Alma Gloria Chávez
La visión educativa de Vasco de Quiroga.
Jueves 14 de Marzo de 2019
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Finalizando el año 1994, tuve oportunidad de acompañar a un grupo representativo de comuneros de Santa Fe de la Laguna y de Zirahuén al homenaje que se realizó, a instancias de dos afamados etnólogos franceses, en el Museo de Antropología de Madrid, España, dedicado a todos los comuneros (hombres y mujeres) caídos en la lucha por la defensa de tierras comunales, bosques y aguas. El personaje que encabezaba entonces la larga lista de ausentes, fue Elpidio Domínguez Castro, asesinado el año 1988 en tierras comunales de Santa Fe de la Laguna. También acompañaron el excepcional y emotivo evento, maestros y estudiantes de un Liceo francés, adheridos a un programa de intercambio cultural auspiciado por la UNESCO.

En torno al monumental arco-ofrenda levantado con la orientación de la hermana y la hija del maestro Elpidio, los llegados de tierras michoacanas estuvimos rodeados y acompañados de académicos, investigadores y jóvenes interesados en la problemática indígena en territorio de tanta diversidad cultural. Y sobre todo, preocupados ante el panorama que se vislumbraba luego de las declaratorias gubernamentales en el sentido de que el país aprobaba el Tratado de Libre Comercio... sin previa consulta informada, como lo estipula el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, además de la declaratoria del EZLN en contra de las malas decisiones de un gobierno autoritario.

Vasco de Quiroga.
Vasco de Quiroga.
(Foto: TAVO)

En aquellas tierras fue que conocimos a la maestra e investigadora Paz Serrano, quien se encargó de resaltar para todos, aspectos que nos permitieron comprender mejor la labor desarrollada por el Licenciado Vasco de Quiroga en tierras purépechas.

El mayor problema que el hombre lleva consigo y el mayor logro de su capacidad inventiva, es sin duda, su pertenencia a la sociedad. A vivir en sociedad se llega, recordémoslo con insistencia, por el aprendizaje. Ha sido preocupación de filósofos de todas las épocas, plantearse el problema de definir y explicar esa sociedad e imaginarla ideal, de forma que lo humano ocupe el centro y la persona pueda realizar sus potencialidades en la libertad, la justicia, la colaboración y el trabajo para hacer de esta tierra un mejor lugar para vivir y dar trascendencia a los anhelos que cada uno de nosotros tiene que afirmar al vivir su vida.

Hoy que nuestros días transcurren en un mundo técnicamente comunicado y socializado, se da la paradoja de que cada día es mayor el número de los que mueren de soledad, y la sensación de gente sin arraigo marca nuestra convivencia humana, por lo que no ha dejado de ser preocupación de las nuevas generaciones de filósofos y humanistas, el encontrar el ideal de la convivencia humana.

Por ello es necesario recordar que don Vasco de Quiroga, el educador, el constructor, tuvo siempre en mente el resguardo de la seguridad, sin distinción, de todos los habitantes de estas tierras purépechas.

Vasco de Quiroga desembarcó un 9 de enero de 1531 en Veracruz, formando parte de los cuatro Oidores que componían la Segunda Audiencia, enviada por los reyes de España con el encargo urgente de poner en orden la situación caótica desencadenada por Nuño de Guzmán y sus seguidores, los Oidores Matienzo y Delgadillo.

Su talante humanista fue mostrado años antes, en 1525, cuando actuó como Juez de Residencia en Orán (Norte de África) y posteriormente llevó las negociaciones de un tratado de paz con el rey de Tremecén; en ambos casos, procedió como jurista respetuoso de los derechos de pueblos infieles, pero no sometidos de hecho a príncipes cristianos, y por tanto, merecedores de un trato igualitario según el “derecho de gentes”. Más adelante, aplicaría esos principios a la relación con los indígenas americanos.

En 1531 llegó a la Nueva España. En 1532 fundó su primer pueblo-hospital de Santa Fe en los altos de Tacubaya, cuya intención era reunir a los indios “derramados” por los campos, consecuencia del despojo y terror del nuevo orden, en pueblos de vida armónica, terrenal y espiritual al tiempo, donde la función hospitalaria se entendía en su sentido primigenio: hospitalidad para el extraño, acogida y recogida del menesteroso, lugar también de enseñanza y aprendizaje, en un entorno de vida comunal.

En 1533 llegó como Juez al territorio purépecha de Michoacán, cuyos habitantes sufrían la más cruel persecución a manos del codicioso Nuño de Guzmán, situación que encontró Quiroga cuando cumplía su función de Oidor. A partir de las quejas indígenas, a las que consideró plenas de razón jurídica, así como de su experiencia en México, fue madurando la realización de su Segundo pueblo-hospital en Santa Fe de la Laguna, a orillas del lago de Pátzcuaro.

El pensamiento filosófico y jurídico de Vasco de Quiroga, que constituye la base de su proyecto educativo, se fundamenta en la ideología escolástica y en las corrientes políticas renacentistas, que más adelante se conocerán como pensamiento utópico. De entre los numerosos apoyos ideológicos de su obra, destacan los autores Juan Gerson, el cardenal Cayetano, Tomás Moro y Luciano.

Ocupación constante del abogado y luego Obispo Vasco de Quiroga, fue recuperar y mantener mucho de la antigua sociedad purépecha y también fue una de sus constantes fuentes de conflicto, ya que su proyecto chocaba con los intereses de los europeos.

La constante búsqueda educativa de Vasco de Quiroga se inspiró en principios humanitarios, al lado de una pedagogía que favorecía el ambiente de sinceridad y una cierta libertad, desde el cual pudieran florecer la inteligencia y la acción creativa entre los pobladores originarios, los purépecha, quienes son, actualmente, quienes aún conservan, tras una forzada individualización de la propiedad, una fuerte impronta comunal y una tradición de autogobierno, en los que Tata Vasco continúa presente.

Las fechas se van alejando, pero inevitablemente también nos acercan a épocas en que, acuciados por tanto daño causado al entorno, los pueblos originarios de todo el Continente y por supuesto, los de tierras purépecha, nos alertan y hacen partícipes de lo que hoy día resulta vital para la sobrevivencia humana: la defensa y reapropiación de tierras, bosques y agua, para el disfrute común, no de unos cuantos.

El sueño de Vasco de Quiroga ha quedado plasmado en la Carta de los Estados Americanos, que lo expresa en esta forma: “Todos los seres humanos, sin distinción de raza, nacionalidad, sexo, credo o condición social, tienen el derecho de alcanzar su bienestar material y su desarrollo espiritual en condiciones de libertad, dignidad, igualdad de oportunidades y seguridad económica.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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