Rafael Mendoza Castillo
La escuela no es una empresa
Lunes 15 de Abril de 2019
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Inicio estas reflexiones con el pensamiento de Mauro Jarquín Ramírez: ”Para los poderosos y sus organizaciones, en adelante lo fundamental en el proceso educativo a escala global sería el aprendizaje de contenidos instrumentales básicos expresados en pruebas estandarizadas, conceptualizado esto alternadamente con excelencia o calidad educativa”.

El concepto de calidad, desde su teorización, obedece a intereses particulares y no alcanza la pretensión de objetividad. Si trasladamos los procedimientos de control de calidad de la industria hacia el campo de lo educativo, veríamos al estudiante como materia prima y la medida serían las calificaciones. Así, el acabado del estudiante sería un modo de ser obediente, disciplinado, con conducta de caballero, etcétera. Calidad y competencia, no deben aparecer en la nueva Reforma Educativa de Morena y menos en la Constitución mexicana. Veamos.

Galileo, en su tiempo, despojó a los objetos de sus atributos, de las cualidades de su ser mismo y sólo se contemplaron las cualidades medibles y cuantificables. Con esto queda clara la función de los indicadores que siempre apuntan hacia lo estadístico. Estos últimos ocultan y reprimen el contenido, lo que le sucede al educando, al profesor, en síntesis a la complejidad de los actores de lo educativo.

Si trasladamos los procedimientos de control de calidad de la industria hacia el campo de lo educativo, veríamos al estudiante como materia prima y la medida serían las calificaciones.
Si trasladamos los procedimientos de control de calidad de la industria hacia el campo de lo educativo, veríamos al estudiante como materia prima y la medida serían las calificaciones.
(Foto: Especial)

Lo secundario, lo derivado, corresponden a lo cuantitativo. Esta actitud se instala en la postura de la concepción positivista, cuya tendencia ideológica continúa privilegiándose en la educación como pantalla frente al pensamiento crítico. Para algunos filósofos de pensamiento crítico se abandonó, por el prianismo, la problemática de la educación, de las finalidades de la educación, del contenido constitucional de la misma, la formación cultural, el desarrollo de las facultades humanas, etc; para quedarse sólo con el saber y las destrezas.

Sin serlo, aparece como novedad, el concepto de competencia, donde el sentido básico va a ser el practicismo eficientista, ajeno a fines y cargado a la individualidad, el egoísmo, y desplazando a la solidaridad con el otro. La competencia continúa dividiendo y fragmentando el desafío cultural que consiste en articular la cultura de las humanidades y la cultura científica. La primera actitud fomenta el adoctrinamiento ciego que busca prosélitos para ganar consenso, desconociendo el sentido y finalidades de la misma ciencia, la actitud reflexiva y crítica, propias de las humanidades como la filosofía, la literatura, etc.

Cuando escindimos las humanidades de la cientificidad, hace su entrada triunfal, en lo educativo, las competencias. En primer lugar, están las competencias relacionales (respetarse, dar pruebas de saber esforzarse, responsabilizarse); procesos mentales (distinguir lo esencial de lo accesorio, resumir, observar) y competencias metodológicas (aplicar consignas, administrar el empleo del tiempo, leer eficazmente. Con lo anterior mostramos la fragmentación del ser humano, visto desde esa conceptualización como medio y no como un fin en sí mimo.

Afirmamos que la escuela no es una empresa y, sin embargo, desde la óptica del capitalismo y la colonización eurocéntrica la reducen a los mismos procesos que suceden en el mundo empresarial. La empresa requiere de individuos con iniciativa, capaces de tomar decisiones a nivel local, para enfrentarse a situaciones imprevistas. Como se observa, lo que importa es el trabajo de ejecución y éste sustituye al de capacitación.

La capacitación se interpreta, para algunos investigadores, como las destrezas adquiridas al interior del proceso de enseñanza-aprendizaje. Mientras que las competencias abarcan el conjunto de las capacidades adquiridas al exterior del sistema de enseñanza. Así, la competencia es construida por el individuo a partir de su experiencia en la vida profesional o personal. Como bien afirma Denyer Poulain: “El concepto de competencias valora la relación interpersonal entre patrón y empleado, mientras que el concepto de preparación remite a la relación colectiva”.

Las empresas que se han convertido a la lógica de las competencias, han puesto el acento en la responsabilidades profesionales del individuo, lo que pone en duda la solidaridad social (cada individuo se hace cargo de su educación, de su salud, su evolución profesional, son emprendedores y empoderados). Lo anterior abre el camino para darle muerte a los contratos colectivos. Las competencias en la escuela se vinculan también con la reforma laboral que impulsó la derecha y ultraderecha, desde la Secretaría del Trabajo y Previsión Social. Hoy, Morena presenta nueva Reforma Laboral.

Desde el poder de dominación, de explotación, ayer derechizado y neoliberal, impusieron a la educación pública las estrategias por competencias, sin llevar a cabo un examen crítico sobre tal metodología. Sin esta revisión reflexiva, no podemos notar los alcances, debilitamiento o limitaciones de tal propuesta.
Recordemos, que el poder impone sus concepciones y deseos hacia la sociedad en el campo de lo educativo, cultural, científico y tecnológico. Por lo que la estrategia por competencias, excelencia o calidad, no es un campo neutral, sino que desde esta óptica se configura lo que es y debe ser el país, pero también la posición que ocupa la nación en la división internacional del trabajo y esa relación se presenta subordinada y atenta a las exigencias de las corporaciones internacionales. El dinosaurio sigue vivo ( OCDE,FMI,BM).

Gabriel Vargas Lozano, filósofo mexicano, considera que es necesario establecer un examen del papel que jugó y juega la visión del positivismo (los hechos hablan por sí mismos) desde el momento de su implementación en 1867, cuando se expidió “La Ley de instrucción pública del Distrito Federal. Otro mundo es posible y necesario.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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