Carlos Enrique Tapia
MIGRACIÓN MÉXICO-EU
Un acuerdo posible
Miércoles 19 de Junio de 2019
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Sumisión, patio trasero, rendimiento, algunos de los epítetos lanzados por supuestos “expertos” sobre el acuerdo migratorio que México negoció obligadamente con Estados Unidos ante la amenaza de la imposición de aranceles a todas las exportaciones mexicanas a ese país. La narrativa antiobradorista destaca la forma, no el fondo.

Sin duda, no fue perfecto, menos el mejor; fue el posible. Derecha y ultraderecha vociferan en redes sociales, con sus comentócratas al alimón, a quienes empresarios para encaminar su agenda golpista, el impacto del golpe trumpista. ¿Ignorancia? No, odio por derrocar a un gobierno democráticamente electo.

No se puede celebrar la presión estadounidense para que México cambie su política migratoria, pero pocos destacan que una guerra comercial hubiese devastado la economía mexicana. En el país del norte los efectos hubiesen sido importantes, pero nuestro país hubiese caído primero y con consecuencias imprevisibles.

La migración es un tema humanitario, público y de seguridad nacional, pero Trump busca reducir los derechos de las personas. El facismo avanza una agenda que ignora los problemas estructurales.
La migración es un tema humanitario, público y de seguridad nacional, pero Trump busca reducir los derechos de las personas. El facismo avanza una agenda que ignora los problemas estructurales.
(Foto: Especial)

Como quiera, esta situación se da en un contexto en el que destaca el amago interno y externo a un gobierno democráticamente electo, incluyendo la diatriba oportunista de Porfirio Muñoz Ledo, quien en su discurso ignora deliberadamente la geopolítica, además de haber apoyado al traidor Vicente Fox, quien se entregó sin chistar a EEUU.

En los últimos tres sexenios los gobiernos de PAN y PRI manejaron la realidad y normalizaron una verdad construida en la simulación, mentira e impunidad; por ello, en redes sociales se repele cualquier referencia que derecha y ultraderecha pretendan cuestionar. Estos grupos jamás cuestionan, solo creen.

Si bien México podría perder cierta credibilidad ante los grupos que ven la migración como un fenómeno en sí mismo, esta pérdida viene de los tres sexenios anteriores, cuando la política internacional y la diplomacia mexicana sufrieron serios reveses ante la imposición del pensamiento único neoliberal que empequeñeció al estado.

La diatriba contra el acuerdo migratorio olvida que durante décadas el PRI repelió el tema de la migración mexicana manejándolo políticamente como válvula de escape y asunto que no hiciera ruido a la relación bilateral. Asimismo, con el TLCAN/NAFTA (1994) se excluyó la movilidad humana respecto al libre comercio y el capital financiero.

Durante los fatídicos gobiernos del PAN, se anunció la pretensión de la “whole enchilada”, pero los ataques terroristas de 2001, a pesar del “comes y te vas” contra Fidel Castro, la sepultaron. Con Felipe Calderón, la Iniciativa Mérida se impuso y la masacre de San Fernando no conmovió ni a su gobierno ni a su guerra esquizofrénica.

La migración es un tema humanitario, público y de seguridad nacional, pero Trump busca reducir los derechos de las personas. El fascismo avanza una agenda que ignora los problemas estructurales. Las medidas de contención son insuficientes, distorsionan el fenómeno migratorio y muestran a un gobierno errático frente a la transmigración.

Asimismo, persiste la ignorancia sobre México como país de tránsito desordenado, con dificultades para articular políticas integrales y transversales, tanto internas como más allá de la frontera sur mexicana. Nuestro país no puede jugar el papel de “tercer país seguro” por obvias razones: inseguridad, violencia, delincuencia envalentonada.

En las regiones expulsoras, pobreza, falta de desarrollo, violencia extrema, redes sociales y factores políticos operan la salida masiva de centroamericanos, pero la convergencia con otros grupos de migrantes de África, Asia, Caribe dispararon los flujos migratorios, mientras los gobiernos mexicanos anteriores dejaron su control al crimen organizado.

A nivel nacional en México su control por factores locales y autoridades corruptas, federales, estatales y municipales, generaron las condiciones para la extorsión, tráfico de personas, secuestros, abusos contra mujeres, feminicidios, además de profundizar el desorden descomunal de los procesos migratorios.

Pero es paradójico que derecha y ultraderecha que antes exigían seguridad en la frontera y expulsar a los migrantes, hoy se opongan a un acuerdo que sin duda no es el mejor; es el posible. Si bien se cedió demasiado en el terreno migratorio, la pretensión sería que su regulación favorezca la gobernabilidad, no solo la contención.

Durante más de un siglo, la migración mexicana marcó en parte la relación bilateral con Estados Unidos. Solamente con el programa bracero (1942-1964) se reconoció la importancia de la mano de obra mexicana para la economía de ese país. Después una cortina de humo ocultó su trascendente papel para ambas naciones.

La transmigración, a pesar de la falta de reconocimiento oficial en México, puso su acento a los cambios que desde 2007 venía experimentando la migración mexicana a Estados Unidos. Las caravanas migrantes de 2018 imprimieron mayor desorden a procesos añejos que rebasaron lo humanitario, público y la seguridad nacional.

El manejo político y electoral del gobierno poco cuerdo de Donald Trump, imprimirán ahora un nuevo derrotero a la política migratoria mexicana. E insistiremos: la contención será insuficiente si los gobiernos centroamericanos no se integran a una perspectiva que reconozca la idea de un territorio circulatorio, más allá del corredor migratorio Sur-Norte.

No es el mejor acuerdo; fue el posible. Por ello la diatriba derechista mexicana es esquizofrénica. En 2018 se rechazó abiertamente a los transmigrantes; hoy repele un acuerdo que podría regular su paso por territorio nacional. Se trata del odio a una opción política que busca cambiar corrupción y saqueo. Es la agenda golpista.

Sobre el autor
Antropólogo social, doctor en Historia. Colabora en Cambio de Michoacán desde 1996, con una breve interrupción en 2001-2003. Se especializa en estudios migratorios, en particular la historia y problemática actual de la migración México-Estados Unidos, Michoacán-Estados Unidos, y problemas relacionados con políticas públicas, desarrollo socioeconómico, tendencias políticas y partidistas, participación ciudadana. Por ello dedica también sus columnas a entender y analizar el rumbo social, económico, político y cultural de Michoacán y México en general, desde una perspectiva crítica y ciudadana.
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