Ismael Acosta García
Emiliano Zapata Salazar, a cien años de su muerte
Sábado 13 de Abril de 2019
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El pasado miércoles 10 de abril la Septuagésima cuarta legislatura del estado de Michoacán inscribió en letras de oro el nombre de Emiliano Zapata Salazar en el recinto oficial del Congreso estatal. Nada más digno que ello.

La iniciativa de Decreto, que también incluye insertar: “2019, Centenario Luctuoso del Gral. Emiliano Zapata Salazar”, en toda la documentación oficial del Congreso y exhortar a los otros dos poderes y los municipios de la entidad a hacer lo mismo, fue a cargo de la diputada local Sandra Luz Valencia, del grupo parlamentario de Morena; sobre ella recayó dirigir el mensaje con que dicha Legislatura fundamenta ambas decisiones considerando “honrar la vida, la obra, la aportación histórica y el legado político del héroe revolucionario del que hoy se cumplen cien años de su magnicidio”.

El Plan de Ayala



Se elaboró en un paraje llamado Miquezingo y se firmó en Ayoxuxtla, Municipio de Huehuetlán el Chico, Puebla. Se le puso ese nombre porque en Ayala, Mor., empezó la revolución suriana del General Emiliano Zapata. Justo es recordar que el gran ideólogo de la proclama fue el maestro rural Otilio Montaño Sánchez quien, en compañía del maestro José Trinidad Ruiz y por encargo del Gral. Zapata, fueron los encargados de redactar el documento que sería bandera de la lucha zapatista en las montañas del Sur. Trinidad Ruiz era pastor evangélico de la Iglesia Presbiteriana de Axochiapan, Mor., y Montaño formaba parte de su feligresía. Ambos pertenecían al movimiento masónico de Ponciano Arriaga y los Hermanos Flores Magón.

El Plan de Ayala era una proclamación a continuar la lucha armada para recobrar las tierras
El Plan de Ayala era una proclamación a continuar la lucha armada para recobrar las tierras
(Foto: Gustavo Aguado)

Narra Carlos Marentes, (2009), que el general Emiliano Zapata, mirando al resto de los presentes, miembros del movimiento armado sureño, les dijo: “El que esté de acuerdo, que pase y firme”. Uno a uno, los generales, coroneles, capitanes y tenientes, pasaron y estamparon sus firmas en el documento. Así fue como nació uno de los documentos políticos más importantes de la Revolución Mexicana, el Plan de Ayala, proclamado el 28 de noviembre de 1911.

Esta proclama significó el rompimiento con Francisco I. Madero, a quien el general Emiliano Zapata y el Ejército Libertador del Sur habían apoyado para derrotar al dictador Porfirio Díaz. Sin embargo, una vez que Madero asumió el poder, los zapatistas se sintieron traicionados ya que el nuevo gobierno no dio pasos para cumplir con las demandas agrarias. El tránsito de la dictadura sangrienta de Díaz a la democracia muy pronto convenció a los campesinos revolucionarios de que no había la intención de atacar de raíz las causas que los orilló a levantarse en armas. Zapata y su pueblo habían sido traicionados por el gabinete maderista. Decidieron entonces seguir la lucha bajo este nuevo Plan. Dos de los pronunciamientos más importantes, fueron:
1) Se desconoce a Francisco I. Madero como presidente de la república y se plantea su derrocamiento; y 2) Las tierras, montes y aguas usurpadas al amparo de la tiranía y la justicia venal, por los terratenientes, los políticos del régimen (los llamados “científicos) y los caciques, pasarán a manos de los pueblos y los ciudadanos.

El Plan de Ayala era una proclamación a continuar la lucha armada para recobrar las tierras y los recursos naturales de que habían sido despojados los pueblos campesinos e indígenas, primero durante la colonización española y después durante las muchas décadas de regímenes déspotas sucesivos y los 30 años de dictadura de Porfirio Díaz. Los campesinos mexicanos y los pueblos indígenas, como los Mayas de Yucatán o los Yaquis de Sonora, se habían sumado a la Revolución Mexicana no solamente para cambiar un gobierno por otro. Sus ideales revolucionarios estaban simbolizados en dos palabras: “Tierra y Libertad”, tomadas del periódico “Regeneración”, pues “Emiliano Zapata –escribe Ricardo Flores Magón en octubre de 1915– ofreció a Antonio Araujo, su contacto con la lucha liberal, poner a disposición todo el papel que necesitara, en caso de que el periódico se publicara en territorio controlado por las fuerzas surianas”.

El zapatismo siempre rubricó sus programas, manifiestos, comunicados y cartas con la fórmula: “Reforma, Libertad, Justicia y Ley”, indiscutiblemente inspirada en el lema “Libertad, Justicia y Ley”, con que el Partido Liberal Mexicano firmó el programa reformista de 1906, pero nunca hizo suyas formalmente las expresiones más radicales que desde 1911 adoptó la Junta Liberal. Escribe Flores Magón en mayo de 1911: “Abrazad resueltamente la bandera igualitaria del PLM, que es la (…) Bandera Roja, la bandera de todos los desheredados del mundo, y en cuyos pliegues pueden leerse estas hermosas palabras: Tierra y Libertad”.

A partir de 1914, con la llegada a territorio zapatista de intelectuales urbanos familiarizados con el marxismo y el anarquismo como Soto y Gama, se fue sistematizando un cuerpo doctrinario agrarista articulado en torno al concepto Tierra y Libertad. Sin embargo, el movimiento y el líder que más denodadamente lucharon por la tierra y por la libertad en el arranque del siglo XX, nunca adoptaron formalmente el lema que hoy los identifica.

Estos fueron los ideales que seis años después dieron vida al Artículo 27 del texto constitucional que reconocía y permitía la propiedad colectiva y los derechos comunales, elementos importantes contenidos en el Plan de Ayala, y que legalizaban el sistema de ejidos. Aunque los gobiernos postrevolucionarios nunca implementaron a cabalidad el postulado constitucional, durante el gobierno de Lázaro Cárdenas se dio una reforma agraria parcial con la entrega de tierras y creación de ejidos en muchas partes de México.

Con el correr del tiempo llegamos al proyecto neoliberal del sistema capitalista, y el estado mexicano no solamente desató una brutal ofensiva en contra de estos ideales, sino que además revirtió los modestos avances agrarios de la Revolución Mexicana. En 1992, el régimen de Carlos Salinas de Gortari inició la liquidación del sistema de ejidos por medio de modificaciones al Artículo 27. Este nuevo y contundente ataque en contra del campo y los pueblos indígenas fue provocado por la imposición del Tratado de Libre Comercio con América del Norte en 1993-94.

El TLCAN vino a acelerar más los planes de despojo y ocupación de tierras y territorios para impulsar la minería, la explotación de bosques, las selvas y los recursos naturales de regiones rurales e indígenas que habían resistido durante mucho tiempo la depredación capitalista a gran escala. Una vez que enormes extensiones de tierra han sido explotadas, arrasadas y contaminadas, el capital busca nuevas regiones para continuar su insaciable apetito por más ganancias. Como resultado, 108 años después de la proclamación del Plan de Ayala, ahora tenemos unos siete millones de campesinos sin tierras, economías campesinas arruinadas y muchos pueblos indígenas reprimidos por los regímenes neoliberales así como por grupos paramilitares para despojarlos de una vez por todas de sus tierras, de sus territorios y de sus recursos naturales.

Por estas razones es que hoy, a cien años de la muerte de Emiliano, podemos decir como el gran luchador michoacano Efrén Capiz Villegas: “¡Zapata vive!, ¡La lucha sigue, sigue, sigue…!”
Es cuánto.

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