Estrellita M. Fuentes Nava
¿Necesitamos nuevos partidos?
Viernes 12 de Julio de 2019
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Party!, Party!, Party! fue un partido político de broma que surgió en Australia pero que tuvo una vida muy corta: sus candidatos se postularon solamente en las elecciones de 1989 para la Asamblea Legislativa de la capital australiana, recibiendo un total de 979 votos (0,69 por ciento de los votos). Como resultado de ello las leyes de registro de partidos que entonces eran muy laxas y que permitieron a este partido y a otros partidos similares (por ejemplo, el “Partido Sorpresa”) ser candidatos, la legislación electoral fue cambiada en 1991 para establecer que los partidos deberían tener 100 miembros y una constitución antes de poder registrarse. Esto impidió que se registraran partidos de broma, sólo por diversión. Y como ese caso hay más experiencias en otros países: hubo el Partido de los Rinocerontes o el de la Lucha Libre Extrema Canadiense en Canadá; el Partido para los Amantes de la Cerveza en Bielorrusia, el Partido de los Amigos de la Cerveza en la República Checa; el Partido de los Burros en Irán; el Partido del Karma Democrático en España… y varias ocurrencias más.

En el caso de México actualmente se le dio la apertura para que inicien su registro 82 organizaciones que pretenden convertirse en nuevos partidos políticos, pero los lineamientos en materia electoral estipulan que éstas deberán efectuar al menos 20 asambleas estatales o 200 distritales antes del 15 de enero del 2020. También tendrán que recabar 233 mil 945 afiliaciones equivalentes al 0,26 por ciento del padrón electoral utilizado en la última elección federal.

La única organización que ha estado llevando a cabo asambleas de tipo estatal hasta el 22 de junio es la de Redes Sociales Progresistas, agrupación ligada a la ex líder magisterial Elba Esther Gordillo
La única organización que ha estado llevando a cabo asambleas de tipo estatal hasta el 22 de junio es la de Redes Sociales Progresistas, agrupación ligada a la ex líder magisterial Elba Esther Gordillo
(Foto: Especial)

En un reporte del Instituto Nacional Electoral (INE) la única organización que ha estado llevando a cabo asambleas de tipo estatal hasta el 22 de junio es la de Redes Sociales Progresistas, agrupación ligada a la ex líder magisterial Elba Esther Gordillo, la cual lleva efectuadas nueve. Las asambleas distritales las encabeza Encuentro Solidario (antes Encuentro Social) con 53 de ellas, seguidas por Tendiendo Espacios (organización que no tiene redes sociales) con 29, Fundación Alterativa (de César Augusto Santiago expriista) con 28, Nosotros (acusado de copiar el nombre del partido español y de una asociación mexicana) con 16 asambleas; Movimiento Ambientalista Social por México (encabezado por Nicolás Mollinedo y Mauricio Soto, excolaboradores de AMLO), con once; Gente Humanista (antes Partido Humanista) con nueve; Libertad y Responsabilidad Democrática (la organización de Margarita Zavala que pretende derivar en el Partido Libre) con ocho reuniones; VAMOS con cinco; México Adelante, tres; México Nuevo, tres; Fuerza Redmx (de Gabriel Quadri), una; Frente por la Cuarta Transformación, una y Ciudadanos en Transformación, una.

Después de la dura experiencia que fue para los partidos políticos tradicionales la elección del pasado 2018, y en la que irrumpió y avasalló Morena hasta ganar no sólo la Presidencia de la República, sino también la mayoría en el Congreso Federal y en el Senado de la República, y cuya réplica parece que ocurrirá en el 2021, me pregunto qué tanta fuerza pueden lograr en estas próximas elecciones estas organizaciones que pretenden convertirse ahora en partidos políticos. O mejor aún: ¿cuál es el elemento diferenciador que propondrán al electorado? Algunos suenan a más de lo mismo. Pienso por ejemplo en los que hacen alusión literal a la Cuarta Transformación, los que fueron colaboradores de AMLO junto con el partido de la Maestra Elba Esther, claramente asociados a la mística del Presidente en turno; ¿qué caso tiene entonces fragmentar aún más el voto? ¿Será parte del juego de las prebendas, negociaciones de escaños o el presupuesto? Otro caso es el partido que pretende conformar la ex Primera Dama, el cual tiene un gran reto para lograrse consolidar; ¿no sería mejor desistir? En cuanto al partido de Quadri que proyecta convertirse en un partido digital, el modelo Jurásico que tenemos actualmente quizás tarde varios años más en modificarse para dar entrada a este sistema, como el Partido de la Red que ya existe y que es una plataforma interesante.

De llegar alguno de ellos a cumplir con los requisitos que exige el INE (que seguramente el de Redes Sociales Progresistas sí lo logrará dada la base sindical con la que se moviliza), observo que lo más probable que ocurra es que ya entrados en la jugada cada uno de ellos se desgañitará para atraer la atención del electorado, pero se fragmentará aún más el voto restando legitimidad a quien gane una elección; terminarán de enterrar a uno o dos de los partidos dinos (para que sus cuadros ya se vayan preparando para la Gran Migración); y el dinero a los partidos alcanzará para menos. De hecho actualmente se discute una iniciativa de Morena para reducirles el presupuesto en un cincuenta por ciento a los partidos políticos; y peor aún, no habrá innovación en el sistema político, ni ciudadanos más satisfechos con el ejercicio público.

Hice en lo personal un ejercicio express sobre cuántos partidos políticos hay en los países que tienen este sistema (el de partidos), y en promedio tienen seis como es el caso de Canadá, Colombia, Costa Rica, Alemania, Noruega, Perú. Suiza tiene doce partidos, España ocho, Irlanda más de 14, Israel once, pero llama la atención el caso de Brasil al que le contabilicé 35, aunque en realidad en ese país predominan sólo dos.

Tener muchos partidos políticos no es necesariamente sinónimo de democracia; para ello se ocupan instituciones fuertes, que se cumpla la ley y que haya un estado de derecho; así no tendríamos que hablar ni siquiera de la corrupción.
Aunque la paradoja de la democracia implica que las minorías queden fuera por la decisión de la mayoría (que de pasada recuerdo que para eso existen los escaños plurinominales), la realidad es que en México estos partidos responden más a intereses políticos, a negociaciones, a visiones particulares, y se han distanciado abismalmente del sentir ciudadano fallándole en cumplir sus promesas de campaña y en el cómo traducir sus necesidades en políticas asertivas y efectivas. De eso se trató la pasada elección.

Los mexicanos más que para nuevos partidos, estamos para resultados, y aunque es muy loable la intención de estas nuevas iniciativas en curso por cambiar el orden de las cosas, la realidad es que a nuestro país le hace falta una colectividad más consciente, pensante, informada, organizada y participativa, y ello será precisamente el gran reto que tendrán que cumplir estas organizaciones cuando se sumen a las filas de los partidos políticos en México. ¡Caray! No queremos más de lo mismo: más que partidos, ocupamos políticos, y ya con el solo hecho de que nos cumplan, aunque haya sólo dos alternativas para votar sería más que suficiente. Ojalá pronto nos llegue uno que se convierta en el Partido Cumplidor…

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