Alma Gloria Chávez
Gobernar en la inclusión
Jueves 11 de Julio de 2019
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La democracia, afirma Ikram Antaki, “tiene un lenguaje propio. Para conocerlo, es necesario aplicar principios como libertad, ética, respeto, honestidad, congruencia, equidad, solidaridad, dignidad, información, participación, pluralidad, organización y justicia”. Por consecuencia, en México estamos todavía distantes de alcanzar esa aspiración humana, porque la práctica política que conocemos y en la que muchos connacionales creen, es la cultura de la relación de fuerza.

Si nos preguntamos, ¿cómo funciona un estado? ¿Cómo funcionan sus ciudadanos? Cuando se habla de estos asuntos, resulta útil imponer, como una obligación evidente, el principio de precaución, porque se presenta un cuestionamiento revelador: ¿A qué nivel se rompió la cadena de las responsabilidades en nuestro país? Y entonces tenemos que recordar elementos de la historia propia y ajena, aunque resulte dificultoso, porque en México se ha oficializado la “desmemoria”, por lo menos en las últimas seis o siete décadas.

Apenas ha transcurrido un año desde que millones de ciudadanos que ya no creen en los partidos políticos, que tienen pensamiento crítico y de resistencia ante el nuevo colonialismo impuesto por los tratados económicos neoliberales, lograron un cambio en el sistema de gobierno que por sí solo no logrará avances democráticos si prescinde de los pueblos insubordinados que defienden territorio y recursos naturales como sinónimo de vida y autonomía; de quienes impidieron con su lucha la construcción del aeropuerto en Atenco; de quienes construyeron municipios autónomos y formaron guardias comunitarias; de los miles de maestros que se oponen a las “reformas” educativas y al cierre de normales rurales y escuelas de educación indígena… y de los miles de familiares de personas desaparecidas en el país.

Un cambio en el sistema de gobierno por sí solo no logrará avances democráticos si prescinde de los pueblos insubordinados que defienden territorio y recursos naturales como sinónimo de vida y autonomía,
Un cambio en el sistema de gobierno por sí solo no logrará avances democráticos si prescinde de los pueblos insubordinados que defienden territorio y recursos naturales como sinónimo de vida y autonomía,
(Foto: Especial)

Entonces, nos encontramos nuevamente ante la oportunidad de propiciar y continuar con tantos diálogos interrumpidos entre quienes apostamos a la participación ciudadana comprometida; quienes buscamos el trabajo en común por objetivos consensuados: quienes trabajamos y nos empeñamos en crear redes de solidaridad y apoyo mutuo, creando espacios de intercomunicación y discusión de experiencias. Invitando y sumando a más. Solamente, de esta manera, podemos contribuir a dejar atrás las políticas reaccionarias y funestas.

A través de los años, se va una convirtiendo en “gente memoriosa” y no falta oportunidad para traer los recuerdos de experiencias ciudadanas que lograron marcar el devenir político del lugar que habitamos, reforzando así el convencimiento de que sólo mediante la participación bien informada y con objetivos claros que tengan como principio el bien común, es como se avanza hacia una auténtica democracia, basada en principios justos y equitativos, teniendo además como anhelo la verdadera paz, no la impuesta por las armas, ni la que se encuentra en los panteones.

En el año 2002, por ejemplo, grupos y organizaciones ciudadanos, convocados por el gobierno de Michoacán, a través de la Secretaría de Planeación y Desarrollo Estatal, acudimos a una serie de talleres de autodiagnóstico y elaboración de propuestas, como parte de los compromisos que el titular del Ejecutivo adquirió con la ciudadanía, cuyos resultados fueron tomados en cuenta en la elaboración del Plan Integral de Desarrollo.

Estos talleres de carácter “territorial, sectorial y temático”, que reunieron a un número significativo y representativo de ciudadanos de casi la totalidad de municipios del Estado, fueron programados en distintas regiones, con sesiones de entre ocho y nueve horas de duración cada uno, contando con la participación activa de los que acudimos y en los temas previamente analizados, mediante la documentación entregada al momento de la inscripción. Junto a compañeras de nuestra asociación, tuvimos oportunidad de participar en tres de estos talleres: territorial, uno de mujeres y otro de derechos humanos.

Seguramente, al pasar los años y los cambios administrativos en los sucesivos gobiernos, muchas de las propuestas (que dieron pie a proyectos, planes y programas de gobierno) se fueron diluyendo, desgastando, anquilosando o burocratizando (o hasta pervirtiendo y corrompiendo), de tal manera que hoy resultan irreconocibles. Pero aun así, lo esencial se descubre todavía en muchas prácticas de la administración pública, que hace unos 30 o 40 años resultarían impensables. Yo puedo afirmar, convencida, que esos cambios, aparentemente sutiles, son frutos resultados de años de participación, organización y decisión ciudadanos.

En 2004, durante el Foro de Construcción del Plan de Desarrollo Regional Pátzcuaro-Zirahuén, intercambiando puntos de vista con amistades y conocidos, llegamos a coincidir en cómo resulta importante la participación ciudadana desde los distintos espacios en que nos desenvolvamos, buscando incorporar nuestras opiniones y propuestas en el debate sobre la mejor solución a los problemas que enfrentamos como sociedad.

Precisamente, a ese Foro se nos convocó para hacer una valoración del ejercicio de gobierno y generar, a partir de una valoración diagnóstica y de la construcción de propuestas, un nuevo esquema de política para alimentar el Plan de Desarrollo Regional del Estado. Seguramente estos ejercicios, inéditos en la historia reciente de nuestro estado (y propuestos por el antropólogo que entonces se encontraba al frente del gobierno estatal), fueron minimizados por los medios informativos de la época (todavía bajo control político), por grupos empresariales o de individuos que buscan en la política sólo beneficios personales, dejando de lado todo lo que signifique bienestar social.

En Michoacán, poco a poco vamos caminando hacia la participación ciudadana responsable, honesta y comprometida con el bien común. ¿Cuántos años permanecimos ajenos a la participación política, permitiendo que nos impusieran una y otra vez autoridades que sólo gobernaban para un grupo privilegiado y que hasta se dieron el lujo de despojarnos de bienes patrimoniales y naturales? “Por lo menos ahora, quienes gobiernan, hablan de escuchar”, comenta un amigo pedagogo. “Pero eso no ha significado que además de escuchar lleven todo a consenso y se atienda de manera justa y equitativa... “

Un buen amigo purépecha. Opinó con sobriedad: “Mira, todavía estamos lejos de alcanzar lo que nos proponemos, pero es cuestión de no desesperar… nuestro deber es actuar con responsabilidad y honestidad, para poder exigir: merecemos un gobierno honesto, que no gobierne para el mejor postor, que esté dispuesto a ser evaluado y cuestionado. Que sepa mandar, obedeciendo”.

Si pedimos cambios, también nosotros debemos de cambiar… incluyéndonos, como ciudadanos, en cada acto de gobierno.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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