Gerardo A. Herrera Pérez
Descolonizar para avanzar 1/3
Miércoles 12 de Junio de 2019
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Reflexiono sobre el tema de la descolonización, pensando en lo que viví hace unos días, cuando fui invitado por el Ateneo Michoacán a escuchar sobre problemáticas de violencia política de la mujer y; en mis diferentes facetas como servidor público, activista y defensor de los derechos humanos de grupos en condición de vulnerabilidad y de las mujeres desde 1983, cuando fui jefe del Departamento de Organización de Mujeres Campesinas, de la Coordinación del Programa Productivo de la Mujer Campesina en Michoacán, dirigida por la señora Celeste Batel e impulsada por el gobernador Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y en donde conocí a Clara Ochoa, directora del mismo, gran mujer de mucho talento, creatividad y de quien aprendí permanentemente.

Esta reflexión la dedico a todas las mujeres que en mi camino han estado presentes y de las cuales he aprendido y me han formado; también para aquellas organizaciones que impulsan acciones a favor de éstas en una visión de respeto y dignificación de sus cuerpos. Lo dedico a Ateneo Michoacán, en donde muchas mujeres se forman para construir un mundo mejor; también la dedico a Luisa, Mayra, Diana, Elvira, Claudia de quienes aprendo permanentemente.

Considero que todos los tipos de feminismos que existen, deben ser descolonizados, es decir, deben de dejar las ataduras del feminismo occidental, del feminismos de las mujeres blancas y empoderadas, con estudios y dar paso a feminismos emancipados, libres para la toma de decisiones y generadores de condiciones sin opresión, y sin vivir en cautiverios, como expresa Marcela Lagarde.

El racismo actúa como un mecanismo para organizar a la sociedad, más que una ideología, constituye una manera de excluir legitimando las cuestiones que generan asimetríalegislativa.
El racismo actúa como un mecanismo para organizar a la sociedad, más que una ideología, constituye una manera de excluir legitimando las cuestiones que generan asimetríalegislativa.
(Foto: Especial)

Pensar en los feminismos marxistas, socialistas y liberales, y aun aquellos que no se encuentran en el discurso, los feminismos afros, los feminismo de mujeres indígenas pobres y precarizadas, los feminismos de las mujeres con discapacidad, los feminismos de mujeres de talla baja, es decir la diversidad de feminismos que existen. Es importante precisar que no podemos solo ver la existencia del feminismo occidental de aquellas mujeres blancas, que borraron la existencia de mujeres a través de aplicar una nueva forma de organizar la sociedad a través del racismo; la aplicación del racismo no es una ideología, es una manera de organizar la realidad, nosotras y ustedes, es decir denominar para dominar.

En efecto el racismo actúa como un mecanismo para organizar a la sociedad, más que una ideología, constituye una manera de excluir legitimando las cuestiones que generan asimetría, de las cuales nos habla esta lucha por el poder.

Desde el pensamiento feminista dentro del marxismo, permitió ubicar el lugar de las mujeres en los procesos de producción y reproducción de la fuerza de trabajo, así como las formas de explotación y subordinación en el ámbito del hogar y de la familia, espacio asignado a éstas y donde se desarrollaron las actividades reproductivas para el mantenimiento y reproducción de la fuerza de trabajo, esa fuerza que estará a las órdenes del capitalismo histórico, y que hoy cual mercancía es comprada por un salario, por un horario que no solo puede ser de 8 horas, en ocasiones va más allá de esas jornadas sobre todo cuando hablamos de familias de jornaleros y el trabajo que realizan las mujeres y las niñas.

Esta posición no es resultado de un proceso biológico que recae sobre el cuerpo de la mujer, sino de construcciones sociales vinculadas al desarrollo del capitalismo y de la familia. Así, las feministas marxistas pensaron que el origen de la opresión de las mujeres es producto, por un lado, de la aparición de la sociedad de clases y, por otro, de la creación de la llamada familia nuclear (papá, mamá e hijos), en donde el patriarcado ejerce la subordinación y el poder; la Posmodernidad nos da otros elementos, porque ya no hablamos de un tipo de familia, sino de familias desde las unipersonales, pasando por las lesbomaternales, homoparentales, extensas, etcétera.

En este sentido, tanto el trabajo doméstico y las tareas de cuidado de la familia y la fuerza de trabajo son apropiados por el capital y se tornan fundamentales en la explicación que sobre los procesos de explotación femenina se dan desde un enfoque marxista.

Cuando se lee El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, nos damos cuenta que es la familia nuclear, el punto de la derrota de la mujer a manos de los varones, ya que al llevarla a un espacio llamado hogar donde convive la familia, quedan éstas degradadas al nivel de la servidumbre, es decir ahora se convierte en la sirvienta de la familia, en un ejercicio de micropoder como dice Michel Foucault a favor del esposo o del hombre, y se convierte igualmente en un instrumento para la reproducción biológica de la fuerza de trabajo.

Bajo este enfoque marxista las feministas lograron problematizar el tema de la dominación de las mujeres a partir de la relación entre la explotación económica y sexual. Con ello, se podía explicar por qué las mujeres en su calidad de productoras de la fuerza de trabajo, son también sujetas sometidas a las relaciones desiguales de producción que se extienden de lo económico a lo social. Este es una reflexión que nos permite encontrar los mecanismos de opresión que viven las mujeres y por lo cual los hombres piensan que esas mujeres son suyas, aunque cuando Eduardo Galeano expresa que el hombre jamás reconocerá que mato a su mujer por miedo, sino porque era suya.

Por tanto el ámbito de la familia, y la centralidad que en ella juega el patriarcado, genera la espacialidad en donde se dan las dinámicas sociales que legitiman la apropiación del trabajo y los cuerpos de las mujeres por parte de los varones.
Así la mujer es reducida y cosificada a la condición de objeto material en y desde el ámbito de la reproducción de la vida, así como en el proceso de la producción de mercancías donde también están presentes las mujeres y son alienadas como el resto de los varones de su clase.

Tanto Marx como Engels definían que “El burgués ve en su mujer un mero instrumento de producción, no sospecha siquiera que el verdadero objetivo que se persigue (en el comunismo) es el de acabar con esa situación de las mujeres como mero instrumento de producción”.

Para las feministas socialistas plantearon que la subordinación de las mujeres data de épocas anteriores a la sociedad de clases o capitalista. El asunto del patriarcado es central para comprender la subordinación femenina, ya que como Sistema otorga poder al hombre, que se articula al proceso de explotación de las mujeres en las sociedades de clase.

Para las feministas socialistas la subordinación de las mujeres se explica también a través del patriarcado como sistema que valoriza lo masculino por encima de lo femenino, es decir del androcentrismo, y desde esta visión, la subordinación femenina se manifiesta a partir de la interconexión entre los procesos económicos y patriarcado.

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