Miércoles 30 de Enero de 2019
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No es necesario utilizar una bola de cristal para adivinar el futuro, este artilugio, cuyo origen se puede rastrear hasta los druidas, en la llamada “edad de hierro”, sólo sirve como adorno o como arma, si uno la arroja con suficiente fuerza. Lo que en realidad sirve, no exactamente para adivinar el futuro sino para preverlo de una manera razonable, es disponer de suficiente información sólida y obviamente poseer la suficiente inteligencia para llegar conclusiones lógicas con los datos que tenemos. No hay ningún misterio en ello.

Repasando escritos viejos, encontré un artículo de mi autoría, del ya no muy cercano 2006, donde, sin necesidad de bola de cristal hago una serie de consideraciones que, con mucha tristeza, veo que se han cumplido, casi al pie de la letra. Transcribo parte de ese artículo, que lamentablemente mantiene su vigencia

Luis Echeverría Álvarez
Luis Echeverría Álvarez
(Foto: TAVO)

“¿Usted, estimado lector, es menor de 40 años? Si es así, felicidades, tuvo la fortuna de no haber padecido uno de los peores sexenios que se hayan registrado en la historia del México contemporáneo. ¿A cuál sexenio me refiero?, pues ni más ni menos que al desastroso periodo del licenciado Luis Echeverría Álvarez, de triste memoria para los que lo recordamos.

Taimado político de la más pura y rancia estirpe priista, gran maestro del populismo, demagogo químicamente puro y sublime exponente de la prepotencia, la intolerancia y la majadería como no lo ha visto ningún mexicano vivo en la actualidad. Pero, ¡aguas!, ni crea usted, apreciado lector, que se encuentra a salvo de sufrir una situación semejante.

No, para nada, al contrario, pues estamos en gran riesgo de reeditar un sexenio similar, pero ahora a escala astronómica, dadas las características de una sociedad tecnológica y económicamente globalizada como es la nuestra. ¿Ha escuchado con atención los discursos del señor Andrés Manuel?, y no me refiero únicamente a los actuales de campaña, plagados de compromisos más fáciles de prometer que de cumplir, sino a sus discursos, proclamas, opiniones y conferencias de los últimos años. ¿Ha puesto atención a los discursos y comentarios de sus incondicionales sirvientes y voceros integrantes de su primer círculo? Pues para los que padecimos el sexenio de Echeverría la semejanza es franca y definitivamente ominosa. Escucho a AMLO, a Yáñez, Noroña, Batres, Ortega, Arreola, etcétera, y sus agresivos discursos y encendidas proclamas me remiten instantáneamente a Augusto Gómez Villanueva, Porfirio Muñoz Ledo, Fausto Zapata Loredo, Horacio Flores de la Peña y otros capitostes del echeverrismo. Los mismos discursos llenos de soberbia, intolerancia y agresividad contra los «riquillos» y los «emisarios del pasado» (no eran pirruris entonces). Discursos destinados a un costoso e inútil enfrentamiento con la iniciativa privada, situación que vivió un episodio crítico con el asesinato de Eugenio Garza Sada, figura mayor del llamado Grupo Monterrey, antagonistas decididos de Echeverría. Luis Echeverría, el político de las guayaberas, (igual que AMLO) el político «nacionalista» con el costosísimo (para los mexicanos) delirio de obtener el Premio Nobel de la Paz. El político que no escuchaba razones.

El político promotor de un ruinoso estatismo que lesionó gravemente la economía del país. El político del discurso hipócrita porque al amparo de su pretendido apoyo a los más necesitados se labraron impresionantes fortunas, floreció la corrupción, los grupos de choque y los invasores.

Evidentemente las semejanzas de LEA con AMLO están en la visión de la política y la economía, en la intolerancia y agresividad contra los que no piensan como ellos (chachalacas). No se trata de semejanza en detalles accesorios (guayaberas), temporarios o coyunturales, eso es absurdo. Con él se reeditará, sólo que ahora más exacerbada, la polarización pobres vs ricos y de paso contra la clase media de una vez.

Escenario probable con AMLO, aparte de una sociedad dividida y enfrentada: Bronca inmediata con el Banco de México (Ortiz) = Fuga de capitales = Caída de la inversión = Caída de los ingresos del Estado = Inflación progresiva = Devaluación y ahora sí... qué error de diciembre ni qué nada, el dólar se va a las nubes. Pero la parte más tenebrosa de este escenario la refiere alguien que conoce a El Peje de primera mano, Ricardo Pascoe, que vaticina: «El problema no es que AMLO llegue al poder, sino que no lo va a dejar». Conclusión: Si son pobres, no hay problema, seguirán pobres, si son millonarios, podrán sobrevivir más o menos, pero si son clase media... ni modo, se les avisó y no entendieron.

Sinceramente lo último que deseo es decirles: «Se los dije».

Sobre el autor
"Medico, Especialidad en Cirugia General, aficionado a la lectura y apartidista. Crítico de la incompetencia, la demagogia y el populismo".
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