Estrellita M. Fuentes Nava
Apuntes sobre el PEF 2019
Viernes 28 de Diciembre de 2018
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Cinco billones ochocientos treinta y ocho mil millones de pesos es el presupuesto que se aprobó en días reciente por parte del Congreso Federal para el gasto público durante el ejercicio 2019, y ya una vez que podemos conocer las cifras que se destinarán a cada sector, se antoja un ejercicio de análisis que a continuación me permito compartir a la luz de un ejercicio personal tipo FODA.

Congreso de la Federación
Congreso de la Federación
(Foto: Cuartoscuro)

Dentro del rubro de las fortalezas, me parece que se trata de un presupuesto austero que apela a economizar en el gasto público, lo cual fue en gran parte la demanda ciudadana reflejada en las pasadas elecciones. Coloca un acento importante en el bienestar social al incrementar de manera importante el presupuesto en educación (de 280 mil millones a 308 mil millones de pesos), salud, trabajo (de 4,036 millones a 43,269 millones de pesos dadas las becas para el empleo de los jóvenes) y en la Secretaría del Bienestar (de 106 mil 645 millones de pesos a 150,606 millones).

Pareciera que es un proyecto en el que sientan las bases haciendo una apuesta hacia lo social, para de ahí construir otras agendas en los próximos años. Se cumple además con los compromisos de campaña.

En materia económica apela a impulsar aún más la vocación natural del país como lo es el turismo, y a abrir una veta estratégica a explorar como lo es el sector energético.

Las aportaciones a los estados y municipios se ven beneficiadas a través de un incremento del 7% a través del Ramo 33. Asimismo, se incrementa el presupuesto en el INEGI lo cual habla de la seriedad para fortalecer la métrica en la que se basarán las políticas públicas en la administración y parece preparar el camino para fortalecer a este instituto que tendrá como encomiendas clave sacar adelante el Censo Económico 2019 y el Censo Nacional de Población y Vivienda 2020.

En lo que refiere a las oportunidades, los recortes que se aplicarán en la mayoría de las dependencias, las obligará a eficientar definitivamente sus procesos y a orientarse más a resultados. De hecho se dice que si tan solo el cinco por ciento del presupuesto realmente se aplicara, reflejaría una gran diferencia entre la población.

Es una medida dolorosa para la burocracia, pero también lo es la pobreza y es momento de solidarizarse. Nos encontramos en un momento crucial para adelgazar el aparato burocrático y volverlo más eficiente, aunado al hecho de que el gobierno no puede seguir siendo el gran empleador.

En lo que toca a las debilidades, me parece que los recortes en el Poder Judicial (a pesar de que los ministros mantendrán su sueldo), el INE (sobre lo cual se dice que en México tenemos de las elecciones más caras con respecto a otros países), CNDH, INAI, podrían poner en riesgo su funcionalidad, además de que seguirán siendo tema de crítica, ya que parece reforzar la idea de que a este gobierno no le gustan los contrapesos o los organismos independientes.

Por otra parte, el incremento en el presupuesto de la SEDENA suena a un contrasentido al discurso que se venía manejando durante el tiempo de campaña.

En la práctica diaria, se observa una gran falta de planeación para el despido de los funcionarios de confianza, a quienes no se les puede omitir sus derechos laborales y representan un capital de conocimiento que le costó al país. Tal es el caso de las denuncias por despidos injustificados de los que han sido objeto los trabajadores de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

En lo que refiere a las amenazas, un factor importante es la manera como se aplicarán los programas sociales, ya que como usualmente ha ocurrido desde años atrás, se puede incurrir en el riesgo de repetir el padrón del clientelismo electoral. Habrá que demostrar con creces que la apuesta hacia lo social dará resultados y que éstos sean visibles y casi inmediatos.

En ese mismo renglón, la reducción en materia del campo puede convertirse en una oportunidad para grupos y organizaciones afines al tema tanto para enriquecer su discurso como para detonar movilizaciones permanentes de protesta.

Si el bienestar en materia de salud, educación y alimentación no alcanza a cubrir a la población del campo, puede ser capitalizado por otros partidos políticos. Asimismo, con esta reducción podría vulnerarse el ingreso económico por las exportaciones agrícolas gracias a las cuales México ocupa varios primeros lugares en el ranking mundial.

Una severa amenaza también lo es la reducción al presupuesto destinado en materia ambiental y de cambio climático: de los 37 mil 580 millones de pesos destinados en el 2018 pasarán a 31,020 millones, los cuales ojalá que se apliquen en su totalidad a la preservación del medio ambiente, y principalmente de nuestra agua, toda vez que de seguir con la loca carrera por extinguir estos recursos vitales, se dispararán otros gastos mayores en el corto y largo plazo en materia de salud y seguridad nacional.

Por último, el incremento tan exponencial que se aplicará en el ramo de la educación puede ser una fortaleza para los sindicatos, orillando al gobierno a seguir siendo rehén de sus intereses particulares.

No me cabe la menor duda de que un presupuesto bien aplicado hará efectiva la acción pública gubernamental, y que el compromiso del combate a la corrupción será estratégico para que este dinero nos alcance a todos, sin soslayar el hecho de que los ciudadanos tenemos que estar atentos y monitorear la aplicación correcta de este recurso en el que contribuimos.

En algún momento el dinero público tenía que implosionar, y eso nos tocó ahora, pero ello no significa que sea en detrimento de quienes menos tienen, sino al contrario, debe garantizar el piso parejo para que México pueda crecer realmente desde la base, y no mediante una burbuja ilusoria en la que sólo unos cuantos ganan y otros hacen como que hacen.

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