Alma Gloria Chávez
La salud de la mujer
Sábado 28 de Mayo de 2016

El 28 de mayo, desde el año 1987, celebramos el Día de Acción por la Salud de nosotras, las mujeres.

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Durante el V Encuentro Internacional de la Salud de la Mujer, realizado en Costa Rica en 1987, se acordó dedicar la fecha del 28 de mayo para realizar acciones encaminadas a orientar, difundir y reflexionar acerca de la mejor manera en la que pueden prestarse los servicios de atención médica a nuestras personas, la manera de cómo podemos responsabilizarnos para cuidar de la salud y cómo podemos contribuir para elevar nuestras condiciones de vida bajo un Estado de Derecho donde prevalezcan la igualdad, la equidad y el respeto.

Cada vez que reflexionamos, investigamos y nos capacitamos en temas como la salud reproductiva, la relación médico-paciente, sexualidad, las cirugías abusivas o la violencia médica, así como entender a la autoayuda como punto de partida, nos convencemos de que la salud ha sido y sigue siendo un instrumento eficaz para agrupar a mujeres e iniciar el proceso de cobrar conciencia sobre la propia responsabilidad. “Nuestra tarea compartida como mujeres para mejorar la salud –dice el Colectivo de Mujeres por la Salud, de Boston– empieza con lo que sabemos y aprendemos juntas”.

Y la experiencia nos ha ido confirmando que con estas medidas estamos avanzando por el camino adecuado, ya que todas las mujeres, de una forma u otra, ya sea por nuestra capacidad reproductiva o por nuestra condición de género, hemos sufrido discriminación y trato abusivo o paternalista por parte del sector médico.

La lista de ejemplos que podemos señalar no es nada nueva para muchas: histerectomías, mastectomías, cesáreas y episiotomías innecesarias; la falta de acceso a una información adecuada para tomar decisiones conscientes, las nuevas tecnologías reproductivas, las grandes campañas para someternos a terapias de reemplazo hormonal en la etapa de la menopausia, sin mencionar todo el enriquecimiento de las grandes corporaciones farmacéuticas y de muchos profesionales de la salud que se aprovechan de esta situación.

Sabemos que hay muchas cosas qué revertir. Por ejemplo, hoy en día, aún en muchos países las políticas de salud se elaboran a partir de los intereses económicos de los médicos, hospitales, industrias farmacéuticas y el resto de la industria médica. La mayoría de la investigación y experimentación sobre anticonceptivos y fertilidad se hace con mujeres sin su pleno conocimiento de que están sirviendo de conejillos de Indias. Por otro lado, la mayor parte de la investigación médica no reproductiva se realiza con hombres y sus resultados se aplican a las mujeres. En ambas instancias las mujeres nunca conocen los riesgos o los beneficios de las drogas o medicamentos que toman.

Este tema nos ha abierto las puertas para explorar complejas áreas de la salud de la mujer que apenas habían sido tratadas en la década de los años 60, tales como la salud reproductiva, la salud ocupacional y la salud mental. Estos ámbitos de estudio se han adoptado desde hace más de cuatro décadas como temas de trabajo para las organizaciones y colectivos de mujeres, para luego centralizar los esfuerzos, como actualmente se hace, en el área de los derechos reproductivos.

Hasta hace muy poco la medicina como institución se había convertido en un instrumento de control social que afectaba particularmente la vida de las mujeres. Si consideramos la frecuencia con la que una mujer solicita servicios de salud a lo largo de su vida, podríamos concluir que la vida de las mujeres está, efectivamente, “medicalizada”. En cualquier etapa de nuestra vida había que acudir a un médico para asegurarnos de que todo en nuestro organismo marchara bien, obligándonos a tener menos control o conocimiento del mismo en cada proceso de la vida.

A paso tal vez lento pero firme, cada día somos más las mujeres que reafirmamos que el trabajo en salud es un asunto que nos compete y compromete con nuestro propio cuerpo: con nuestro ser integral, porque la salud ha comenzado a ser, de nuevo, un ámbito de mujeres. Tradicionalmente esa sabiduría había estado en manos de mujeres: magas, curanderas, parteras, hierberas que fueron marginadas (e incluso condenadas) por la ambición de control masculino. Sobre todo cuando los hombres se percataron de que tanto el control y la explotación de nuestros cuerpos, como nuestra capacidad reproductiva, podría enriquecerlos. Se apropiaron del conocimiento y, por lo tanto, también del poder sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas.

Hay quienes afirman que el poder masculino es el poder sobre el prójimo: la dominación a la fuerza. El poder femenino, en cambio, es el poder sobre nosotras mismas, la soberanía; es el poder que surge cuando exigimos nuestros derechos humanos desde nuestra participación política y rechazamos así seguir cooperando con nuestra propia opresión. Desde el instante en que rechazamos las tiranías públicas e íntimas de manera absoluta, se nos abren nuevos horizontes y se nos devuelve nuestro poder personal y colectivo.

Tenemos derecho a sumar nuestras voces a la construcción de la democracia, tenemos derecho a usar nuestras propias experiencias para comprender e interpretar nuestro propio mundo, tenemos derecho a conocernos integralmente y a decidir sobre nosotras mismas. Este 28 de mayo propongámonos hacer de la salud “cosa nuestra”.

La salud de la mujer
La salud de la mujer
(Foto: Especial)

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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