Alma Gloria Chávez
Radiaciones ionizantes sin control
Jueves 22 de Agosto de 2019
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Fue en el año 2004, cuando grupos ciudadanos de Pátzcuaro fuimos informándonos acerca de los riesgos para la salud que representaba, en primera instancia, la instalación de antenas de telefonía celular en espacios poblados del lugar y posteriormente, de la ausencia de una regulación en cuanto a la proliferación de esos aparatos móviles que han venido a sustituir “relojes, cámaras fotográficas, enciclopedias y diccionarios… además de la comunicación sana entre los miembros de la familia”. Y aunque se logró restringir la presencia de ese tipo de antenas, sobre todo mediante la apelación a la “imagen urbana”, el mayor daño que actualmente se percibe por no existir una regulación al respecto, la podemos constatar, sobre todo, en las conductas de una gran mayoría de jóvenes que circulan a nuestro alrededor.

Muchos ciudadanos (por lo menos en este lugar denominado Pueblo Mágico) no tomamos en cuenta las llamadas de alerta por parte de sindicatos y organizaciones civiles que se ocuparon de realizar una labor informativa del tema, ponderando lo nocivo que ha resultado para los países latinoamericanos llevar a la práctica el Tratado de Libre Comercio, que permitió a los gobiernos abrir las puertas a la inversión extranjera y nacional sin restricciones o normas de ningún tipo, y que hoy resulta innegable aceptar que ha provocado más problemas, que resolver los que ya existían. Y la telefonía celular es un ejemplo de ello.

La realidad actual es que las empresas de telefonía celular han invadido ya prácticamente nuestros territorios, mediante ofertas de contratos bastante tentadoras, que comprometen a quienes firman la aceptación de la instalación de una antena, a que ésta permanezca ahí en caso de que se emita la normativa para la regulación de esos conductores metálicos. Recuerdo cuando en Pátzcuaro los vecinos de mi colonia, cercana al denominado Cerro Blanco, se organizaron y lograron el apoyo incluso de fraccionamientos aledaños para juntos oponernos a la instalación de una de esas antenas… y para nuestro asombro, los ejidatarios de Tzurumútaro (que comparten con nosotros parte de este cerro) en asamblea determinaron la autorización de la antena en “su” territorio, argumentando que “ellos no viven ahí”. El mensaje que esos “representantes” del ejido nos dieron fue que ellos cobrarían la renta de la antena a la empresa de telefonía… y que el daño a la salud que pudieran provocar las radiaciones… pues sería para los de Pátzcuaro.

Ofertas de contratos comprometen a quienes firman la aceptación de la instalación de una antena, a que ésta permanezca ahí en caso de que se emita la normativa para la regulación.
Ofertas de contratos comprometen a quienes firman la aceptación de la instalación de una antena, a que ésta permanezca ahí en caso de que se emita la normativa para la regulación.
(Foto: Especial)

Hasta hoy día, todavía un buen porcentaje de la población no se encuentra debidamente informado de lo que son las radiaciones ionizantes, pero sí existe cierta conciencia de las alteraciones que causa al organismo de los seres humanos el permanecer por períodos prolongados expuestos a las emisiones de cables y aparatos eléctricos (televisores, hornos de microondas, computadoras, etcétera), porque es una ley física que los mismos abuelos ya conocían y nos han transmitido de manera práctica. Así que no resulta difícil entender por qué cuando se empezaron a instalar las antenas en nuestro territorio, fueron causa de alarma y preocupación.

Cada vez más se habla de los altos niveles de contaminación ambiental en el agua, en los suelos y en la atmósfera. En el aire que cada día respiramos y en las emisiones electromagnéticas que están alterando el comportamiento de muchas especies vegetales y animales… incluidos el ser humano. Todo, debido al mal manejo de los recursos naturales y energéticos que se encuentran sin regulación y muchas veces con el consentimiento o el desinterés de las autoridades en la materia. Hace más de 14 años, muchos ciudadanos avecindados en Pátzcuaro escuchamos la lectura del Acta de Inspección y Clausura que para las pretendidas antenas que serían instaladas en lugares céntricos del lugar, emitió la Secretaría de Urbanismo y Medio Ambiente, desde su Unidad de Asuntos Jurídicos, fechada en el mes de octubre de 2004, además de citar una serie de artículos y fracciones de la Ley General de Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente y de la Ley de Desarrollo Urbano del Estado de Michoacán. Yo pienso que esta lucha ciudadana no ha quedado en el olvido y debe ser tomada en cuenta como referente para un buen proyecto de urbanismo y ecología en el municipio.

“Tenemos que, aun cuando los efectos nocivos que infiere la electropolución no han sido comprobados fehacientemente, se ha determinado que las radiaciones ionizantes, las cuales son producidas por la corriente eléctrica, transmisiones de radio y televisión y telefonía móvil, llamadas también microondas, infieren daño en la salud de las personas que viven cerca de este tipo de obras, y no obstante el desconocimiento del tiempo en que este tipo de contaminación daña, ya que es variable, pudiendo ser unos pocos días hasta 20 o 30 años… por ello, invocando el principio de precaución, que expresa: Cuando exista la amenaza de daño grave o irreversible, la falta de pruebas científicas definitivas no debe usarse como justificación para posponer las medidas encaminadas a evitar la degradación ambiental y a proteger los ecosistemas, lo procedente es ordenar la clausura total y definitiva de las actividades de la citada antena…” esto, refiriéndose a la que se instalaría en el Fraccionamiento El Ciprés, y este mismo protocolo se siguió para cada una de otras.

Lo sucedido hace tres lustros en el lugar, seguramente ha dado pie para que muchas personas que realizan actividades en pro del medio ambiente lo hagan con un mayor grado de conocimiento y compromiso informado.
Por ejemplo, una joven amiga que en aquel entonces colaboraba con el Centro de Estudios Sociales y Ecológicos, bastante interesada en el tema de la contaminación electromagnética, me entregó un documento emitido por el Colegio Internacional de Médicos Nucleares, que menciona que en varios países ya se ha logrado que algunas empresas recomiendan a sus empleados que utilicen el teléfono celular sólo en casos de urgencia, y aun así, lo más brevemente posible. Me pregunto ¿cuál sería su reacción al saber que en México hasta a los niños más pequeños se les permite la manipulación y uso de estos artefactos?

Hace una década también supimos que la empresa Metrocali, una de las principales vendedoras de “celulares” en Estados Unidos, advierte a los padres que desean comprar un teléfono móvil para sus hijos adolescentes, de los riesgos que puede suponerles su uso. Incluso la empresa (hasta donde se sabe) estaba buscando protección legal contra posibles demandas como las que están llevando a cabo algunos fumadores… situación que obligó a las empresas tabacaleras a advertir de los enormes daños a la salud que sus productos provocaban.

Y bien, la no regulación para el uso y el abuso de “consumibles” (en este caso teléfonos celulares), hoy da por resultado no sólo daños a la salud entre millones de personas (recién nacidos incluidos) y las investigaciones que se hacen al respecto, quedan rebasadas ante la demanda de miles de consumidores desinformados, en su mayoría “jóvenes de vidas grises” que viven “entre la indolencia, la fragilidad y el narcisismo”, a decir del analista Mario Campuzano.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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