Julio Santoyo Guerrero
Propaganda mañanera
Lunes 15 de Abril de 2019
A- A A+

Convencido de que la mejor manera de comunicar y "transparentar" las decisiones que de política pública realiza su gobierno, el presidente Obrador creó el formato de comparecencias cotidianas ante los medios de comunicación para "informar" a los mexicanos sobre el estado diario de su mandato.

Parecía buena idea hacerlo así. Abordar en cada entrega los temas de mayor trascendencia -se ha pensado-, es una buena manera de que los mexicanos nos enteremos de la agenda presidencial y la ruta que está siguiendo en el horizonte de lo que se ha llamado la cuarta transformación.

Desde ese espacio se han lanzado iniciativas para clausurar el aeropuerto de Texcoco, se ha declarado la guerra contra el huachicol, se ha anunciado la lucha contra la corrupción, se han anunciado programas de apoyo económico para sectores sociales diversos, se han defendido las acciones del gobierno, como la Guardia Nacional o la cancelación de las estancias infantiles, argumentando una perspectiva de fondo relacionada con una transformación sustancial sin corrupción y con resultados eficaces.

La conferencia mañanera contribuyó a establecer una relación virtuosa que solidificó la relación del ejecutivo con sus bases sociales.
La conferencia mañanera contribuyó a establecer una relación virtuosa que solidificó la relación del ejecutivo con sus bases sociales.
(Foto: Especial)

Ni dudar que en los primeros meses, acompañada del furor de una mayoría triunfante y esperanzada, la conferencia mañanera contribuyó a establecer una relación virtuosa que solidificó la relación del ejecutivo con sus bases sociales, de manera particular dejó en claro que el estilo de gobernar del presidente Obrador estaba decantado por la omnipresencia y omnisapiencia presidencial.

La imagen de un presidente fuerte -que en realidad lo es y lo sigue siendo-, trascendió la fuerza que obtuvo en las urnas y se constituyó como la única y superior autoridad en la toma de decisiones de los grandes y pequeños asuntos que debe atender su amplio gabinete. Que nada se puede mover sin que el presidente lo sepa y lo sancione ha quedado claro en reiteradas ocasiones cuando ha tenido que recurrir al señalamiento y escarnio público en que ha convertido sus mañaneras. Si algo no ajusta en la perspectiva presidencial, la reacción es contundente, datos y conceptos son literalmente demolidos y los sustentantes descalificados, así sean adversarios o sus propios funcionarios.

Si en los primeros días este esquema le fue funcional al presidente y le ayudó a constituir la imagen de un mandatario firme, fuerte y de autoridad absoluta, al paso de los meses tal formato le está reportando inconsistencias, lo está colocando con regular frecuencia en zonas de alta vulnerabilidad y lo más delicado lo está llevando al borde de la incredulidad. Un formato basado en la centralización personal del discurso, en el que se adivina una falta de consensos entre los integrantes de su equipo y en la idea de que la propaganda (no la comunicación) son la ruta para generar la narrativa gubernamental y construir un imaginario social, choca con lo que aún persiste (por fortuna) de nuestra cultura democrática, acostumbrada al debate de los discursos, sobre todo del discurso gubernamental, al que no necesariamente se le admite como objetivo y verdadero.

El notable incremento de la ideologización de los actos gubernamentales, mucho más allá de lo que se pudo ver en las presidencias previas, como estrategia para generar aceptaciones acrisoladas en el discurso agresivo y maniqueo, expresada con palabras simplistas, tampoco le ayuda a constituir una comunidad de mexicanos con intereses comunes representados por la figura presidencial.

Los desmentidos de Jiménez Espríu en torno a la supuesta corrupción en las obras del aeropuerto de Texcoco o el manejo inconsistente de las cifras de homicidios en el último mes, son sólo dos referentes de una política de "comunicación" que se está precipitando al fracaso. La vulnerabilidad de esta política de comunicación fue puesta en crisis por el periodista Jorge Ramos quien con las propias cifras gubernamentales hizo tropezar de manera patética al presidente cuya reacción poco prudente orilló a sus operadores a que bajaran la información correspondiente trabajada por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad.

Si la comunicación de la presidencia se sigue manejando desde la perspectiva de la propaganda tendremos como rutina la preeminencia de la ideología y ello le va a ocasionar severos problemas de credibilidad y una caída constante en los niveles de aceptación pública. Las mañaneras, por urgencia política, deben transformarse bajo un formato en donde la comunicación institucional prevalezca, y sus contenidos sean de utilidad para la constitución de la unidad nacional y medios efectivos para la gobernabilidad. De continuar así terminará transformándose en la cama de tortura de su creador y en medio para la discordia y el debilitamiento del propio gobierno. Pero, sólo él sabrá. Sólo en sus manos está.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
Comentarios
Columnas recientes

Ver para creer.

La condición de la quimera.

Relanzar la Fiscalía Ambiental

El paraíso por decreto

Tiempos de reconsideración.

Deuda histórica

Culiacán, el síndrome

¿También las universidades?

La democracia del volado

Hablar y hacer

Sin futuro

Exhorto desde la capitulación

Hubo una vez un ritual del informe

A la escuela, punto y aparte

La arrogancia de la libertad

Uruapan y los límites de la imaginación

El presidente y la expansión ilegal del aguacate

Los extravíos tienen permiso

El gabinete florero

El aguacate de narco bajo la lupa

El árbol y los intocables

La celebración de la fe

Sospecha de quien diga que es sencillo

Algo anda mal

Morir por el oro verde

Frente a frente... y en soledad

Temporada de cañones

De la ira ambiental a las soluciones

Demonios del ecocidio: ambición, estupidez e impunidad

Sea por el medio ambiente

Es peor, es la costumbre

Propaganda mañanera

Agroquímicos, discreto daño colateral.

La diplomacia del silencio indigno

Silencio sobre la condición crítica de bosques y aguas

Tanta popularidad... cuestionados resultados

Bajo el propio riesgo (Para vivir en Madero)

Huexca, más allá de la polaridad

La izquierda y sus desvaríos

Rectificación no es derrota

La caída de los buenos

Los consensos de la fe y la herejía de Tlahuelilpan

El problema es el modelo energético futuro.

Al diablo con el medio ambiente

¿El perdón de la tierra o el respeto al estado de derecho?

La 4a Tambientalismo incoherente

La adaptación

De la abdicación a la imprudencia

No avivemos la hoguera

¡No puede ser de otra manera!

Simplismo y eficacia

El gobierno de Fuente Ovejuna.

El sindicato de Elba Esther.

Protagonistas de piedra

Carta al gobernador Silvano Aureoles

La relatividad del cambio

¡Pero si ya son gobierno¡

La reforma educativa es con Gordillo

¿Derogación educativa o moderada reforma?

Matando la lluvia a cañonazos

Electricidad, el olvido de los pioneros.

El nuevo consenso

También son dueños del cielo

La familia y el árbol

El impulso

Que prevalezca la paz

La alianza que no fue.

Encuestas: falibles o simple manipulación

Alemán y los límites de la libertad

El olvido electoral del medio ambiente

Manual para vencer la credulidad y la falsedad electoral

El obsequio michoacano para AMLO

La prioridad

Democracia dinástica

El agua, ¿asunto de seguridad nacional?

A quien corresponda: SOS, prevaricación ambiental

Elecciones limpias o ganar a toda costa

El arte del engaño y el caso Anaya

Los trabajos de los justificadores

Desdén suicida

Ni ven ni escuchan

¿La peor elección?

El rito de la fantasía del cambio

Época de oportunismo, demagogia y espejismos

Votos y nada más

La mayoría imposible

¿Ya en serio... cómo le van a hacer?

Nos quedan los atajos de la política mágica

La tierra es plana, el cambio climático es una mentira

Una Presidencia desierta

Entonces, ¿otra vez se perdió la guerra?

¡El agua se teñirá de rojo!

No se pierde lo que no se tiene

Estas nuevas independencias

Sí, ¿pero cuál es la fórmula?

El boom de los independientes

Nieves y Umécuaro, donde vale más un aguacate que la vida de una familia

Desbordados de fraternidad

Desde Madero, construyendo un Área Natural Protegida

La política que tenemos... y que somos.

Inseguridad, esa letal costumbre

El precio político del proteccionismo de Trump

Juegos de fuerza

Cada loco con su guerra

Acuerdo para recuperar los bosques

Gratitud a los maderenses

Líderes "ejemplares"

Escépticos, desconfiados e indignados

Contrarreforma ambiental

Los ecocidas son genocidas

¿Ganaron los aguacateros talamontes?

Justicia en obra negra

Hoy comienza

Creer en la democracia

El aguacate del narco

Desafío al Estado

Piromanía y codicia

Los padrinos del ecocidio

¡Que se jodan los bosques y las aguas de los michoacanos!

La espléndida guerra de Trump

El consenso antisistémico

La carcajada del aguacate ilegal

El poder de los ciudadanos

Sin concesión al ecocidio

Delincuencia ambiental... ¡organizada!

La sucesión presidencial y de cultura cívica

No cualquier unidad nacional

La defensa de México

El futuro está en el pasado

Dios salve de Trump a Estados Unidos y al mundo

Y sin embargo cambiamos

Furia sin cabeza

2017, el año del enojo social

Candidez de los buenos

La sucesión de la incertidumbre

La política del neoproteccionismo

La caja de Pandora que abre Trump

Beneficios de la debilidad institucional

Cuestión de confianza

¿Y después del repudio a la política y los políticos, qué?

Lobos del planeta

La ordinaria inseguridad

Gobierno de consenso para lo que falta

El arrogante Trump y el pequeño Peña

Dos largos años aún

Decreto para la popularidad

¿Diálogo o garrote?

¡Siguen ahí!

El discreto gasolinazo del débil presidente

¿Es que nuestros bosques morirán?