Alejandro Vázquez Cárdenas
Ignorancia e incompetencia
Miércoles 10 de Abril de 2019
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Nada nuevo; puras malas noticias, México es, junto con Rusia y China, uno de los países más corruptos del planeta. Nuestro costoso poder legislativo (diputados y senadores) pelean el último lugar en confianza ciudadana junto con la corrupta e ineficiente policía. Pero lo más grave es que México es oficialmente uno de los países con los niveles de educación más bajos del planeta, entre otras muchas razones por tener una planta magisterial de pésima calidad, Estos selectos especímenes se encuentra fundamentalmente concentrados entre los "maestros democráticos"; pero investigando un poco, también los encontraremos en distintos niveles educativos, desde preescolar hasta la universidad que sea.

Somos un país de ignorantes. Y no deja de asombrar el atrevimiento para rebuznar que tienen algunos ignaros, y es que callar cuando se desconoce el tema es algo que muchos no aceptan. Claro, a menos que se rebuzne por indicación o pago de alguien; a estos se les llama amanuenses.

Ignorante no es quien no sabe, sino quien no quiere saber. Pues considera tener suficientes conocimientos de todo. Sin estudiar medicina recetan o se automedican, son seguidores de modas "naturistas"; sin estudiar derecho creen conocer de leyes, creen saberlo todo de política, economía, nos recitan al detalle los intríngulis de complots que solo ellos ven, y no se diga sobre deporte, ciencias y últimamente hasta de trenes, refinerías y aeronáutica.

No saben dialogar, no saben escuchar, solo saben repetir una y otra vez los mismos argumentos, y si consideran que es necesario gritar, lo hacen, pues también creen que gana el que grita más fuerte.

Ignorante no es quien no sabe, sino quien no quiere saber.
Ignorante no es quien no sabe, sino quien no quiere saber.
(Foto: TAVO)

Nuestro futuro es turbio, la ineficacia y corrupción de nuestros gobernantes tienen más que harta a la sociedad, y no parece haber solución con la actual clase política e industrial, al contrario. ¿Causas? las podemos leer en el libro “El mito del desarrollo. Los países no viables en el siglo XXI”, del ensayista y diplomático peruano Oswaldo de Rivero.

De Rivero señala que en el pasado siglo XX la mayoría de las naciones de África, Asia y América Latina han ensayado todos los modelos económicos para salir de la pobreza y el subdesarrollo: estatismo, neoliberalismo, sustitución de importaciones y el socialismo soviético antes de su extinción. Sin embargo, solo Corea del Sur, Taiwan, Singapur y Malasia han podido emerger del atraso y tragedia de la pobreza. Los demás países, especialmente los de África y la mayoría de América Latina, México incluido, siguen en la categoría de países "no viables".

¿Razones?, El autor afirma: “La diferencia lo hace el cambio cultural, el renacimiento de una nueva cultura donde se ha dado importancia a las ciencias matemáticas, físicas, químicas, biológicas y sobre todo a la investigación científica. Hoy la tecnología derivada de estas ciencias innova las exportaciones de Corea del Sur, Taiwan, Singapur y Malasia, creando cada vez más prosperidad”.

En efecto, tanto Corea del Sur como Taiwan eran tan pobres como el Perú y Bolivia en los sesentas del siglo XX. Hoy en día, gracias a una verdadera revolución educativa, con una alta inversión en ciencia y tecnología, se dan el lujo de competir en inventos y tecnología incluso con Estados Unidos, Japón y la Unión Europea.

Pero seamos sinceros, conocemos nuestra realidad educativa, sabemos de las limitantes cognitivas de nuestro magisterio, de la corrupción sindical, de la mediocridad de nuestras escuelas y Universidades. Sabiendo esto ¿Tenemos acaso alguna esperanza de salir de nuestro atraso? No en nuestra generación, mucho menos con los actuales políticos ni con nuestros partidos. A este paso la 4T apunta firmemente a convertirse en una dictadura con rasgos de narcoestado.

Las autoridades han perdido (¿Cuando la han tenido?) toda capacidad de protegernos. ¿Que nos queda? ¿Autodefensa? ¿Abandonar el país? Debemos cuidarnos unos a los otros, vigilar nuestra calle, nuestra colonia, conjunto o unidad habitacional. Estar pendiente de los vecinos, si lo vemos en problemas, pedir ayuda de inmediato. Solo así quizá tengamos una oportunidad en contra de la delincuencia que parece reinar sin traba alguna. El gobierno, con su policía digna del mesozoico, ni quiere, ni puede, ni sabe cómo hacerlo.

Sobre el autor
"Medico, Especialidad en Cirugia General, aficionado a la lectura y apartidista. Crítico de la incompetencia, la demagogia y el populismo".
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