Alma Gloria Chávez
En el Día de Acción por la Salud de la Mujer
Jueves 30 de Mayo de 2019
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Como tantas acciones afirmativas desarrolladas por el movimiento internacional de mujeres, actualmente está creciendo el número de quienes hemos descubierto que la Salud, como parte de los derechos humanos, es cosa nuestra y que existe una obligatoriedad de quienes prestan y ofrecen servicios de salud para informar y orientar de todo lo que sea necesario o conveniente para ayudar a nuestro organismo a recuperar su buen funcionamiento y equilibrio. Resulta necesario obtener información de lo que sucede en nuestros cuerpos, para ser verdaderamente corresponsables del buen manejo de nuestras vidas.

Haciendo historia, es importante recordar que fue a partir de 1987 cuando se acordó dedicar la fecha del 28 de mayo para realizar acciones encaminadas a orientar, difundir y reflexionar acerca de la salud de la mujer, sumándose a esta campaña muchos colectivos y grupos de mujeres en todo el mundo, enfrentando al desafío sin precedentes planteado por las políticas neoliberales a nivel social, económico y político, que han venido restringiendo las acciones ciudadanas, obstruyendo además la posibilidad de ejercer los derechos sociales fundamentales.

En el año 1987, durante el Encuentro Internacional de Salud de la Mujer, realizado en Costa Rica y a instancias de las integrantes de la Red Mundial de Mujeres por los Derechos Reproductivos, se tomó la decisión de comenzar una campaña permanente de Acción por la Salud de la Mujer, que inicialmente fue por la prevención de la mortalidad y la morbilidad maternas.

Aunque existen pocos grupos y organizaciones de mujeres que realizan un trabajo permanente de educación en derechos sexuales y reproductivos , quienes tenemos auténtico interés en la promoción de nuestros derechos, cada vez que reflexionamos más.
Aunque existen pocos grupos y organizaciones de mujeres que realizan un trabajo permanente de educación en derechos sexuales y reproductivos , quienes tenemos auténtico interés en la promoción de nuestros derechos, cada vez que reflexionamos más.
(Foto: TAVO)

Sin duda que esa primera campaña para la prevención de la mortalidad y la morbilidad maternas resultó vital para impulsar a los gobiernos y organismos internacionales a prestar mayor atención a las diversas causas de enfermedades y muertes relacionadas con el embarazo y el parto, incluyendo las complicaciones del aborto clandestino.

A mediados de la década de los noventa, dieron inicio una serie de reuniones regionales de evaluación que culminaron en una reunión internacional realizada en Sudáfrica en febrero de 1997. En esa reunión, adonde llegaron mujeres de países considerados “en vías de desarrollo” y que aportaron mucho en cuanto métodos tradicionales para atender problemas de salud, se aunaron las conclusiones de cada región, cuando se hizo evidente que dada la aplicación de las políticas neoliberales en el plano social, económico y político en muchos países, especialmente en las regiones “en desarrollo”, era necesario darle otro cariz a la campaña, incorporando una crítica de esas políticas, destacando el impacto que producen en el acceso de la mujer a la atención sanitaria de calidad y luchando porque se garantice el derecho de la mujer a contar con una atención de calidad, integral y sensible al género.

En el año 2000 y por segundo año consecutivo, la Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe (RS-MLAC) coordinó esta campaña con la premisa “por el reconocimiento de nuestros derechos sexuales y reproductivos” en todos los niveles de la sociedad. Al mismo tiempo, tomando en cuenta la urgencia de responder a las necesidades de las capas jóvenes de la población, se trabajó en torno a la acción lanzada en 1999: “Por el pleno acceso de mujeres y hombres adolescentes a servicios de salud sexual y reproductiva con alta calidad de atención, y a programas de educación sexual integral y elaborados desde un enfoque de género y derechos humanos.

Aunque existen pocos grupos y organizaciones de mujeres que realizan un trabajo permanente de educación en derechos sexuales y reproductivos (Mex-Fam es uno de ellos), quienes tenemos auténtico interés en la promoción de nuestros derechos, cada vez que reflexionamos, investigamos y nos capacitamos en temas como la salud reproductiva, la relación médico-paciente, sexualidad, las cirugías abusivas o la violencia médica, así como entender a la autoayuda como punto de partida, nos convencemos de que la salud ha sido y sigue siendo un instrumento eficaz para agrupar a mujeres y hombres comprometidos con la salud, e iniciar el proceso de cobrar conciencia sobre la propia responsabilidad. Para mejorar nuestra salud, reconozcamos que el camino empieza con lo que sabemos y aprendemos juntas.

La experiencia que hemos obtenido nos confirma que con estas medidas estamos avanzando, aunque a paso lento, por el camino adecuado, ya que todas las mujeres, de una forma u otra, ya sea por nuestra capacidad reproductiva o por nuestra condición de género, hemos sufrido discriminación y trato abusivo o paternalista por parte del sector médico. Sabemos que hay muchas cosas qué corregir o revertir. Por ejemplo, hoy en día, aún en muchos países, las políticas de salud se elaboran a partir de los intereses económicos de los médicos, hospitales, industrias farmacéuticas y el resto de la industria médica. Y por estas políticas abusivas, “neoliberales”, hoy en México el sector salud se encuentra en crisis profunda.

Varios lustros han pasado desde aquellos años en que grupos de mujeres organizadas, abriendo espacios para la atención a la violencia de género y a los cuidados de la salud integral, supusimos que desde las instituciones y las autoridades se generaría una verdadera política de prevención y de atención calificadas y que cada vez más mujeres se encontrarían preparadas para romper la dependencia de ese control que nos mantiene cautivas y en la ignorancia. Pero la realidad nos muestra que hasta hoy no ha existido la voluntad y el compromiso gubernamentales para dar continuidad a proyectos y programas de atención a la violencia y a la salud de mujeres y varones, por igual. Se continúa privilegiando a los proyectos productivos empresariales.

Y la realidad nos muestra el nulo avance en temas de salud: actualmente, uno de los problemas más graves que enfrenta la sociedad mexicana, es el aumento de niñas y adolescentes embarazadas sin proponérselo, que desconocen el funcionamiento de su organismo y las repercusiones que el embarazo temprano les acarreará de por vida. Por otro lado, mujeres jóvenes y de mediana edad empiezan a crear enfermedades crónico degenerativas, sin encontrar en las instituciones de salud programas de prevención temprana. Sigue siendo muy bajo el número de mujeres que hemos aprendido a cuidar de nosotras mismas, en toda nuestra integralidad.

A pesar de todo, desde la ciudadanía ejercida con autonomía y responsabilidad, hoy reafirmamos que el trabajo en salud es un asunto político y feminista, porque la salud ha comenzado a ser, de nuevo, un ámbito recuperado de mujeres. Hemos recuperado la historia de la mujer como sanadora, como conocedora de su propio cuerpo y sus funciones; y esa historia nos ha puesto en contacto con un poder que ha pertenecido a nosotras a través de los tiempos, que se nos ha llegado a arrebatar para ser controlado y que hoy reclamamos legítimamente. Hoy sabemos que al desconocer el pasado, nuestra imagen resulta incompleta y buena parte de lo que somos se pierde. Hoy reflexionamos en la anhelada salud, como cosa nuestra.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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