Alma Gloria Chávez
Día panamericano del indio
Jueves 18 de Abril de 2019

“Los que no somos indios hemos hablado siempre de los indios tratando de decir qué son, cómo son, qué piensan… (en tanto) su espiritualidad está ganando terreno en lugar de estarlo perdiendo”.

Carlos Montemayor

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La historia oficial continúa siendo incapaz de explicar no sólo por qué hay “indios”, sino por qué hoy muchos de ellos lo aceptan con orgullo y dignidad. Por los acontecimientos sociales de fines del siglo XX y lo que corre del siglo XXI, podemos aseverar que la naturaleza de los pueblos indígenas se encuentra aún lejos de ser entendida cabalmente por quienes no somos indios, pero que sí existe ese interés entre cada vez más personas que reconocemos en ese proyecto de vida la consecución de metas sólidamente asentadas y estructuradas en una cosmovisión que puede sustentarse a sí misma y, por ende, prescindir del pensamiento occidental.

Fue un 19 de abril de 1940 –período Cardenista-, durante el Primer Encuentro Indigenista Interamericano realizado en la ciudad lacustre de Pátzcuaro, cuando se instituyó oficialmente el Día Panamericano del Indio, a pesar –según documentan crónicas de ese año- de que las reflexiones vertidas por los diversos integrantes de las etnias americanas ahí presentes, ni siquiera se registraron. Sin embargo, desde entonces como ahora, el equivocado término “indio” ha venido siendo aceptado por más de 40 millones de personas que se sienten identificadas con él, y como indios son reconocidos por el resto de las sociedades nacionales de las que forman parte.

Precisamente, del “descubrimiento de América” nace la confusión de llamar indios a los pobladores de tierras desconocidas hasta entonces. América, no olvidemos, ha sido de los territorios en donde con mayor violencia quedó implantada la colonización. Cada espacio ocupado por los europeos aparejó un desalojo, un atropello, un giro brutal en la totalidad de la vida de las poblaciones originarias, que vieron sucumbir, primeramente, a la casi totalidad de sus élites ilustradas, exterminadas por los conquistadores. Luego sus templos, códices, dioses, palacios y en general, todo objeto representativo de su pensamiento. Y es en este año que se conmemora la implantación de una conquista que continúa, oculta tras otras máscaras.

La naturtaoleza de lo spueblos indigenas se encuentran aún lejos de ser entendida cabalmente.
La naturtaoleza de lo spueblos indigenas se encuentran aún lejos de ser entendida cabalmente.
(Foto: Especial)

Más de cinco siglos después, los descendientes de culturas tan extraordinarias como la maya, la tolteca, la chupícuaro o la purépecha, siguen siendo desterrados, invadidos o amenazados en su propia tierra, condenados al éxodo eterno, empujados hacia las zonas más pobres, despojados de sus bosques, ríos y lagos. Discriminados o “integrados” a una sociedad que los desprecia, pero que los utiliza como atractivo turístico. Padeciendo la maldición de su propia riqueza.

Estos más de 500 años, han atestiguado cómo los pueblos indios de América han ocupado una posición de subordinación y han estado sujetos a las más diversas formas de explotación. Las legislaciones protectoras, que se iniciaron desde los albores mismos de la Colonia, no han sido capaces por sí solas de eliminar las relaciones de dominación que predominan en el trato hacia la población indígena. Por esta razón tan contundente, las voces indias se han tornado voces de resistencia, de demanda y exigencia cada vez más firmes.

Sobre todo en estas últimas décadas en que los gobiernos federales permitieron que empresas extranjeras se apropiaran de territorios indios para el desarrollo de consorcios turísticos, la explotación de minas a cielo abierto, de manantiales, o de presas que servirán para cultivos que empobrecen la tierra (como el aguacate), o también de la flora, que será utilizada en la industria farmacéutica europea.

En los Documentos de Ab’ya Yala (como los pueblos originarios reconocen a territorio americano), podemos acercarnos al pensamiento que los “indios” tienen ante la vida y que dista mucho del pensamiento occidental colonialista: “Entendemos la vida más allá de los marcos exclusivamente biológicos; la concebimos como una serie de sucesos, una intimidad con nosotros mismos; un asistir a sí mismo/a y un tomar posesión de sí mismo/a. No es un solo estar ahí, un ser en sí, sino es un ser para sí, puesto que una vida para sí, difícilmente podrá manipularse.

En las enseñanzas de nuestros antepasados, hemos aprendido que en toda forma de vida encontramos a la máxima conciencia universal unificada (él-ella), por ello, los pájaros, los árboles, las nubes, las estrellas, los volcanes, las montañas, los ríos, los mamíferos, las plantas y los vegetales… las piedras mismas, son nuestros hermanos y hermanas y todos somos hijos/as de la Madre Tierra y del Padre Sol.

Quienes pretenden exterminarnos, no llegan a entender que la Vida es una relación armoniosa entre la humanidad y la Naturaleza; que nuestras culturas milenarias han entendido que sólo se puede mantener la vida del ser humano manteniendo y respetando a la Naturaleza. Y que con esta noción de respeto absoluto a todo lo que nos rodea, nos posibilita trascender en “no matar” en la dimensión de permitir la vida, en el sentido de equilibrio y armonía con todo cuanto existe, sin lo cual es imposible el desarrollo espiritual y moral del ser humano”.

Fue el maestro Carlos Montemayor quien desarrolló un análisis profundo del complejo proceso de invención y formulación de ideas contradictorias sobre los pueblos indígenas en América y previsoriamente advirtió: “el alzamiento de las comunidades de Chiapas el primero de enero de 1994, no será el último de los levantamientos armados de los pueblos indios de México”. Y a propósito de los purépecha, escribió: “los que en fecha temprana creyeron que el fundamento del nuevo mundo era el indio, no aceptaron tampoco su cultura: lo vieron a través de la tradición clásica y cristiana. Vasco de Quiroga se sorprendió de la pureza de costumbres, de la apacible condición natural de los indios de la Nueva España y de su gran ingenio y buen decir. Para él fu el encuentro con los hombres de oro iguales a ‘aquellos del siglo dorado de la primera edad’ y les aplicó estos versos de la Égloga IV de Virgilio: ‘ya una nueva progenie del alto cielo es enviada …para que surja el linaje de oro en el mundo”.

Para quienes privilegiamos el diálogo permanente y contínuo, como el componente esencial que nos permita llegar a reconocer y respetar la presencia “india” en la historia que hoy nos corresponde escribir, con la participación y la diversidad de todos los actores sociales de la nación, la apuesta siempre será a la inteligencia y sabiduría de quienes, durante milenios, lograron comunicación con la naturaleza y el universo mismo, en su totalidad.

El Papa Francisco lo ha puesto de manifiesto en su Encíclica “Laudato Si, mi Signore”.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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