Alma Gloria Chávez
Recordando al Gran Cronopio
Jueves 15 de Agosto de 2019
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Este agosto, muchos de sus lectores recordamos a Julio Cortázar, ese hombre mágico que nos ayudó a “ir por la vida reconociendo a nuestro alrededor a quienes, sin saberlo, son esperanzas, famas o cronopios”. De padres argentinos, Cortázar nació en Bélgica, Bruselas, un 16 de agosto de 1914. Su primera instrucción la recibió en Argentina, adoptando ahí esa nacionalidad. Realizó estudios de letras y de formación para el magisterio, oficio que desempeñó durante algún tiempo en el medio rural, llegando a convertirse, al correr de los años, en escritor, poeta e intenso defensor de los derechos humanos.

Cuando ocurren cosas tan inverosímiles y absurdas en la realidad mundial, nacional y local, no puede una menos que traer a la mente las Historias de cronopios y de famas, que de manera magistral (y de estirpe surrealista) narrara Julio allá por la década de los sesenta. Fue un autor enorme, en el sentido propio (alcanzaba una estatura cercana a los dos metros) y en el figurado; dueño de una indomable dosis de rebeldía, hizo de su obra una crítica a la política y los poderes constituidos que, como suele suceder, prefirieron censurarla, prohibirla y condenarla, como lo hizo la dictadura militar que se abatió sobre Argentina entre 1976 y 1983.

Autor de libros tan leídos (en el siglo XX) como Rayuela, Final del juego, El libro de Manuel, La vuelta al día en ochenta mundos, Bestiario, o Los autonautas de la cosmopista, entre otros, Cortázar vivió en el exilio autoimpuesto durante 30 años, en absoluta oposición hacia el régimen militar que imperaba en Argentina. En Francia dedicó gran parte de sus últimos años a la actividad política a favor de la izquierda combinar esa acción con una literatura de alta calidad, donde lo fantástico, el absurdo y el humor jugaban papel fundamental.
Tal vez uno de los más brillantes éxitos de Cortázar en sus últimos años (murió de leucemia en 1984), fue sin duda haber elevado el relato político al más alto nivel del relato fantástico, ya fuera con el relato en el que describe el mecanismo de una administración argentina encargada de alimentar con desaparecidos las fosas comunes, o con el que evoca el apocalipsis de una comunidad aborigen del Lago Nicaragua bajo Somoza; o relatando las maniobras de los agentes secretos estadounidenses en Cuba; Cortázar lleva la violencia fanática a dimensiones alucinantes.

La literatura de Cortázar nos llevó a entender que «existen distintos mundos en este mundo».
La literatura de Cortázar nos llevó a entender que «existen distintos mundos en este mundo».
(Foto: Especial)

“Vea lo que pasa cuando se confía en los cronopios. Apenas lo habían nombrado director general de Radiodifusión, este cronopio llamó a unos traductores de la calle San Martín y les hizo traducir todos los textos, avisos y canciones al rumano, lengua no muy popular en la Argentina. A las 8:00 de la mañana, los famas empezaron a encender sus receptores, deseosos de escuchar los boletines así como los anuncios del geniol y del aceite cocinero que es de todos el primero. Y los escucharon, pero en rumano, de modo que solamente entendían la marca del producto. Profundamente asombrados, los famas sacudían los receptores, pero todo seguía en rumano, hasta el tango Esta noche me emborracho…” cuenta Cortázar en Historias de cronopios y de famas.

“La Revolución -una vez afirmó-, no se hace con abejas u hormigas; se hace con hombres. Si los hombres siguen defendiendo posiciones cerradas o sectarias sobre lo que es bueno o malo, no son revolucionarios”. Para Cortázar, el problema de todo intelectual estribaba en la responsabilidad capaz de crear una convergencia equilibrada entre la vocación de escritor y hacer una literatura rigurosa.

A Julio le apasionaba el jazz. También le gustaban otros tipos de música, como el tango; incluso escribió letras para tangos, que fueron musicalizadas en París. Y del mismo modo que varios directores de cine hicieron películas de sus relatos, algunos músicos se inspiraron en los textos de Cortázar para las letras de sus canciones. Por ejemplo, el dominicano Juan Luis Guerra reconoció que su tema Bachata Rosa surgió de la lectura de uno de los capítulos de Rayuela.
Ernesto Cardenal -el poeta nicaragüense-, calificó a Julio Cortázar como “lo más valioso y puro que ha producido América Latina”. Y el paisano Javier Molina -crítico de arte- agregaría: “El Ché Guevara y Julio Cortázar son dos argentinos que dieron la vuelta al día en 80 mundos. Señas particulares: Cronopios, artistas, personas comunes y corrientes, vino y tabaco, trabajo en la calle, amantes de ubérrimos, libérrimos, ínclitos, señores, vagos, ambulantes, escritores, guerrilleros, desvelados. Combatientes”. También podemos agregar, que Julio fue un hombre humilde en su grandeza, en sus escritos y en la acción.

Maestro indiscutible del cuento fantástico, enorme novelista, poeta y fabulista nada despreciable, Julio Cortázar marcó indeleblemente la vocación lectora de muchos/as adolescentes de mi generación, quienes le recordamos con afecto (y nostalgia) en veranos como éste.

La literatura de Cortázar nos llevó a entender que “existen distintos mundos en este mundo” (adelantándose a las proclamas zapatistas); que en un mismo instante La Maga puede encontrarse cantando Schumann y alguien más cantará o bailará la Bachata Rosa de Juan Luis Guerra, y que resulta necesario cultivar una rosa blanca en julio como en enero. Habrá quienes al decir “Cortázar” se acompañarán de música de jazz o de tango con un vaso de whisky con agua de lluvia, trayendo como intercesores involuntarios a Keith Jarrett, Charlie Parker, Beethoven, Miles Davies o el mismo Satchmo (Louis Armstrong).

Habrá quien considere a Julio Cortázar heredero de Edgar Allan Poe. Yo, simplemente pienso que me resulta verdaderamente triste no encontrar jóvenes que se apasionen por lecturas que nos llevan a entender mejor nuestra realidad… para transformarla, obviamente. En este otro verano, en este agosto de relámpagos y aguaceros, cuyas lluvias se escurren entre manos y calan hasta adentro, llegan (buenos) aires que resultan propicios para recordar y festejar (a manera de los famas o de los cronopios) el nacimiento de Julio, el gran cronopio, leyendo, releyendo… o conociendo su obra.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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