Alma Gloria Chávez
Maternidad: fecha para reflexionar
Jueves 9 de Mayo de 2019
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¿Se ha preguntado usted, quiénes somos sin nuestra madre? No somos, simplemente. Y nuestra vida transcurre con emociones encontradas hacia ese ser con el que nos vinculamos desde el inicio de nuestra existencia y de manera tan intensa, y que sin embargo, no llegamos a conocer del todo. John Lennon lo describió de manera sencilla en una canción: “Madre, tú me tuviste. Pero yo no te tuve a ti…”

Por lo general, una madre es quien enseña al niño o niña y aún sin proponérselo, los cómos y los cuándos del placer y del dolor, el miedo o la confianza; la tibieza del cuerpo y la separación. Es por las actitudes y gestos maternos –sonrisa y ausencia primero, luego palabras-, que niños y niñas aprenden a relacionarse con los/as demás. Poco importa si la madre quiere o no a su hijo/a. Igual, deja marca en el comportamiento que ese crío desarrollará en su vida adulta: ese poder vinculante es inmenso. Pero todo poder incomprensible, sólo sentido, como es el caso, origina mitos casi siempre.

Existen muchas mujeres cuya única identificación en la vida es con base en su maternidad. Crían hijos/as para asegurarse de tener alguien que las va a cuidar cuando lleguen a la vejez. Tienen pánico a la soledad. Así que desde que nacen sus hijos e hijas, estas mujeres inician una campaña para crear una relación de dependencia enfermiza, que sirve para envenenar cualquier relación que los hijos tengan con su pareja.

“Madre, tú me tuviste. Pero yo no te tuve a ti…”
“Madre, tú me tuviste. Pero yo no te tuve a ti…”
(Foto: TAVO)

La mayoría de las mujeres no recibimos entrenamiento ni educación para ser madres. Y no existe sentido común que funcione a través de las barreras y bloqueos que llevamos cargando desde pequeñas. La sociedad piensa que si a una mujer se le enseña a servir, a atender, a ser complaciente, a coser y a cocinar (y últimamente ya ni eso), automáticamente tiene las herramientas para ser madre. Y eso ha representado un tremendo error. Con repercusiones sociales, eso sí.

No sólo en México, en muchos países, los varones temen a la dependencia, pero a la vez exigen cuidados y entrega: cercanía y lejanía. Por eso seguramente un buen número de hombres viven intentos alternados de aproximación y escape a la mujer y esto llega a ser mucho más frecuente de observar en las sociedades capitalistas, donde desde pequeños/as se aprende a mitificar a la madre de una manera absurda, haciéndonos olvidar que la mujer-madre es un ser igual a todos, con los mismos derechos y con las mismas aspiraciones, y sobre todo, con la misma necesidad de libertad.

En ocasión reciente, charlando con algunas jóvenes que aún no forman pareja y a propósito de los festejos consumistas por el día de la madre (que inician con el mes), vino a colación lo que una conocida antropóloga menciona de cuando una mujer ignora lo que implica dar vida a un nuevo ser: “parte del problema de la maternidad, es el mismo que vemos en toda relación. Cuando una persona no tiene resueltos sus problemas, no se ha enfrentado a sus traumas y pueden salir a relucir en cualquier momento de tensión; cuando la pareja está enferma, resulta difícil transmitir una actitud saludable a hijos e hijas.”

Termino la cita de la antropóloga citada (Jéssica Kreimerman), cuando hace mención de que producto de la ignorancia en la mujer, llega a transmitir a hijos e hijas traumas inimaginables: “Los críos absorben todo y lo hacen de una manera imposible de evitar: lo sienten. Desde el embarazo, el bebé siente todo lo que ocurre a sus padres… si es deseado, si se desea varón, si se tiene miedo o inseguridad de tenerlo, o si es conflicto su llegada. Cuando nace ese bebé, nace entonces con los traumas familiares integrados; traumas que, por lo regular, serán reforzados con el cotidiano.” Conociendo esto, ¿tenemos alguna duda del porqué de las conductas agresivas entre jóvenes de ambos sexos?

Sin embargo, muchas mujeres que llegan casi a ciegas a la maternidad, se esfuerzan por cumplir esa carencia de conocimiento informado y se entregan “de lleno” a ser madres, olvidando la vida propia, porque además de que lo exige la sociedad, cualquier falla al respecto será utilizada para juzgarla y condenarla de por vida. Por lo general, cualquier mujer que ha pasado por una maternidad forzada o espontánea, suele olvidarse de sí y llega a sufrir severos traumas y permanentes frustraciones, volviéndose iracunda, neurótica, intransigente, autoritaria y controladora. Precisamente, dando todo lo que no deseamos para nosotras. ¿Podemos imaginar cómo serán todos esos niños y niñas, nacidos de mujeres casi niñas también?

Las jóvenes con quienes tuve esa charla, acertadamente comentaron que un reflejo claro del tipo de maternidad que actualmente experimentan muchísimas mujeres sin una preparación adecuada, resulta en la alarmante cantidad de menores que son “educados” por la televisión o cualquier otro medio electrónico; pequeños desatendidos, mal alimentados, agresivos e hiperactivos, desinteresados por los juegos en grupo, por la narración, por la lectura… o que presentan serios problemas de comunicación, sin cercanía ni respeto por sus mayores.

Estas chicas, que ahora entiendo por qué eligieron la carrera de psicología educativa, también mencionaron que una maternidad desinformada puede dar como resultado niños/as y jóvenes depresivos, poco sociables y con altas posibilidades de caer en todo tipo de adicciones, o de ser enrolados por la delincuencia.

Actualmente, muchas mujeres que también somos madres y abuelas, estamos empezando a ver a través (o más allá) del espejo y compartiendo esta nueva experiencia, para ser capaces de construir un nuevo sujeto social, desde nosotras mismas (sin mitificaciones) y no desde un abstracto social. Porque deseamos de todo corazón que las nuevas mujeres disfruten de una autonomía que les permita ser capaces de dar a luz, no solamente hijos e hijas, sino también decisiones, creaciones, ideas, reflexiones, pensamientos y sentimientos legitimados por su propia acción creadora. Aspiramos a establecer así, un nuevo vínculo social en el que todas nosotras, mujeres de todas las condiciones y edades, seamos un componente activo y no pasivo en el cambio integral que ya es urgente.

Siempre recordando a las Madres de Plaza de Mayo, a las madres de los miles de desaparecidos en México, a las madres de los mineros insepultos, de los encarcelados, perseguidos y asesinados por defender tierras, recursos naturales e ideales justicieros; a las madres de quienes defienden el periodismo honesto, a las ‘Patronas’ que ven como hijos e hijas a quienes migran. Y a todas esas niñas que han encontrado la muerte en una maternidad temprana.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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