Alma Gloria Chávez
Para recordar a don Enrique Soto
Jueves 23 de Mayo de 2019
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El pasado 18 de mayo (Día de los Museos y Aniversario de la Ciudad de Morelia), en Pátzcuaro se realizó una velada para recordar al que fue uno de los cronistas más apasionados de “la muy noble y leal ciudad de Pátzcuaro”: don Enrique Soto González, en su segundo aniversario luctuoso.

Precisamente, el jueves 18 de mayo del año 2017, Enrique Soto (a quien muchos conocíamos de siempre con el apodo cariñoso de El Chino, presentó, ante nutrida concurrencia, el que fue su último libro: 30 regias recetas del manjar de reyes, el pescado blanco de Pátzcuaro. Y para esa ocasión, según sus propias palabras, pidió a un grupo de amigos-paisanos fueran quienes presentaran y comentaran los textos, dando además lectura a algunos de ellos. Para una servidora, resultó altamente gratificante el haber recibido su invitación.

El evento, realizado en la señorial casona de la familia Leal Díaz Barriga, resultó de lo más concurrido (debido seguramente a que la edición apareció luego de cuatro largos años de espera) y también de lo más emotivo, porque reunió a familias enteras no sólo de Pátzcuaro, sino también de otras ciudades michoacanas y de Estados vecinos. Un ejemplo de ello: mi padre, entonces de 95 años, se reencontró con familiares de conocidos a quienes había dejado de ver hacía ya más de 15 o 20 años. Así era nuestro amigo Enrique: tenía el don de hacer coincidir a personas, proponiéndoselo o no.

Pátzcuaro se realizó una velada para recordar al que fue uno de los cronistas más apasionados de “la muy noble y leal ciudad de Pátzcuaro”: don Enrique Soto González, en su segundo aniversario luctuoso.
Pátzcuaro se realizó una velada para recordar al que fue uno de los cronistas más apasionados de “la muy noble y leal ciudad de Pátzcuaro”: don Enrique Soto González, en su segundo aniversario luctuoso.
(Foto: TAVO)

Yo recuerdo que esa noche me llegó un cansancio poco habitual y me retiré cerca de las 21 horas del lugar, quedándose mi padre con una hermana, un sobrino recién llegado de Puerto Rico y mi hijo, quienes ofrecieron acompañarlo a casa más tarde. Grande fue mi sorpresa al saber que El Chino les pidió quedarse hasta muy entrada la noche, porque estaba disfrutando “como nunca” esa ocasión. Me contaron que cantó, bailó e hizo alarde de buen orador, “sin haber tomado casi nada de bebidas embriagantes”, para finalmente pedir a algunos amigos y vecinos le acompañaran a su domicilio en un barrio cercano al Centro Histórico. Cuando al día siguiente llego al Museo donde laboro, me recibe la directora con la pregunta “¿Supo que murió El Chino?”.

Para mucha gente en Pátzcuaro, su partida resultó sorpresiva. Para algunos pocos y al correr los días, nos llegó el convencimiento de que don Enrique Soto se vino preparando, como él sabía hacerlo, de manera discreta pero sistemática y disciplinada, para regalarse una fiesta de despedida, que por demás está decirlo, resultó a todas luces, espléndida: rodeado de personas que lo estimaron y admiraron; de quienes como familia lo amaron y respetaron, además de quienes colaboraron y colaboraban con él en sus actividades culturales.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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