Alejandro Vázquez Cárdenas
Odio, un tema de actualidad
Miércoles 31 de Julio de 2019
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Nos dice la popular Wikipedia que el odio es “un intento por rechazar o eliminar aquello que nos genera disgusto; es decir, sentimiento de profunda antipatía, disgusto, aversión, enemistad o repulsión hacia una persona, cosa, o fenómeno, así como el deseo de evitar, limitar o destruir a su objetivo”.

Con tan amplia definición podemos entender que en el caso existir odio hacia otro ser humano, este sentimiento termine por reflejarse a través de insultos o agresiones físicas.

Maticemos, no siempre el odio va a ser algo irracional, ningún trabajo cuesta entender que se puede odiar a todo lo que haya dañado o amenace la integridad personal, de la familia o a la sociedad. Por ejemplo: “Odio a los asesinos de mis padres”, “El gobernador que se robó el dinero destinado al Sector Salud en Michoacán se ganó el odio del pueblo”.

Una consecuencia más que previsible del odio es la aparición de la violencia. Esto es fácil de comprobar, lo observamos cuando un gobernante “X” decide iniciar una campaña en contra de todo lo que considere un enemigo; lo primero que hace es promover el odio hacia ese personaje, grupo, entidad o estrato social, utilizando a sus seguidores, simpatizantes y fanáticos, mismos que le creerán cuanta mentira diga. En la mente de ese gobernante subyace la irracional idea de que así las acciones violentas aparecerán como justificadas y por lo tanto no generarán rechazo o sentimientos encontrados en la sociedad.

El odio es universal, sabemos que existen personas inteligentes que no pueden evitar odiar a otras por la razón que sea; así como existen personas extremadamente idiotas que odian a otras por la razón más peregrina. El odio es igual en ambos casos. Cerebros privilegiados se han dejado arrastrar por el odio; y en el caso de individuos de escasas luces y moral difusa o ausente el odio sí que puede ser muy grande.

Lo anterior nos lleva a reflexionar que el odio no depende ni de la inteligencia ni de la estupidez de la persona; la inteligencia en un individuo que odia, en ese momento, está totalmente rebasada; en el caso de una persona tonta, con un importante componente de resentimiento social, su estupidez estará en la misma proporción a su odio, uno se nutre del otro en un perverso circulo vicioso.

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(Foto: TAVO)

Lo anterior nos lleva a reflexionar que el odio no depende ni de la inteligencia ni de la estupidez de la persona; la inteligencia en un individuo que odia, en ese momento, está totalmente rebasada; en el caso de una persona tonta, con un importante componente de resentimiento social, su estupidez estará en la misma proporción a su odio, uno se nutre del otro en un perverso circulo vicioso.

Una ventaja que tiene el inteligente es que tiene la capacidad de cambiar su odio cuando se detiene a reflexionar, analizar y comprender las razones de su odio. Se puede preguntar por qué, que gana y qué sentido tiene el alimentar ese sentimiento. En el caso del idiota, este permanecerá fiel a su estupidez y no alterará su odio ni aunque se le demuestre lo equivocado que está y la forma en que lo manipularon.

Lenta, pero progresivamente, el ambiente en México se torna incómodo, preocupante, da la impresión de que el odio y el rencor social aumenta exponencialmente a medida que transcurren los días y la ideología de la 4T avanza sin freno, sin que nadie parezca estar haciendo algo efectivo y concreto para enfrentar eso. Un núcleo duro de execrables ideologizados está logrando que miles de ciudadanos vivan en un mundo irreal, esperando lo imposible, soñando en una fantasía, que como todo lo irreal con el tiempo fatalmente terminará por derrumbarse.

Junto a ese núcleo de ideólogos de la destrucción hay que sumar una categoría aún más siniestra, los profesionales del odio, personajes carentes de escrúpulos que han encontrado en la confrontación y la violencia su verdadera profesión. A las grandes masas, siempre crédulas, les venden mentiras, sentimientos y emociones disfrazados de ideología y proyectos. Y algo más que preocupante, el funesto papel de un gran sector de los medios de comunicación, radio, televisión y periódicos, que en vez de informar de manera correcta y apegada a la realidad han decidido, por así convenir a sus intereses, abandonar todo intento de objetividad y sin pudor alguno se han arrodillado frente al poder político. Por si lo anterior fuera poco varios medios han contratado (o aceptado) amanuenses con el único fin de cantar loas al sistema; todo a cambio de dinero, vía contratos con anunciantes y patrocinadores. Los capitanes de los medios de comunicación muestran así su corta visión; son como todo comerciante, capaces de vender con gusto la soga con la que van a ser ahorcados.

Esa es nuestra realidad.

Sobre el autor
"Medico, Especialidad en Cirugia General, aficionado a la lectura y apartidista. Crítico de la incompetencia, la demagogia y el populismo".
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