectivo de las instituciones y la capacidad de los liderazgos para anticipar y actuar para evitar la omisión y la impunidad. Los liderazgos civiles de la comunidad de San Pedro están cumpliendo su papel en un tema crucial para la región: la ecología, pero no así los institucionales, que aparecen como disfuncionales. En esta contradicción se asientan la mayoría de los problemas políticos del estado. Fallan las instituciones ante los liderazgos civiles, ese es el problema. Luego dicen que actúan bajo presión.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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