Gerardo A. Herrera Pérez
Debatamos Michoacán
Lo líquido e inmediato
Miércoles 10 de Abril de 2019
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Tuve la oportunidad de conversar con jóvenes de la Escuela Nacional de Educación Física; muchachos jóvenes, inquietos, que se forman para aportar al desarrollo de la educación desde la perspectiva de la cultura del deporte. La disertación que realice la hice en el marco del proyecto “Escuela sin violencia”, que impulsan diversas entidades públicas. Durante mis reflexiones exprese lo siguiente:

En este primer par de decenios del siglo XXI ha traído consigo incontables expectativas en todos los aspectos de la vida cotidiana, este siglo ha sido considerado como el punto de partida de nuevos cambios en la conformación de las sociedades. Después de la Segunda Guerra Mundial, es decir en los años cincuenta apareció la sociedad de consumo, hoy, en este siglo, tenemos las sociedades de hiperconsumo, que han generado hiperindividualidad e hiperlibertad y desde luego que han dejado valores individuales promovidos por el hedonismo, narcisismo, consumo de marcas, el avance del ocio y la búsqueda efímera del éxito.

Las sociedades globalizadas impulsan la formación de empresas que se deslocalizan continuamente, en procesos trasnacionales constantes y de relocalizaciones nuevas, con una visión de mejores ventajas, es decir, se mueven de acuerdo a sus necesidades económicas y de acumulación de capital. De esta manera, la sociedad globalizada está presente en todos los ámbitos del quehacer humano, desafiando y diseñando el nuevo mapa del mundo, impregnando el diccionario con nuevas palabras y en ella todos nos encontramos inmersos ideológica, política y económicamente, todas estas palabras no tienen más que un significado el denominar para dominar, como expresa Carlos Skliar, en su texto Alteridades.

Se trata de una realidad distinta a la que vivimos los que aún estamos por aquí y que nacimos en los años cincuenta; en la actualidad se han transformado las formas de ser, actuar, pensar e imaginar, a partir de los modelos de consumo del modelo económico Neoliberal, en este sentido el término joven no es aplicable para describir-definir de manera homogénea ni universal a los jóvenes (no hay un perfil único y universal de joven, ni hegemónico, ni sólido, ni estático, sino todo lo contrario solo se identifica por la edad).

Para plantear una concepción de la juventud ubicada en el contexto de una sociedad global debemos preguntarnos si hablamos de joven o de jóvenes y su diversidad, su edad (18 a 29 años nuestras leyes nacionales), su dinamismo, su liquidez, para dar respuesta a ello es necesario hacer un enfoque global, esto se refiere a orientar la perspectiva desde la cultura local pero a su vez concibiéndolo como parte de la globalización y simultáneamente la influencia que esta ejerce sobre aquella, si bien no es el concepto más adecuado, si podemos utilizar el concepto de lo glocal (global y local), es decir se requiere de que los jóvenes se potencialicen en sus usos y costumbres, en su cultura, en su identidad, para después avanzar en la conquista de lo global, de la globalización.

Ser joven articula los valores y las creencias de la familia del joven y del lugar en donde habita.
Ser joven articula los valores y las creencias de la familia del joven y del lugar en donde habita.
(Foto: Especial)

Vivimos en la complejidad, en el sentido de las relaciones y procesos que se viven en todos los ámbitos: políticos, económicos, culturales, sociales, mentales, ambientales, etc., desde los muy particulares hasta los más generales, ámbitos que podrían ser observados a través del pensamiento complejo (análisis holístico, sistémico, transdisciplinario): problemas transnacionales como el cambio climático, las crisis financieras, los conflictos religiosos, las decisiones de orden político; ante esta perspectiva mundial podemos ver como ya nada está sujeto a un espacio ni a un tiempo, nada está determinado, es decir nada esta sólido, todo está líquido, no obstante hay esfuerzos por revertir estas prácticas a través de conceptos como la economía social, lo glocal, o bien los ejemplos que nos señalan en el texto de Economías solidarias en América Latina de Díaz Muñoz, Guillermo.

El periodo juvenil de 18 a 29 años, significa que existe un “mayor número de jóvenes” que no pueden acceder a las “condiciones mínimas” con las cuales la modernidad marcó y certificó el acceso juvenil al status adulto, después de los 29 años y hasta los 60 años. No sólo se está viviendo una multiplicidad de formas de “ser joven” (indígena, con discapacidad, en adicciones, e la calle, de la calle, viviendo en precariedad, en pobreza, en enfermedades crónico degenerativas, o bien infecto contagiosas), también la condición juvenil se ha ampliado hacia aquellas personas que aún no pueden independizarse del todo porque la sociedad actual no puede satisfacer a los que se prepararon para el futuro y estudiaron.

El joven abandonará su juventud al cumplir la edad de 29 años o al superar las etapas fisiológicas humanas, también lo hará cuando acceda a la procreación o al matrimonio, aun sin cumplir dicha edad, pero como hoy todo es efímero, podrá tener una y otra pareja sentimental sin que piense en la durabilidad y estabilidad.

Ser joven articula los valores y las creencias de la familia del joven y del lugar en donde habita con lo que la modernidad líquida suministra, la inmediatez en diversos temas: sexualidad, participación ciudadana, proyecto de vida e identidad, trabajo, éxito.

De esta manera la modernidad líquida es una época de descompromiso, de eludir la responsabilidad, huida fácil y persecución sin esperanzas, es decir lo efímero, la inmediatez. Esta vida líquida que llevan los jóvenes, solo dominaran aquellos que tienen libertad para moverse sin ninguna restricción en todos los sentidos, trabajos, relaciones personales, sexualidad, compromisos, etc... Es difícil concebir una cultura indiferente a la eternidad, que rechaza lo durable, hoy todo es efímero, inmediato. Pero la memoria del pasado y la confianza en el futuro han sido, hasta ahora, los pilares sobre los que se asentaban los puentes morales entre lo transitorio y lo duradero (empleados con más de 30 años de trabajo, matrimonios que la muerte los separaba) entre la asunción de responsabilidad y la preferencia por vivir el momento, nos comparte Bauman.

Requerimos de trabajar en la conformación de modelos de cohesión social, donde la confianza, la identidad, los valores y la convivencia genere un nuevo paradigma en lo individual, familiar, social comunal y desde luego vinculado con las autoridades.

Se requiere de seguir trabajando a favor de los valores, de los principios y de las virtudes sociales, como la esperanza, la espiritualidad, la fe, la humildad, la caridad, la templanza, la prudencia, debemos de seguir trabajando a favor de los acuerdos de convivencia.

No podemos pensar que hay recetas para hacer cambios totales, requerimos de avanzar en procesos locales, a través de modelos sociales como el de la comunidad de aprendizaje, donde con pocas personas pueden influir de manera estratégica en la comunidad.

Frente a la inmediatez se requiere conocer a partir de las narrativas de los jóvenes como enfrentan el desafío de integración y adaptación a la globalización, de cara a la construcción de identidades y su proyecto de vida. Pero se requiere modificar esa homogenidad que impulsa la subjetividad que hace a la existencia de jóvenes normales y otros no ajustados a esa normalidad.

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