Alma Gloria Chávez
Dos conmemoraciones purépecha
Jueves 14 de Febrero de 2019
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En la Plaza Mayor de Pátzcuaro existe una vetusta casona ubicada al lado norte y marcada con el número 48, a la que se le conoce como el Antiguo Palacio de Huitziméngari, haciendo alusión a que fue propiedad del último gobernador p’urhépecha, don Antonio Constantino Huitziméngari de Mendoza y Caltzontzin.

La edificación, levantada con el esfuerzo económico y físico de las comunidades de la región, que despojadas de tierras, templos y palacios encontraron ahí un último reducto de su presencia en la ciudad colonial, es una construcción de dos niveles, cuyos espacios cerrados se distribuyen en torno a un gran patio principal. En el segundo sólo quedan ruinas de algunas habitaciones y se perdió el espacio dedicado a la huerta. Se documenta que las comunidades tuvieron en propiedad este inmueble hasta el año de 1765, en que desapareció la organización del común por la participación de los nobles indígenas y el apoyo de los frailes jesuitas, durante el proceso de su expulsión, dado por órdenes virreinales.

Don Antonio Huitziméngari “el del semblante de perro”
Don Antonio Huitziméngari “el del semblante de perro”
(Foto: TAVO)

Durante los siglos XIX y XX, el palacio fue enajenado sucesivamente en manos de particulares con base en antecedentes legales basados en la expedición del decreto gubernamental de 1827, el cual tenía como objetivo destruir la propiedad comunal e implantar totalmente la propiedad privada. Así, ha quedado registrado que en 1827 el edificio pasó a propiedad de la señora Lucía Alday; en el siglo XX, en noviembre de 1905, la señora María Barrera vende la casa a la señora Cristina Solórzano; hasta 1932 pasa a propiedad de la señora Judith Martínez, y posteriormente, en 1960, a Esperanza Correa de Guízar.

En el año 1989, por disposición de la propia Esperanza Correa, ante la amenaza de ser despojada de la casona por una demanda judicial dictada en favor de un pariente suyo, pide a su hija adoptiva acudir al Consejo Supremo Purépecha para comunicarles que la última voluntad de su señora madre era hacer entrega del edificio reconocido como el Palacio de don Antonio Huitziméngari a las comunidades indígenas, en caso de que su sobrino, el señor Guízar Mercado, alegara no haber recibido el pago de un adeudo que rechazó en varias ocasiones, con la clara intención de quedarse con el inmueble.

Así, en Asamblea extraordinaria celebrada en la comunidad de Tarerio, del municipio de Tzintzúntzan, el 11 de febrero, representantes de más de trece comunidades de la Región Lacustre y Ciénega de Zacapu, integradas al Consejo Supremo Purépecha (recién escindido del partido oficial), determinan tomar posesión en forma real y material de “este palacio de nuestro gobernador, para el servicio exclusivo de la organización educativa y cultural de los campesinos, artesanos, pescadores, profesionistas y comerciantes organizados de nuestra etnia”.

El 14 de febrero de 1989, decenas de pobladores nativos de tierras púrépechas, tomaron posesión del inmueble, diciendo: “Esta es nuestra Casa”. Posteriormente, en el mes de marzo del mismo año, más de treinta comunidades de la Región Lacustre, de la Ciénega de Zacapu, además de pobladores de la Meseta y de la Costa de nuestro Estado, maestros y otros profesionistas, así como artesanos y vecinos de Pátzcuaro, acudimos ofreciendo muestras de apoyo y simpatía hacia quienes decidieron recuperar pacíficamente el histórico edificio y legado patrimonial. Hoy, a 30 años de posesión continua, los actuales moradores del Palacio festejan su presencia en el lugar.

Don Antonio Huitziméngari “el del semblante de perro”, según se traduce) fue hijo de don Francisco Tzintzincha o Caltzontzin, último emperador del imperio purhé. “ Por mandato de su padrino de bautismo, el Virrey don Antonio de Mendoza, ingresó al Colegio de San Nicolás que había fundado en la ciudad de Pátzcuaro el señor don Vasco de Quiroga y después pasó a las aulas de la Universidad de Tiripetío, que regía el sabio Fray Alonso de la Veracruz, donde logró distinguirse por sus adelantos y por su gran saber, pues fue hombre versado en las lenguas hebrea, griega, latina, castellana y michoacanense”, menciona el maestro Antonio Salas León en su libro ‘Pátzcuaro: Cosas de Antaño y Ogaño’.

Antes de los festejos que se llevan a efecto cada año en el Antiguo Palacio de Huitziméngari y en la Plaza Vasco de Quiroga, los representantes de las comunidades indígenas de la región, junto a maestros y maestras de Educación Indígena, realizan un acto cívico y ceremonial frente al monumento de Tangaxoán II, conmemorando su sacrificio a manos de Nuño de Guzmán, un 14 de febrero de 1530: hace 589 años.

En la reseña histórica que las maestras Hilda Morales (recién fallecida) y Oliva Dimas hicieron en el año 2000, narran:

“A principios de enero de 1530 entró Nuño de Guzmán a la ciudad de Tzintzúntzan; cuatro días después privó de la libertad personal a Tanaxuan, bajo los cargos de interrumpir el funcionamiento de las encomiendas en Michoacán, no proporcionar suficientes víveres a Guzmán y a su ejército, de robar los tributos y de haber hecho un pacto con los de Kuinao para derrocar a los castellanos y de poseer mucho oro, negándose a entregarlo a Nuño de Guzmán.

Se convirtió en cárcel un cuarto ubicado detrás de la sala principal de la habitación de Guzmán en Tzintzúntzan, con una puerta de entrada a la habitación de Godoy. El invasor adiestró a una mujer llamada Pilar, a Godoy y a Juan Pascual, español que conocía bien el idioma p’orhé, para juntos, sacar más oro a Tanaxuan.

En los primeros días del mes de febrero de 1530, se dirigió Guzmán con rumbo al Norte de Michoacán, sin despegarse de Tanaxuan, a quien lo conducía en una hamaca y con grillos en los pies. Cuando llegó al río Grande de Chikoue, Chikoutongo, volvió a abrir el proceso en contra de Tanaxuan por los mismos cargos hechos en la ciudad de Tzintzúntzan. Los testigos Kuarate y Guanax sostuvieron que había enviado a Kuinao un ejército al mando de Sipake con el propósito de embarcar a los cristianos. Para que confesaran este hecho, fueron sometidos a tormento de agudos cordeles, agua y fuego en los dedos de los pies, tanto Tanaxuan, como Kuinierangari (Pedro), Alonso Suárez y Avalos.

Después, Nuño dicta sentencia con fecha 14 de febrero, aplicando pena de muerte a Tanaxuan: que sea sacado de la prisión en que está, con pies y manos atados, con una soga en la garganta; sea metido en un serón y atado a la cola de un rocín, sea arrastrado en derredor del lugar donde está asentado el real y sea llevado junto al paso de este río y ahí sea atado a un madero y quemado en vivas llamas hasta ser convertido en polvos.”

El fallo cruel e injusto fue ejecutado luego y cumplido al pie de la letra. El gran Kaltsontsi que defendió a su pueblo en contra de los voraces encomenderos, encontró terrible muerte, siendo sus cenizas arrojadas al río Konguripo, un 14 de febrero de 1530.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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