Gerardo A. Herrera Pérez
Debatamos Michoacán
Pensar en los derechos humanos
Miércoles 12 de Diciembre de 2018
A- A A+

A siete décadas de aprobada la Declaración Universal de los Derechos Humanos (10 de diciembre de 1948) y uno de los libros más conocido en el mundo, nos preguntamos los que hemos estado de manera permanente trabajando el tema de los derechos y las libertades, si este documento sustantivo universal representa las aspiraciones de más de siete mil quinientos millones de humanos.

Declaración de los Derechos Humanos
Declaración de los Derechos Humanos
(Foto: Especial)

Pienso que la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es el piso mínimo, de un derecho universal positivo para la humanidad; los principios de la Declaración son de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad, pero no han llegado a la población por muchas causas, entre ellas y en lo que toca a nuestro país, el auge del narcotráfico y el crimen organizado, así como la descomposición del tejido social y el debilitamiento del Estado de derecho, han puesto en crisis, no la validez, pero sí la vigencia de conceptos y valores que dan sentido a un Estado democrático y social sustentado en la vigencia de las leyes y hoy también del cumplimiento de sus tratados internacionales.

Aunque debo de reconocer que también el modelo económico, el mercado y la globalización en mucho no ayudan a respetar las cuestiones de la diversidad cultural, social y sexual, y en ello, las ideologías presionan con actos de discriminación y exclusión a amplios sectores sociales.

El contexto en que se formuló la declaración es el resultado, entre otros temas, de la toma de conciencia de las dolorosas lecciones aprendidas tras los horrores y la devastación de los cuerpos y del medio ambiente, durante la Segunda Guerra Mundial; aquellos momentos orientaron el diseño de los marcos normativos y de las políticas públicas, y como exprese, al parecer no han sido aún superadas, continua vigente la violación a los derechos humanos; baste observar la violencia de género, los feminicidios, los crímenes de odio contra la diversidad sexual, amplios sectores viviendo en pobreza extrema y otras violaciones como la tortura, la desaparición forzada, etc.

A 70 años, los más de siete mil quinientos millones de humanos, requieren con urgencia hacer una minuciosa revisión de la Declaración para dar contenido, en las circunstancias actuales, a valores tales como la libertad, la justicia y la paz, el libre desarrollo de la personalidad, la no discriminación, todos ellos, elementos necesarios e indispensables para el reconocimiento de la dignidad de toda persona y del respeto irrestricto a sus derechos inherentes e inalienables; desde una perspectiva realista, no se requiere transformar el documento de la Declaración, es solo aplicar y hacer vigente su contenido, tal vez lo más difícil.

Hoy, países violadores de los derechos humanos como: Estados Unidos, China, Rusia, Siria, Irak, entre otros Cuba, incluso México, quien tiene deudas pendientes con temas como Ayotzinapa, Tlatlaya, y un largo etcétera, plantean en sus discursos negación, desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos.

Ante ello, plantear que es importante seguir trabajando para lograr el pleno respeto y reconocimiento de los derechos humanos y libertades continuará siendo una asignatura pendiente en México y en el mundo; el actual gobierno constitucional, tiene un gran compromiso con los Derechos Humanos y las libertades; en diversas ocasiones he escuchado el pronunciamiento del Presidente López Obrador quien ha planteado el respeto a los derechos humanos, y en ello, se requiere que los servidores públicos y los poderes públicos cumplan con el mandato constitucional.

Considero que más allá de la conmemoración, que para mí es un compromiso moral hablar de ello, por ser el primer recipiendario de la Presea al Mérito Michoacán de los Derechos Humanos en 2012, es indispensable hacer un repaso crítico de lo que ha brindado la Declaración para promover los valores de la igualdad y la libertad y, sobre todo, de los avances y retrocesos que ha tenido en su cumplimiento y de todo aquello que continua siendo letra muerta para muchos países miembros de la ONU.

Personalmente o bien colectivamente, un número muy importante de personas ven trasgredidos sus derechos de forma sistemática; en este mismo momento que escribo el artículo, cientos de mujeres están siendo violentadas en su dignidad humana, así como personas con discapacidad, adultos mayores, indígenas, personas de talla baja, afrodescendientes, personas en condición de calle, niños y niñas huérfanos, desplazados, minorías religiosas, minorías sexuales, y un largo etcétera; muchas de estas personas encuentran permanentemente la desigualdad, la inequidad, la exclusión y la injusticia.

A 70 años, ¿la Declaración Universal de los Derechos Humanos es letra muerta?, yo respondo la pregunta expresando que no, que no lo es, la Declaración Universal conserva intacta la fuerza moral y jurídica con la que fue aprobada en 1948. Es la fuente jurídico-filosófica de la que emanan todos los demás documentos jurídicos internacionales de protección a los derechos de las personas.

Tal vez uno de los temas que sobre derechos humanos y libertades siempre me genera seguimiento, son los derechos sexuales y reproductivos; este tema ha sido planteado como una Observación General No. 22 del Consejo Económico y Social del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, en el cual se señala la importancia de que se atiendan las obligaciones por parte de los Estados miembros de la ONU en materia de salud sexual y reproductiva.

En este sentido, la salud sexual y reproductiva, no es un mismo concepto, la salud sexual es el estado de bienestar físico, emocional, mental y social en relación con la sexualidad, en tanto que la salud reproductiva es la capacidad de reproducirse y la libertad de adoptar decisiones informadas, libres y responsables, todo ello, en el marco de la Organización Mundial de la Salud.

Para lograr estos avances se requiere que el Sistema de Salud y su personal institucional no discrimine, este preparado y capacitado, que existan condiciones de igualdad entre hombres y mujeres, pero que también no se generen violencias.

Adicionalmente se requiere que los Estados miembros de la ONU actúen con disponibilidad de los servicios médicos, con personal capacitado, que exista accesibilidad física y geográfica, que la atención sea gratuita y de calidad, que la información que se proporcione se tenga en la lenguas originarias, y la lengua oficial, incluso en braille.

Algunas reflexiones, que aquí comparto, fueron vertidas en mi participación dentro del Congreso Nacional: “Justiciabilidad de los Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales a través del litigio estratégico”, en su observación No. 22, de 2016. Agradezco la participación y acompañamiento de Omar Becerra y Julio Cesar Bermúdez.

Sobre el autor
Comentarios