Arturo Alejandro Bribiesca Gil
Hablemos de refugiados
Viernes 21 de Junio de 2019

Adiós tía Costa; que en tu nuevo hogar coseches tu rica siembra

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El 4 de diciembre del año 2000, la Asamblea General de la ONU, resolvió que a partir del 20 de junio del año siguiente -2001- se celebrará el Día Mundial de los Refugiados, tomando en cuenta, para efectos de la fecha, que la Organización de la Unidad Africana celebraba ya, en esa data, el Día de los Refugiados en África.

El tema de los refugiados no es exclusivo del continente africano, pero probablemente han sido sus hijos los que más han contribuido a perfilar el rostro de este terrible fenómeno migratorio.

Justamente ayer conmemoramos dicho día, lo cual me llevo a reflexionar sobre lo que pasa en nuestro país, respecto a la escalada exponencial del flujo migratorio de centroamericanos, africanos y caribeños, en tránsito hacía Estados Unidos, y el correspondiente conflicto con su xenófobo presidente.

Los refugiados no huyen sólo de la pobreza, sino debido a guerras, dictaduras, persecuciones por motivo de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas, entre horrores, que atentan contra su vida y dignidad.
Los refugiados no huyen sólo de la pobreza, sino debido a guerras, dictaduras, persecuciones por motivo de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas, entre horrores, que atentan contra su vida y dignidad.
(Foto: Especial)

Sé que inicie hablando de refugiados no de simple migración, pero justamente mezclo los temas para tratar de distinguir entre uno y otro.

Por un lado, la migración al vecino país del norte ha sido una constante y hasta costumbre de muchas décadas para nosotros los mexicanos; nuestro estado no es la excepción. No se la estadística, pero me atrevo a decir que la gran mayoría de las y los michoacanos, tenemos, al menos, un pariente en el “otro lado”; por mi parte, con mucho orgullo les digo que mi madre es migrante, mis hermanos Astrid y Adrián tienen la doble nacionalidad, y por parte de la familia de mi mujer, mi querido cuñado Nico, su familia, y un puñado de tías, tíos y primos, son también orgullosos migrantes. ¡Ah! lo olvidaba, mi abuelo Gilberto fue migrante allá por la época del Programa Bracero.

Bueno, siempre hemos tenido quejas de los Estados Unidos por las remesas de gentes que anualmente enviamos, pero el problema empeoró porque, como ya dijimos, no solo están entrando por nuestra frontera común nuestros connacionales, sino ahora también decenas de miles de personas de otros países. O sea, ya era molesto que el vecino se colara a sus fiestas, para que ahora, también el vecino del vecino, el vecino del vecino del vecino y hasta de otros barrios se cuelen. Ya estuvo bueno dicen los gringos.

Por otra parte, sin menospreciar las dificultades que han llevado a muchos mexicanos a dejar su tierra y familia en busca de mejores oportunidades, jamás podremos comparar el drama de los refugiados que no huyen solo de la pobreza o con afanes de superación, sino que huyen de su país debido a guerras, dictaduras, persecuciones por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas, entre otros horrores, que atentan contra su vida y dignidad.

Si bien, no todos los centroamericanos, caribeños o africanos que están en nuestro país pueden alcanzar el status de refugiados, ya que muchos de ellos son migrantes como nuestros amigos y familiares, simplemente de más lejos, debemos verlos a todos con otredad. ¿No creen?

Entiendo… Sé que es difícil pensar que podemos ayudar a migrantes y refugiados de otros países en sus penas, cuando a nuestro alrededor vemos tanto hermano mexicano padeciendo hambre y miseria. Y es difícil, porque visualizamos el problema como una dicotomía, lo que no es. No se trata de quitarle a unos para darles a otros, se trata de brindar la ayuda a todo humano que no lo necesite, sin importar su nacionalidad. La responsabilidad del estado, esa, es otra cuestión.

A nosotros, como sociedad, nos urge una visión humanitaria y congruente; porque queremos humanidad en el norte, pero no estamos dispuestos a darla en el sur, así de simple.

En fin, difícil labor tiene el Gobierno de México ante este problema, porque debe actuar con humanidad, apego a las leyes nacionales e internacionales, respetando a los Estados Unidos, y sus intereses, y al mismo tiempo satisfacer a la opinión pública interna. Se oye complejo, más no imposible.

Otrosí:



Bienvenida una reforma electoral profunda, pero progresiva, no regresiva.

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